Mostrando entradas con la etiqueta dibujo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dibujo. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de marzo de 2016

Con tan solo un paso - Capítulo 22


22

Perséfone

«Yo quiero…»

No le alcanzaron los insultos para Damien, podría ser él el adulto pero perdió el control con esa visita inesperada de Cedric. Habían compartido unos momentos muy significativos gracias a Damien. Le gustaría decir que todo lo hacía sentir de maravilla, pero obviamente no se estaba sintiendo pleno.
En esta ocasión no tenía que ver con su típica pregunta existencial sobre qué sentía por Cedric, sino por una nueva sensación que lo empezó a invadir. Era la ansiedad, ese ardor en el pecho que no se parecía en nada a las mariposas o los nervios. Desde que en su cabeza se volvía a repetir la nueva cita implícita entre los dos, todos los huesos del cuerpo se le desencajaban.
No quería darle más vueltas al asunto, tendía a ser muy monotemático cuando se lo proponía y hasta él mismo estaba harto del tema. Para su fortuna o su desgracia, comenzaba la primera semana del calendario dado por Tiphany. En esa semana iban a hacerse la edición de las canciones y tenían un horario de 6 de la mañana a 12 de la noche.
Había hablado con su jefe y este no se había mostrado muy contento con su semirenuncia. Thom no tuvo el valor de alejarse del trabajo realmente, porque en su mente seguía estado desconfiado de que su carrera como músico llegara a más. Siempre esperaba poder tener el plan B.
Habían llegado al acuerdo de que se iba a tomar un mes de «vacaciones» y luego volvería a trabajar en el mismo horario de siempre. De hecho, tenía pendiente hablar con Tiphany de su horario. Entre tantas cosas bonitas, seguía siendo realista.
Estaba preparado para comenzar con su nueva etapa, si iba a pasar algo, este era el momento.

***

Lo primero que probó esa mañana fue un café muy amargo. Su lengua se encogió evitando tener que saborear el líquido casi negro que había mandado traer. Como decía su mamá: «si quieres estar despierto, nada mejor que un baño de agua fría y un café amargo como el infierno»
Efectivamente, los ojos se le saltaron de las cuencas apenas terminó con la taza y pudo concentrarse en la figura femenina y en sus compañeros de banda. Estaban reunidos en su primer día de edición. La disquera tenía dos estudios de grabación para ir trabajando simultáneamente.
En uno de ellos estaba trabajando Damien con la remasterización de las canciones, mientras que en el otro estaban trabajando la grabación de los demos que habían sido aprobados. Realmente no iba a llevar tanto tiempo grabar las canciones por lo que llegaron al acuerdo que mientras Damien grababa sus partes en las nuevas canciones, él iba a estar apoyando la remasterización y así se iban a estar cambiando. Se fue toda la mañana en la grabación de las partes de Enzo y Dylan. Mientras arreglaban varios detalles de los tiempos y el tono de la voz de Enzo, él estuvo entre un estudio y otro apoyando a las dos secciones.
Nunca se había sentido tan feliz de sentarse a almorzar. Estaban todos sentados en el pasillo del estudio comiendo sus almuerzos en silencio. Enzo carraspeaba a cada rato, seguramente ya estaba cansado de cantar. Siempre tenían cosas que decir, bromear o comentar, ahora todos estaban concentrados en comer más que en alivianar el cansancio y el estrés.

Pronto se iba a acabar sus treinta minutos de almuerzo. Damien fue el primero que acabó y estaba acostado durmiendo los minutos que faltaran antes de seguir grabando y editando. Dylan también estaba cabeceando, Enzo le prestó el hombro para que también durmiera un rato. Dylan rechazó la oferta y metió su cabeza entre sus brazos que estaban apoyados en sus rodillas.
Una semana entera en ese trajín los iba a matar. En esos días no iba a volver a casa, se iba a quedar a dormir en el apartamento de Enzo; de hecho todos se iban a quedar en el apartamento de Enzo.  Él era el único que tenía carro y si iban a salir tan tarde todos los días, no iban a tener forma de volver a sus casa.
Los días que iba a estar fuera, le había pagado a una auxiliar de enfermería para que cuidara a su mamá. Era un gran golpe a su economía pero precisamente estaba trabajando por ella, se lo merecía. Habían quedado de estar hablando todos los días para saber cómo estaba.
Pocos minutos después los llamaron para que fueran a seguir con la edición y grabación. Cada uno se fue a hacer su respectivo trabajo. El resto de la tarde fue mucho más estresante por los problemas que tuvieron con el productor que llegó, les hizo repetir muchas grabaciones que ya habían dado por terminadas y duplicó el trabajo. En más de una ocasión no sintió la diferencia con el trabajo que habían hecho por la mañana, pero no pudo quejarse.
Llegaron las 8 de la noche y todos hicieron una pausa más que merecida para comer. Todo el horario se había retrasado por culpa de todo lo que les tocó repetir. Trajeron 2 pizzas para ellos y unos refrescos. Los dejaron comer en la cafetería del estudio. De nuevo, no hubo conversación en la comida. Ninguno podía alardear de tener energías, prácticamente se estaban muriendo de cansancio, llevaban 12 horas trabajando.
Mientras que los trabajadores de la discografía sí habían sido cambiados entre la tarde y la noche, ellos no habían tenido descanso. Los ingenieros de sonido que tenían el turno de la tarde, se notaban que tenían que lidiar más a menudo con los caracteres volátiles de cada jefe de turno, por lo que fueron mucho más diligentes que los de la mañana. A ellos a estas alturas lo único que les importaba, era saber cuánto y qué tan profundo iban a poder dormir.
Dylan fue el primero en terminar y se recostó en la mesa para dormir otro poco. Enzo bostezo y lo secundó. Thom. No quería dormirse porque debía pensar en cómo solucionar uno de los arreglos que había hecho en una de sus viejas canciones y que resultaban en un inconveniente en algunas partes de la grabación.
Nunca había pensado que alguna de sus creaciones fuera particularmente mala, pero comenzaba a dudar de sus capacidades como compositor. Damien que era el que más se quejaba, también parecía estar pensando en el arreglo de la canción. 
No había caído en cuenta que la guitarra estaba a destiempo, cuando tocamos todos juntos suena bien, pero hoy se juntaron todas las grabaciones e inmediatamente se notó el fallo.

Damien apuntó a que empezaran su debate sobre el repentino error, pero Thom seguía pensando. Se recostó en la mesa también y decidió dormir también.
No se dio cuenta que estaba tan cansado hasta que lo levantaron para seguir trabajando. A esa hora de la noche, el grupo de trabajo se había reducido a menos de la mitad. Se quedaron en un solo estudio y prácticamente fue el trabajo de edición del ingeniero de sonido y Damien.
Cuando oficialmente los despacharon a las 11 de la noche, casi besaron a todos en la sala. Enzo y Dylan que eran los que menos sabían de edición, durmieron todo el rato mientras Damien y el quipo trabajaban. Así que estaban un poco más descansados que Damien y Thom. Eso era una ventaja para evitar accidentes por si Enzo se llegaba a quedar dormido al volante.
Enzo era el que menos palabras estaba usando porque le dolía la garganta. Preparó el auto y los llevó a todos al apartamento. Apenas entraron Dylan se metió a la cama de Enzo y no volvió a aparecer. Thom y Damien iban a dormir en la sala, ya estaban preparadas las colchonetas.
Enzo les explicó dónde estaba cada cosa por si necesitaban algo en medio de la noche. Thom se bañó los dientes y se dejó en boxers para dormir. Recostó la cabeza en la almohada y se durmió inmediatamente.

***
Los demás días de la semana fueron igual de exigentes, pero debían reconocer que el equipo con el que estaban trabajando hacía mucho más productivo el trabajo. El cronograma se había apretado un poco al final de la semana, pero cumplieron con los objetivos propuestos.
La mayoría de las canciones estaban editadas, y las que faltaban podrían terminarse sin la necesidad de que todos los chicos estuvieran ahí. Enzo y Dylan fueron los primeros en terminar sus labores y tuvieron la autorización de no venir a trabajar el sábado. Se tomaron la palabra muy en serio y no se aparecieron en todo el día. Dylan estaba al borde del colapso, esa semana había recaído mucho trabajo en él como editor y compositor, Thom solo podía apoyarlo en los aspectos más generales.
El lunes comenzaban con la grabación del video promocional de la primera canción del single. Tendrían dos días para discutir el concepto visual del video y el resto de semana tenían que grabar. El resto de las semanas que faltaban iban a ser entrevistas, programas de televisión, radio y sesiones fotográficas, no quería pensar en todo lo que se venía.
Este domingo al fin volvía a casa, tenía ganas de abrazar a su mamá, hacía demasiado tiempo que no la veía. Damien se fue con él también al apartamento, lo primero que hicieron al entrar fue respirar profundo y dejar que el olor a esencia de manzana los embriagara. Definitivamente estaban en casa.
La auxiliar de enfermería le entregó el informe de toda la semana y parecía estar todo normal. Su mamá seguía durmiendo, le dio pesar despertarla.  Él sabía que a ella le estresaba cuando tenía que estar al cuidado de un extraño, ya que siempre decía que se sentía en eterna visita.
Una vez estuvieron solos, Damien llamó a su casa para avisar que regresaba por la tarde, luego se acostó en el sofá y de nuevo se puso a dormir. Thom no podía hacer lo mismo, porque debía responder por el almuerzo de su mamá y se puso a cocinar. Tenía ganas de cocinarle algo que le hiciera realmente sentir que volvía a estar en casa.
El reloj marcaban las doce del mediodía y Thom ya estaba preparado para recibir a su mamá. Efectivamente invocada por el olor apareció en la cocina exigiendo su almuerzo.
 Que gusto es poder comer otra vez la comida de mi hijo.
Siguió lentamente a su silla para comer y luego sacó de su buzo una caja no muy grande.
 Esta es una sorpresa para ti. La trajo el chico que vino a mi cumpleaños.
Thom casi bota el plato que le llevaba a su mamá y se quedó sorprendido mirando el pequeño cubo que adornaba la mesa.

Colocó el plato frente a su madre y pasó los dedos sobre la pequeña carta de dedicación que tenía el regalo. Efectivamente era de Cedric y el detalle que le había llevado hasta allí era una plumilla para guitarra.

Su garganta se llenó de una presión al punto de no poder respirar. Era un detalle muy lindo de su parte, el papel decía que esperaba que su pluma le diera más suerte en las grabaciones. Las mejillas las tenía entumecidas por la sonrisa que tenía. Cedric no había olvidado su nuevo itinerario. Este chico no dejaba de pensar en él y saber eso lo hacía muy feliz.
Su mamá le siguió alabando por la comida y le preguntó sobre todo lo que habían tenido que pasar esa semana y qué era lo próximo que les esperaba. La charla que tuvo con su mamá lo dejó muy relajado y ya luego se despidió de ella y se fue a dormir. Había intentado mandar un montón de mensajes de agradecimiento a Cedric,  pero se arrepentía y los borraba; hizo eso hasta que se quedó dormido.

***
La mañana siguiente se levantó muy temprano y se preparó para ir a la disquera, donde se iban a hacer las reuniones con los directores de arte, fotografía y el productor para el concepto del video promocional. Estaba muy motivado, pero entre todas las cosas que lo hicieron sentir así era saber que Cedric lo estaba apoyando. Ya sabía que así era desde siempre, pero ahora tenía esa muestra física de su apoyo.
Era muy temprano, pero ese momento era el justo para llamarlo, porque se sentía capaz de hacerlo. Mientras esperaba al taxi, tomó el celular y esperó que lo conectara a él. Como era de esperarse, no contestó. Thom dejó que llegara al buzón de voz y le dejó un mensaje muy corto. El pecho se le encogió de la emoción, a cada paso que daba, hiciera lo que hiciera, terminaba acercándose a Cedric y no quería alejarse.
Hoy comenzaba una nueva semana de trabajo. Ya tenía fuerzas para continuar.

domingo, 6 de marzo de 2016

Con tan solo un paso - Capítulo 21




21

Cedric


«Nunca asumas»



En alguna parte de todo ese círculo de casualidades, pensó que iba a estar más en contacto con Perséfone, pero no sucedió. Se esfumó de nuevo como una ilusión, debería empezar a acostumbrarse a eso. Se sorprendió cuando en retrospectiva se dio cuenta que ya había pasado un año desde que se conocieron.



Se recostó contra la pared que estaba tras la cama y se quedó mirando el techo. En todo ese año había pasado por muchas emociones, eso le hizo llegar a preguntarse si la adolescencia no le había llegado con efecto retardado. No estaba molesto en ese punto por todos los altibajos, porque gracias a todo eso es que había logrado entablar una relación más cercana con Perséfone.



Las expectativas que tenía con su amor platónico se fueron transformando en bocetos de un capricho hasta llegar a lo que sentía en ese momento. Podría decirse que era más parecido a una tensión sexual latente en conjunto con una admiración muy basta, que al amor platónico del comienzo.



¿Qué pensaría Perséfone al respecto? Las evidencias que recogía cada vez que se veían le daban dos caminos: o le gustaba o era demasiado tímido y eso llevaba a su ambigüedad. Esperaba que fuera la segunda opción por el bien de los dos, ya ni tenía ganas de ilusionarse pensando en cómo derrumbar las barreras de ese hombre.



Se concentraría en los estudios y dejaría que fuera Perséfone el que cediera. Él ya había hecho su declaración más vergonzosa, ya no le quedaba nada más qué decir.



***



Los ojos no daban crédito a lo que estaba estampado en ellos. Un mensaje de Damien flotaba en su bandeja de entrada, pero como tal eso no era lo raro, lo que lo tenía atónito era esa repentina invitación a comer. Estaba contento, eso era un hecho pero ¿Por qué tan de repente?



Más abajo de la invitación había una lista de ingredientes con unas notas aclarando lo que él debía comprar. No le estaba preguntando si podía o no, Damien ya estaba dando por sentado que iba a ir. La cita era para esa misma tarde y ya estaba próxima a ser la hora de encuentro. Se paró de un salto para bañarse y cambiarse, sino se daba prisa no iba a llegar a tiempo.



Los pensamientos que venían a él tratando de explicar la situación durante su viaje al supermercado eran confusos. En primera instancia pensó que era en agradecimiento por los libros, pero no había dicho nada de eso en el correo así que ya no estaba tan seguro. En segunda instancia creyó que era algún gesto de camaradería, aunque eso tampoco tenía mucho sentido. Ya por último imaginó con ilusión que Perséfone le había pedido a Damien que lo citara, cosa que también sonaba muy improbable.



La señorita de la caja le dio sus paquetes y salió corriendo para la estación del metro donde habían quedado de encontrarse con Damien. En la entrada de la estación la inconfundible presencia del baterista hizo su realce. Este apenas lo vio, alzó el brazo izquierdo y lo agitaba saludándolo.



No te demoraste nada, gracias por venir.

No, gracias a ti por invitarme.



Damien le sonrió y avanzó para entrar a la estación.



Hoy es el cumpleaños de la mamá de Thom.

¿Qué? No tenía ni idea, le mando mis felicitaciones.

¿Pero qué dices? Si vamos a ir allá en este momento.



Cedric abrió los ojos con asombro, ¿Desde cuándo disponían de él así? No le molestaba ir, pero le hubiese gustado poderle comprar un regalo por lo menos. Por los ingredientes suponía que iban a cocinar, por su cabeza pasó la pregunta del lugar a donde se estaban dirigiendo.



Deberías memorizar bien esta ruta, después de todo vamos a ir a la casa de Thom.



Hoy era el día de las sorpresas, Damien debía estar loco por invitar a un desconocido a la casa de su amigo ¿Qué tal fuera una persona peligrosa? Debía medir los riesgos.



Thom se va a alegrar mucho de verte.



Sí, él estaba borracho o algo por el estilo, mejor no decía nada.



Cedric ¿verdad?



Él asintió ante la extraña pregunta que pedía confirmar su identidad.



Por favor, llévate bien con Thom. Sé que es una persona difícil de tratar, pero eso solo pasa porque es alguien muy inseguro. No le des motivos para que desconfíe de ti.



Bien, ahora si estaba totalmente perdido. ¿De dónde estaba sacando todo eso Damien? Es decir, era bastante probable que Perséfone le hubiese contado, pero esas recomendaciones lo estaban haciendo sentir incómodo. Era como si él tuviese la culpa de que esa relación no hubiese avanzado a ningún lado.



Haré mi mejor esfuerzo, pero no puedo asegurar nada, sino le agrado a Thom no puedo hacer mucho.

Le agradas, créeme.



Intentó responder pero se dio cuenta que no tenía nada qué decir. Era inútil, no estaba entendiendo nada de lo que estaba pasando. Damien tampoco estaba dispuesto en lo más mínimo a ayudarle a entender qué era lo que quería hacer.



El viaje duró un poco más de una hora, no sabía que Perséfone viviera tan lejos. El paisaje de la ventana del metro no cambiaba, pero ahora viendo los nombres de cada estación cambiar. Su acompañante estaba callado, en parte lo entendía, eran un par de desconocidos después de todo.



Estaba totalmente distraído hasta que su chaqueta fue tironeada. Su acompañante le estaba avisando que se bajaban en la siguiente estación. La imagen que estaban dando le debía parecer cómica a los transeúntes: un tipo altísimo, siguiendo a otro como si fuera un pollito tras la mamá.



Cuando salieron del metro, se dio cuenta que estaban casi a las afueras de Londres. No era el barrio más bonito de todos, pero tampoco era tan tétrico como para salir corriendo de vuelta a su casa. De todas formas guardó su celular en el bolsillo interno de su chaqueta.



Empezaron a caminar y estaba pendiente de todo lo que veía, estaba haciendo un mapa mental. Damien comenzó a darle unas recomendaciones respecto a cómo debía tratar a Franceska, le explicó lo de la diabetes y su ceguera. Esa información lo hizo sentir algo miserable, se compadeció de Thom. Sabía que si su pensamiento salía a sus palabras, sería amonestado seriamente.



El apartamento de Perséfone no estaba tan lejos de la estación de metro. La fachada del edificio hacia honor al lugar, las líneas negras de suciedad se intensificaban a medida que llegaban al suelo. Respiró profundamente y avanzó tras Damien.



Las escaleras eran estrechas y tenían una baranda de madera desgastada. Los escalones si estaban mejor de lo que esperaba. Una vez en el segundo piso siguieron caminando por un pasillo estrecho. Todas las puertas de los apartamentos parecían iguales, de no ser por esos números de metal incrustados en la parte superior. Se detuvieron en el apartamento 205.



Llegamos. Ya sabes, no te quejes si huele mucho a escancia, ríete de todo lo que diga Franceska así no te parezca gracioso; y por último, pero no menos importante, te encargo a Thom.



Frunció el ceño inconscientemente. No le gustaba ser el único que no se enteraba de nada. Esperaba que por lo menos Perséfone le explicara mejor a qué se debía todo eso. Bueno, suponiendo que él tuviera alguna idea de lo que su amigo estaba haciendo.



Damien tocó el timbre y poco segundos después apareció Perséfone. Damien no mintió cuando dijo que  Franceska era adicta a las esencias. Un olor a canela le golpeó la cara en conjunto a la impresión de ver a Perséfone en un delantal de cocina, con unas lindas trenzas cogidas atrás. Tenía un aspecto etéreo hasta que la cara de sorpresa al verlo dañó sus facciones. Definitivamente él no estaba invitado a la fiesta.



¿Qué haces aquí?

¿Esa es la forma de saludar a tu padrino académico? Thom, amigo, debes mostrarte más amigable.



Damien no se molestó en dar una explicación, entró como Pedro por su casa y los dejó a los dos solos en la entrada. Otra vez vio el sonrojo en la cara de Thom, sus labios se abrían y cerraban como un pez fuera del agua. Qué adorable ¿Qué estaría intentando decir?



Lo siento, no quería sonar rudo.

Está bien, yo tampoco tenía idea que iba a terminar aquí. Traje algunas cosas para la comida.



Extendió la bolsa y esperó a que Perséfone la tomara, este agradeció en voz baja; se veía muy incómodo. Pero nada de eso importaba realmente porque estaba muy contento de verlo así de consciente de su presencia. Prosiguió al interior cuando su anfitrión se lo indicó, su hogar era tan modesto como se lo imaginaba.



Una pared de yeso arrinconaba la sala de estar más hacia la puerta, la presentación de esta obra no se veía muy profesional, de seguro Perséfone la había hecho. No tardó en enterarse que detrás de esa pared estaba el cuarto del guitarrista.



Cuando vio a la mamá de Perséfone, sintió una empatía inmediata. El carisma de esa mujer, su rostro tan adorable y la facilidad con la que lo aceptó, fue suficiente para alegrarse de venir a celebrarle un año más de vida.



¿De dónde conoces a mi hijo?

Ah... bueno, yomiró a Damien buscando una pista de qué debía decir. Soy fan de la banda y los conocí hace un año.

Vale, pero ¿Cómo terminaste aquí?

¡Mamá! Lo estás haciendo sentir incómodo, para ya.

No te molestes, solo estaba curiosa porque nunca me hablaste de él.



No sirvió de nada detener a Franceska, se había sentido muy incómodo.



Está bien, realmente no es que seamos amigos cercanos, puede ser por eso que no haya hablado de mí.

De todas maneras me alegro saber que hay más personas rondando alrededor de mi hijo. ¿Sabías que desde hace más de cuatro años que no conozco amigos nuevos de mi hijo?

¡Mamá me estás avergonzando!



Cedric se rió genuinamente. Ellos estaban mostrándose tal y como eran, esa sinceridad era refrescante. Perséfone se calmó y recobró la compostura, se excusó por las preparaciones que estaba haciendo.



Por cierto, deberías anotar más puntos con la cumpleañera, ve a cocinar Cedric.



Damien lo arrastró también a la cocina y lo empujó sin mucha fuerza contra Perséfone. Cuando sus cuerpos chocaron se produjo en los dos una sensación de hormigueo en el estómago. Por primera vez Cedric hizo la comparación de sus cuerpos y notó que Perséfone era más bajo de lo que parecía.



¿Necesitas ayuda?

¡Claro que la necesita! Está cocinando para cinco.



Si Damien estaba tramando algo, no estaba siendo demasiado disimulado. Ese tipo de acoso era igual al que hacían en primaria cuando dos niños se gustaban. Perséfone intentó negar la ayuda pero al fin lo aceptó a su lado.



Puedes ayudarme a pelar las zanahorias.



Le pasó una bandeja con media docena de zanahorias y un cuchillo. Cedric estuvo callado durante todo el proceso. Veía a ese hombre meter sus manos en diferentes ollas que hervían y fritaban diferentes alimentos, después de sacar unas ollas de los fogones, le explicó cuál iba a ser el menú: sopa de zanahoria, trucha en mantequilla de macadamia y ensalada.



Sonaba delicioso, ya tenía ganas de que llegara la hora de comer. La preparación de la sopa de zanahoria iba por la mitad cuando llegó, así que solo faltaba agregar las zanahorias para dejar cocinar y después licuar.



Entre el ajetreo con las ollas que acababa de sacar del fuego, el cuchillo que estaba manejando Perséfone se cayó y terminó bajo la nevera. Al parecer solo tenían dos cuchillos de ese tipo, ahora tendrían que compartir el que tenía Cedric.



Intentaré recogerlo más tarde, por ahora sigamos.



Los dos siguieron la orden recién dada y fueron a por el cuchillo, sus manos se tocaron cuando casi llegaban al implemento. Sus ojos se encontraron y no necesitaron telepatía para saber qué estaban pensando. Perséfone intentó quitar la mano pero el dedo meñique de la mano de Cedric se cerró con el dedo meñique de Perséfone como prisionero.



Estoy feliz de estar aquí. Estoy feliz de haberte conocido. Persé... Thom me gusta estar contigo.



Perséfone abrió los ojos y se arqueados sus cejas, formando una expresión conmocionada. Las mejillas se le llenaron de color, se mordió el labio y bajó el rostro. Estaba pensando seriamente en que Perséfone tenía problemas de la tensión o algo parecido, se sonrojaba por todo.



Así que, si no te molesta, deberíamos cocinar algo otra vez. No necesita ser una ocasión especial.

Sí... me gustaría. Cedric...



Bajó la mano y terminaron apoyándolas sobre la mesa, solo tocándose con sus dedos meñiques.



Yo me siento muy agradado cuando estoy contigo. Eres una buena persona, gracias por todo.



Cedric sonrió y se quedó callado mirando a alguna mancha de la pared que tenía al frente. Ese sentimiento era muy fuerte, diferente a la intensidad que a la que estaba acostumbrado cuando le gustaba alguien. Lo que sentía por ese hombre, era algo de otro mundo.



Huele muy bien ¿Ya casi va a estar?



Franceska los sacó de su pequeño mundo, con diligencia Perséfone tomó el cuchillo y picó las cebollas rápidamente.



Estoy en eso mamá, espera un poco.



Puso las cebollas a dorar y le pasó el cuchillo para que él terminara de picar las zanahorias. Toda la magia del momento se murió y los dos quedaron como si nada estuviera pasando.



Terminaron la cena y la sirvieron diligentemente para calmar los estómagos hambrientos. Trajeron el pastel e hicieron toda la ceremonia para celebrar el nuevo año de vida de Franceska. Cuando todos comenzaron a comer, no fue hasta la mitad que Cedric cayó en cuenta que si ella sufría de diabetes no debería estar comiendo pastel, luego le explicaron que ese era un postre especial para diabéticos. Le sorprendió mucho que el pastel supiera tan bien aun sin azúcar.



Luego llegó la hora de lavar la loza y en esta ocasión, fue Damien quien se ofreció. Franceska ya estaba muy cansada y se fue a dormir, así que solo quedaron Cedric y Perséfone en la sala.



¿Qué te gusta comer, Cedric?

Cualquier cosa, no soy muy selectivo.

Alguna comida favorita debes de tener ¿No?

Bueno, en ese caso me gustan mucho los diferentes tipos de arroces.

¿Quieres que probemos a hacer alguno la próxima vez?

... Claro.



Perséfone sonrió de forma hermosa, su corazón dio un brinco. No podía creer lo mucho que le gustaba, ya estaba asustado de sí mismo. Se recostó de lado en el brazo del sofá y se quedó mirándole en silencio.



¿Puedo preguntarte algo Cedric?

Sí, dime.

¿Yo todavía te gusto?

Claro, nunca me has dejado de gustar.

 


Para ser una pregunta tan vergonzosa y salida de quién sabe dónde, Perséfone se veía muy serio. No se avergonzó o dio alguna explicación del porqué de su pregunta, solo soltó un «juum…» y se quedó callado de nuevo. No fue hasta que llegó Damien que la conversación se volvió a mover hacia a algún lado.





La tarde terminó más rápido de lo que hubiese querido y llegó la hora de la despedida. Lo acompañaron hasta la estación de metro y le dijeron qué debía tomar para llegar a su casa. Siguió las indicaciones y ya se encontraba rumbo para su casa.


Podía respirar de nuevo, se habían dicho muchas cosas hoy. Seguramente muchas de ellas no fueron lo que esperaba, pero si de algo estaba seguro es que por primera vez en su vida podía estar casi seguro de que era correspondido.



Quería que ya fuera su siguiente encuentro.