jueves, 19 de noviembre de 2015

[Con tan sólo un paso] Capítulo 14


14

Cedric


 

«La Cita 1»

 

 

Los ojos sumergían en los miles de rostros que pasaban al frente suyo. El itinerario para lograr que su cita fuera perfecta estaba lejos de estar planeado. Era paradójico que esta fuera una de las cosas que no quisiera controlar. Ya fuera que Perséfone haya tenido un arrebato para contactarlo, o que simplemente fuera la sola curiosidad de estar con un fan, no quería juzgar lo que fuera a pasar allí.

 

Incluso ahora ya tenía el celular de Perséfone ¿Qué se supone que iba a hacer con él? No tenía idea. En ese momento se sentía traicionado por la entidad superior que no le dejó seguir con su ideal de permanecer como un fan más. Quería olvidarse de ese amor platónico, pero el verlo no iba a ayudar en nada.

 

No se había percatado cuándo salió de casa, si lo hizo muy temprano o muy tarde; ya estaba parado el lugar y sin nada mejor que hacer que ver a la gente pasar. En ese momento se sentía como si estuviera haciendo un curso intensivo de amoríos. En primera instancia, estuvo Elliot que sólo lo pudo dejar con un sentimiento doloroso pero que debido a su amistad pudo sobrellevar; en segundo lugar, estaba Perséfone y probablemente las aventuras que había tenido para llegar a este punto se multiplicaran.

 

Sacó el celular para revisar la hora o mirar si tenía alguna llamada por parte de él, pero los nervios siendo artífices de la torpeza, le hicieron caer el celular del bolsillo. Recogiéndolo con desespero, se quedó revisando si no había quedado ningún rasguño o se había roto algo, y justo en ese momento sintió una mano en su hombro. Se volteó con una velocidad suficiente, como si fuera la muerte misma quien hubiese llegado.

 

— Lamento la demora. 

 

Nunca se había dado cuenta, de todas las veces que había estado con Perséfone, que la voz que tenía era muy suave. No en el sentido que fuera afeminada, sino que llegaba a unas frecuencias que relajaban de solo oírle. Estaba perfectamente modulada, la impresión al escucharlo le recorrió desde el cuello hasta la punta de los dedos. Se demoró unos momentos intentándole contestar,

 

— Está bien, no esperé mucho.

 

Le sonrió pero no fue abiertamente como si fuera un niño, sino una sonrisa pequeña.  No estaba molesto o algo por el estilo, sino que simplemente se sentía muy presionado por no dar una impresión equivocada. Atosigarlo con su emoción o demostrarse demasiado atento como si fuera una mujer, ese tipo de cosas sabía que podría molestarle, así que lo evitaría.

 

— No había pensado en nada cuando te llamé, así que no sé a dónde ir ¿qué hacemos?

 

Cuando miró a Perséfone diciendo esa frase, lo notó algo nervioso. Esa reacción no le dijo nada por sí misma, no quería ser obtuso, no le interesaba llenarse la cabeza de novelas creyendo que esas manifestaciones de emoción estaban apuntando hacia un lugar favorable.

 

— ¿Quieres algo de comer? Podemos ir al centro comercial al tercer piso.

— Está bien, después si no te parece mal, podemos ir a tomarnos unas cervezas.

 

Cedric asintió y apuntó con su mirada hacia el centro comercial y los dos empezaron a caminar en silencio. No era capaz de mirarlo aunque se sentía extremadamente tentado a hacerlo. Como si lo hubiesen practicado, el ritmo de sus pasos era el mismo. Se sentía la incomodidad entre los dos, pero no era insoportable. Caminaron hasta el fondo donde estaban las escaleras eléctricas e inesperadamente había mucha gente apretujándose por subir. Perséfone en ese mismo instante hizo una mueca de fastidio y tomó a Cedric por el brazo y lo arrastró fuera de la gente.

 

— Mejor por las escaleras, detesto las multitudes.

 

Cedric no mostró resistencia y se dejó llevar hasta allí. Perséfone comenzó a subir primero y él siguió después de unos pasos. No lo había hecho a propósito, pero se sintió mal cuando al alzar la mirada vio la buena vista que le había dado. Hasta ese momento se percató de las ropas de Perséfone que si bien eran simples, en él daban un contraste equilibrado. Los jeans grises que armaban una horma perfecta a la altura de sus caderas, las piernas largas se veían más esbeltas cubiertas con esta prenda; una chaqueta negra con telas combinadas entre algodón e impermeable; y unas botas negras estilo militar.

 

Era simple y a la vez le hizo desear abrazar esas piernas y hundir sus dientes en las caderas. Corrigió el camino de sus pensamientos cuando llegaron al segundo piso y perdió los pocos beneficios que había tenido durante unos cuantos escalones. No había sido preso de la lujuria cuando estaba pensado en Perséfone, o no una muy evidente. Claro que le gustaba físicamente, pero eso no repercutía en que quisiera imponerse sobre él sexualmente.

 

— ¿Tienes algún lugar en mente para comer?

— Mmh… bueno, no sé qué te gusta, tal vez ir a comer pasta o algo así.

 

No meditó esas palabras, pero sabía que a Perséfone le gustaba la pasta, así que quería darle gusto. Efectivamente los ojos grises de Perséfone se llenaron de un brillo que lo hizo ser más hermosos durante unos segundos. Se agarró un mechón de su cabello y comenzó a juguetear con él. Eso lo hizo verse más adorable, le dieron ganas de abrazarlo, pero se abstuvo y esperó la respuesta.

 

— Me gusta mucho la pasta… vamos.

 

Los dos emprendieron camino a un restaurante italiano que estaba al fondo de la plazoleta de comidas. De camino hacia allá, se notó que los dos se habían relajado. Ese pequeño detalle de saber que le gustaba la pasta, quizás les hizo sentir que no eran desconocidos. 

 

Ocuparon la mesa más cercana al local y Cedric se quedó sentado cuidando puesto. Le indicó a Perséfone que pidiera lo mismo que fuera a comer y le dio el dinero para pagar por los dos. No pensó que fuera un gesto extremadamente galante, pero así pareció porque Perséfone no le quiso recibir el dinero.

 

— Yo fui quien llamó, así que yo pago.

 

No dijo más y se dirigió rápidamente a hacer cola para hacer el pedido. Verlo mirar el tablón de comidas y saber que iba a pedir de por los dos, le hizo pensar que quizá estaba en una película o algo por el estilo. Estaba disfrutándolo, no se habían dicho nada, pero era suficiente con esas acciones mínimas.

Se quedó meditando que después de ello irían a tomar unas cervezas. Según en el foro a Perséfone no le gusta beber alcohol, se planteó cambiar esa información cuando llegaran. Sabía que con la ayuda del licor, iban a lograr hablar más fluidamente ¿Pero sobre qué? ¿Qué quería preguntarle?

 

Los ojos se quedaron pendientes de la figura de Perséfone y su corazón empezó a latir fuertemente. Quizás fue un efecto retardado de la impresión de hallarse en ese instante en una cita con ese hombre. El rostro se enrojeció y la boca quedó árida. Le dieron ganas de salir corriendo y seguir siendo un incógnito para él,  pero ya era demasiado tarde.

 

Perséfone volvía con el disco con su turno y que vibraría en el momento que estuviera lista su orden. El cabello se balanceada juguetonamente y se vio tentado a acariciarlo. Es que todo lo que hacía lo tentada,  verlo comportarse normalmente creaba una nueva imagen; esta era que Perséfone no sólo era sensual en la tarima sino que era innato en él.

 

— Dicen que se demorará un poco, al parecen hoy todo el mundo tiene ganas de pasta.

 

Los gestos de Perséfone estaban mucho más relajados que antes de irse. Le quitó la súbita ansiedad que lo acogió hace unos momentos, la cita estaba siendo algo agradable no tenía por qué agregarle nada a ello

 

 Será esperar.

 

La sonrisa que siguió después de ello fue una bastante expresiva. Hasta ese entonces no había mirado fijamente a Perséfone, pero cuando se encontraron sus ojos recibió un mensaje tan claro que no podía malinterpretarse: «tengo nervios». Sus ojos grises estaban muy brillantes, sus mejillas estaban de color carmesí, constantemente frotaba sus manos en los bolsillos como queriéndolas secar. «Está igual que yo»,  pensó y ser consciente a ello le devolvió los nervios. La acción que siguió fue tan impredecible como la cita misma; en vez de sentarse al frente suyo,  tomó la decisión de sentarse su lado. Quedó petrificado.

 

 Creo que así podemos hablar mejor.

 Es verdad,  hay mucho ruido. 

 

 La respuesta fue muy rápida, los dos ya tenían claro que estaban muy conscientes de la presencia del otro. Inconscientemente se movió unos centímetros para no sentir el calor en su hombro y torció el rostro para el lado opuesto a Perséfone. 

 

— Lamento no haber llamado antes,  sé que fue descortés de mi parte. 

— No te disculpes,  está bien,  sé que eres una persona muy ocupada. No estoy molesto ni nada. 

— Pero yo sí estoy molesto conmigo mismo.

 

Cedric lo observó con discreción pero el cabello ocultaba sus ojos.  No quería verlo así,  no era necesario que estuviera tan preocupado por ello. 

 

— Me alegro mucho que ya hayan sacado la nueva canción y lo del concierto, cuenta con que estaré allí. 

— Gracias... Por apoyarnos siempre. 

— Es un placer mio, después de todo me gusta mucho la banda.

— ...

 

Era la frase de cajón de siempre, pero se sintió como si hubiese cometido un gran error.  Estuvo tentado a pedir disculpas pero sin saber qué hizo mal, se sentiría ridículo. El silencio siguió de forma natural,  Cedric miró a una mesa que estaba al otro lado del pasillo y se percató de una pareja.  La chica estaba riendo muy contenta, el que sería su novio le robó un beso en la mejilla y siguieron riendo. Coqueteaban como cualquier pareja normal, pero la envidia que le dio,  ya no lo era.  No sé qué impresión le dio a Perséfone por mirar a la pareja,  pero al parecer fue una de rechazo porque se paró y se sentó al frente suyo. 

 

— ¿Estás aburrido? Perdón, tan solo que no sé qué decir,  debe ser más divertido para ti estar con tu novia. 

— Espera... ¿Qué?

 

Cedric no se esperaba ese repentino bajón en la tranquila cita.  Él simplemente estaba nervioso ¿qué le hizo pensar que estaba aburrido? 

 

— Yo tampoco sé qué decir,  no es que esté aburrido...

— Ni siquiera te esfuerzas por intentarlo. 

— Estoy nervioso ¿vale?

 

 No quiso sonar brusco,  sin embargo hizo que Perséfone se encogiera en su puesto. 

 

— Perdón por no ser tu novia y hacerte más cómoda la cita...

 

 Después de esa oración Perséfone y Cedric se quedaron callados, entendiendo que esa frase estaba fuera de lugar.  Cedric no sabía si eso tenía que corregirlo así que solo desmintió su relación sentimental. 

 

— No tengo novia y sabes que estoy muy contento de estar aquí ¿Hice algo mal?

— No... Lo siento...  yo también estoy nervioso. 

— ¿Por qué?

— Supongo que por la misma razón que tú. 

 

Cedric lo sintió como una invitación y estiró su mano para tomar la de Perséfone entre las suyas.  Justo cuando se iba a acercar, el disco vibró anunciando que la comida estaba lista. Retiró la mano rápidamente y se quedó rígido mirando el disco que se movía en la mesa. 

 

 — Yo voy por la comida.

 

Cedric se levantó y tomó el disco.  No vio el rostro de su acompañante y es que no quería hacerlo,  quería irse ya.  Todo se estaba poniendo muy raro, casi podía jurar que estaba coqueteando con él y eso era imposible así que se estaba volviendo loco tal vez. 

 

Llegó al mostrador, tomó la bandeja con dos pastas a la boloñesa y de repente se le quitó el apetito. No era que le disgustada en especial esa comida, simplemente comprendió que por culpa de ese plato iba a estar más tiempo comportándose extraño y haciéndose ideas egoístas. 

 

 Llegó a la mesa y colocó los platos junto con las gaseosas. Se apuró a devolver la bandeja y se negó a mirarle de nuevo. Estaba a punto de coquetearle sin tapujos alguno ¿Dónde estaba su vergüenza?  Detestaba cuando la vida se encargaba de contradecir su voluntad.

 

— Gracias por la comida Persé… Thom.

— Está bien, si quieres llamarme Perséfone.

 

Se sentó frente a su plato y lo tocó con el tenedor varias veces, pero jugando con el alimento, mas no demostrando intención de comer. Era paradójico que quisiera irse de allí, pero no estuviera comiendo desesperadamente.

 

— No te gusta la pasta.

— No es eso, me gusta… pero no puedo dejar de pensar algo.

— ¿En qué?

— ¿Por qué? ¿Por qué me llamaste?

 

Perséfone dejó el tenedor entre el plato y se retiró de la mesa. Antes de que pudiera avanzar mucho, Cedric le tomó de la mano y lo jaló contra sí.

 

— ¡Suéltame!

— ¿Qué demonios pasa contigo?

 

Se desesperó tanto que no pudo modularse y lo estrujó junto con sus palabras cargadas de ira. Lo arrastró de nuevo hasta la mesa y lo sentó. Perséfone se resistió lo que pudo, pero inesperadamente Cedric era más fuerte de lo que creía.

 

— Estoy intentando hablar contigo y sales corriendo.

— Ya me estás diciendo que mejor hubiese sido no llamar.

— ¿Te estás escuchando? Yo nunca he dicho eso.  Mira, es normal que esté confundido. No sé qué es lo que te motivo a querer… esto ¿Entiendes? No estoy juzgando nada, sólo quiero saber.

—…Yo tampoco sé para qué te llamé.

—…Comamos, está bien, no preguntaré más.

 

Perséfone tomando la palabra, se llenó la boca de pasta y pasaba bocado rápidamente casi podía afirmarse que ni estaba masticando. Él lo imitó pero regulando su velocidad. Respiró profundo y se dejó llevar por el silencio. Ya no había nada qué hacer, Perséfone era más impredecible que el clima.  Si decía algo agradable lo molestaba, si trataba de no molestarlo mostrándose demasiado intenso, también se molestaba; si intentaba mostrarse amable colaborando a pagar la cuenta, también molesto; en síntesis, todo lo molestaba.

 

Lo único que le salió bien fue decir que comieran pasta, que ahora sabía horrible por la pelea sin justificación aparente ¿Qué tenía de malo preguntar? Era normal que uno se pregunte qué es lo que quiere alguien que llama a las cuatro de la mañana.

 

Terminado el almuerzo, Perséfone se levantó con su plato y se fue a botarlo. Cedric aún no acaba pero presentía que después de botar el plato seguiría derecho acabando con su cita sin su permiso. Efectivamente, así sucedió, en parte pensó que era lo mejor, pero era evidente que iba a ir tras él. Dejó su pasta a medio acabar y salió corriendo.

 

Esta vez no se atrevió a detenerlo, caminó unos pasos tras de él y se quedó expectante a la siguiente reacción explosiva de ese hombre. Ya sabía que se había percatado de él porque había aumentado el paso tratando de perderlo, cosa que no iba a lograr a menos que corriera más rápido que un leopardo.

 

Cuando el correteó terminó, Perséfone se rindió en intentar perderlo y se volteó. La mirada era aguda y la respiración entrecortada por la actividad realizada. Cedric se recostó contra una de las barandas del pasillo y se quedó mirando a Perséfone con el rabillo del ojo. Luego la risa no pudo ser contenida y carcajeó tan duro como pudo.

— Esto es demasiado estúpido.

 

Perséfone estaba sin una postura definida ahora, no sabía si estar molesto o reírse también. Optó por quedarse serio mirando hacia otro lado para que no le contagiara la risa. Cedric ya no estaba para nada molesto, así que simplemente le pasó el brazo por los hombros y lo arrastró para que se pusieran a andar de nuevo.

 

— Vamos a por esas cervezas entonces.

 

En esa ocasión si se tomó la molestia de darle la atención que se suponía que estaba esperando. Lo miró fijamente al rostro y le sonrió abiertamente. La reacción fue mínima por parte de Perséfone, pero la relajación fue evidente. Estaban en la segunda oportunidad de su cita.