domingo, 6 de marzo de 2016

Con tan solo un paso - Capítulo 21




21

Cedric


«Nunca asumas»



En alguna parte de todo ese círculo de casualidades, pensó que iba a estar más en contacto con Perséfone, pero no sucedió. Se esfumó de nuevo como una ilusión, debería empezar a acostumbrarse a eso. Se sorprendió cuando en retrospectiva se dio cuenta que ya había pasado un año desde que se conocieron.



Se recostó contra la pared que estaba tras la cama y se quedó mirando el techo. En todo ese año había pasado por muchas emociones, eso le hizo llegar a preguntarse si la adolescencia no le había llegado con efecto retardado. No estaba molesto en ese punto por todos los altibajos, porque gracias a todo eso es que había logrado entablar una relación más cercana con Perséfone.



Las expectativas que tenía con su amor platónico se fueron transformando en bocetos de un capricho hasta llegar a lo que sentía en ese momento. Podría decirse que era más parecido a una tensión sexual latente en conjunto con una admiración muy basta, que al amor platónico del comienzo.



¿Qué pensaría Perséfone al respecto? Las evidencias que recogía cada vez que se veían le daban dos caminos: o le gustaba o era demasiado tímido y eso llevaba a su ambigüedad. Esperaba que fuera la segunda opción por el bien de los dos, ya ni tenía ganas de ilusionarse pensando en cómo derrumbar las barreras de ese hombre.



Se concentraría en los estudios y dejaría que fuera Perséfone el que cediera. Él ya había hecho su declaración más vergonzosa, ya no le quedaba nada más qué decir.



***



Los ojos no daban crédito a lo que estaba estampado en ellos. Un mensaje de Damien flotaba en su bandeja de entrada, pero como tal eso no era lo raro, lo que lo tenía atónito era esa repentina invitación a comer. Estaba contento, eso era un hecho pero ¿Por qué tan de repente?



Más abajo de la invitación había una lista de ingredientes con unas notas aclarando lo que él debía comprar. No le estaba preguntando si podía o no, Damien ya estaba dando por sentado que iba a ir. La cita era para esa misma tarde y ya estaba próxima a ser la hora de encuentro. Se paró de un salto para bañarse y cambiarse, sino se daba prisa no iba a llegar a tiempo.



Los pensamientos que venían a él tratando de explicar la situación durante su viaje al supermercado eran confusos. En primera instancia pensó que era en agradecimiento por los libros, pero no había dicho nada de eso en el correo así que ya no estaba tan seguro. En segunda instancia creyó que era algún gesto de camaradería, aunque eso tampoco tenía mucho sentido. Ya por último imaginó con ilusión que Perséfone le había pedido a Damien que lo citara, cosa que también sonaba muy improbable.



La señorita de la caja le dio sus paquetes y salió corriendo para la estación del metro donde habían quedado de encontrarse con Damien. En la entrada de la estación la inconfundible presencia del baterista hizo su realce. Este apenas lo vio, alzó el brazo izquierdo y lo agitaba saludándolo.



No te demoraste nada, gracias por venir.

No, gracias a ti por invitarme.



Damien le sonrió y avanzó para entrar a la estación.



Hoy es el cumpleaños de la mamá de Thom.

¿Qué? No tenía ni idea, le mando mis felicitaciones.

¿Pero qué dices? Si vamos a ir allá en este momento.



Cedric abrió los ojos con asombro, ¿Desde cuándo disponían de él así? No le molestaba ir, pero le hubiese gustado poderle comprar un regalo por lo menos. Por los ingredientes suponía que iban a cocinar, por su cabeza pasó la pregunta del lugar a donde se estaban dirigiendo.



Deberías memorizar bien esta ruta, después de todo vamos a ir a la casa de Thom.



Hoy era el día de las sorpresas, Damien debía estar loco por invitar a un desconocido a la casa de su amigo ¿Qué tal fuera una persona peligrosa? Debía medir los riesgos.



Thom se va a alegrar mucho de verte.



Sí, él estaba borracho o algo por el estilo, mejor no decía nada.



Cedric ¿verdad?



Él asintió ante la extraña pregunta que pedía confirmar su identidad.



Por favor, llévate bien con Thom. Sé que es una persona difícil de tratar, pero eso solo pasa porque es alguien muy inseguro. No le des motivos para que desconfíe de ti.



Bien, ahora si estaba totalmente perdido. ¿De dónde estaba sacando todo eso Damien? Es decir, era bastante probable que Perséfone le hubiese contado, pero esas recomendaciones lo estaban haciendo sentir incómodo. Era como si él tuviese la culpa de que esa relación no hubiese avanzado a ningún lado.



Haré mi mejor esfuerzo, pero no puedo asegurar nada, sino le agrado a Thom no puedo hacer mucho.

Le agradas, créeme.



Intentó responder pero se dio cuenta que no tenía nada qué decir. Era inútil, no estaba entendiendo nada de lo que estaba pasando. Damien tampoco estaba dispuesto en lo más mínimo a ayudarle a entender qué era lo que quería hacer.



El viaje duró un poco más de una hora, no sabía que Perséfone viviera tan lejos. El paisaje de la ventana del metro no cambiaba, pero ahora viendo los nombres de cada estación cambiar. Su acompañante estaba callado, en parte lo entendía, eran un par de desconocidos después de todo.



Estaba totalmente distraído hasta que su chaqueta fue tironeada. Su acompañante le estaba avisando que se bajaban en la siguiente estación. La imagen que estaban dando le debía parecer cómica a los transeúntes: un tipo altísimo, siguiendo a otro como si fuera un pollito tras la mamá.



Cuando salieron del metro, se dio cuenta que estaban casi a las afueras de Londres. No era el barrio más bonito de todos, pero tampoco era tan tétrico como para salir corriendo de vuelta a su casa. De todas formas guardó su celular en el bolsillo interno de su chaqueta.



Empezaron a caminar y estaba pendiente de todo lo que veía, estaba haciendo un mapa mental. Damien comenzó a darle unas recomendaciones respecto a cómo debía tratar a Franceska, le explicó lo de la diabetes y su ceguera. Esa información lo hizo sentir algo miserable, se compadeció de Thom. Sabía que si su pensamiento salía a sus palabras, sería amonestado seriamente.



El apartamento de Perséfone no estaba tan lejos de la estación de metro. La fachada del edificio hacia honor al lugar, las líneas negras de suciedad se intensificaban a medida que llegaban al suelo. Respiró profundamente y avanzó tras Damien.



Las escaleras eran estrechas y tenían una baranda de madera desgastada. Los escalones si estaban mejor de lo que esperaba. Una vez en el segundo piso siguieron caminando por un pasillo estrecho. Todas las puertas de los apartamentos parecían iguales, de no ser por esos números de metal incrustados en la parte superior. Se detuvieron en el apartamento 205.



Llegamos. Ya sabes, no te quejes si huele mucho a escancia, ríete de todo lo que diga Franceska así no te parezca gracioso; y por último, pero no menos importante, te encargo a Thom.



Frunció el ceño inconscientemente. No le gustaba ser el único que no se enteraba de nada. Esperaba que por lo menos Perséfone le explicara mejor a qué se debía todo eso. Bueno, suponiendo que él tuviera alguna idea de lo que su amigo estaba haciendo.



Damien tocó el timbre y poco segundos después apareció Perséfone. Damien no mintió cuando dijo que  Franceska era adicta a las esencias. Un olor a canela le golpeó la cara en conjunto a la impresión de ver a Perséfone en un delantal de cocina, con unas lindas trenzas cogidas atrás. Tenía un aspecto etéreo hasta que la cara de sorpresa al verlo dañó sus facciones. Definitivamente él no estaba invitado a la fiesta.



¿Qué haces aquí?

¿Esa es la forma de saludar a tu padrino académico? Thom, amigo, debes mostrarte más amigable.



Damien no se molestó en dar una explicación, entró como Pedro por su casa y los dejó a los dos solos en la entrada. Otra vez vio el sonrojo en la cara de Thom, sus labios se abrían y cerraban como un pez fuera del agua. Qué adorable ¿Qué estaría intentando decir?



Lo siento, no quería sonar rudo.

Está bien, yo tampoco tenía idea que iba a terminar aquí. Traje algunas cosas para la comida.



Extendió la bolsa y esperó a que Perséfone la tomara, este agradeció en voz baja; se veía muy incómodo. Pero nada de eso importaba realmente porque estaba muy contento de verlo así de consciente de su presencia. Prosiguió al interior cuando su anfitrión se lo indicó, su hogar era tan modesto como se lo imaginaba.



Una pared de yeso arrinconaba la sala de estar más hacia la puerta, la presentación de esta obra no se veía muy profesional, de seguro Perséfone la había hecho. No tardó en enterarse que detrás de esa pared estaba el cuarto del guitarrista.



Cuando vio a la mamá de Perséfone, sintió una empatía inmediata. El carisma de esa mujer, su rostro tan adorable y la facilidad con la que lo aceptó, fue suficiente para alegrarse de venir a celebrarle un año más de vida.



¿De dónde conoces a mi hijo?

Ah... bueno, yomiró a Damien buscando una pista de qué debía decir. Soy fan de la banda y los conocí hace un año.

Vale, pero ¿Cómo terminaste aquí?

¡Mamá! Lo estás haciendo sentir incómodo, para ya.

No te molestes, solo estaba curiosa porque nunca me hablaste de él.



No sirvió de nada detener a Franceska, se había sentido muy incómodo.



Está bien, realmente no es que seamos amigos cercanos, puede ser por eso que no haya hablado de mí.

De todas maneras me alegro saber que hay más personas rondando alrededor de mi hijo. ¿Sabías que desde hace más de cuatro años que no conozco amigos nuevos de mi hijo?

¡Mamá me estás avergonzando!



Cedric se rió genuinamente. Ellos estaban mostrándose tal y como eran, esa sinceridad era refrescante. Perséfone se calmó y recobró la compostura, se excusó por las preparaciones que estaba haciendo.



Por cierto, deberías anotar más puntos con la cumpleañera, ve a cocinar Cedric.



Damien lo arrastró también a la cocina y lo empujó sin mucha fuerza contra Perséfone. Cuando sus cuerpos chocaron se produjo en los dos una sensación de hormigueo en el estómago. Por primera vez Cedric hizo la comparación de sus cuerpos y notó que Perséfone era más bajo de lo que parecía.



¿Necesitas ayuda?

¡Claro que la necesita! Está cocinando para cinco.



Si Damien estaba tramando algo, no estaba siendo demasiado disimulado. Ese tipo de acoso era igual al que hacían en primaria cuando dos niños se gustaban. Perséfone intentó negar la ayuda pero al fin lo aceptó a su lado.



Puedes ayudarme a pelar las zanahorias.



Le pasó una bandeja con media docena de zanahorias y un cuchillo. Cedric estuvo callado durante todo el proceso. Veía a ese hombre meter sus manos en diferentes ollas que hervían y fritaban diferentes alimentos, después de sacar unas ollas de los fogones, le explicó cuál iba a ser el menú: sopa de zanahoria, trucha en mantequilla de macadamia y ensalada.



Sonaba delicioso, ya tenía ganas de que llegara la hora de comer. La preparación de la sopa de zanahoria iba por la mitad cuando llegó, así que solo faltaba agregar las zanahorias para dejar cocinar y después licuar.



Entre el ajetreo con las ollas que acababa de sacar del fuego, el cuchillo que estaba manejando Perséfone se cayó y terminó bajo la nevera. Al parecer solo tenían dos cuchillos de ese tipo, ahora tendrían que compartir el que tenía Cedric.



Intentaré recogerlo más tarde, por ahora sigamos.



Los dos siguieron la orden recién dada y fueron a por el cuchillo, sus manos se tocaron cuando casi llegaban al implemento. Sus ojos se encontraron y no necesitaron telepatía para saber qué estaban pensando. Perséfone intentó quitar la mano pero el dedo meñique de la mano de Cedric se cerró con el dedo meñique de Perséfone como prisionero.



Estoy feliz de estar aquí. Estoy feliz de haberte conocido. Persé... Thom me gusta estar contigo.



Perséfone abrió los ojos y se arqueados sus cejas, formando una expresión conmocionada. Las mejillas se le llenaron de color, se mordió el labio y bajó el rostro. Estaba pensando seriamente en que Perséfone tenía problemas de la tensión o algo parecido, se sonrojaba por todo.



Así que, si no te molesta, deberíamos cocinar algo otra vez. No necesita ser una ocasión especial.

Sí... me gustaría. Cedric...



Bajó la mano y terminaron apoyándolas sobre la mesa, solo tocándose con sus dedos meñiques.



Yo me siento muy agradado cuando estoy contigo. Eres una buena persona, gracias por todo.



Cedric sonrió y se quedó callado mirando a alguna mancha de la pared que tenía al frente. Ese sentimiento era muy fuerte, diferente a la intensidad que a la que estaba acostumbrado cuando le gustaba alguien. Lo que sentía por ese hombre, era algo de otro mundo.



Huele muy bien ¿Ya casi va a estar?



Franceska los sacó de su pequeño mundo, con diligencia Perséfone tomó el cuchillo y picó las cebollas rápidamente.



Estoy en eso mamá, espera un poco.



Puso las cebollas a dorar y le pasó el cuchillo para que él terminara de picar las zanahorias. Toda la magia del momento se murió y los dos quedaron como si nada estuviera pasando.



Terminaron la cena y la sirvieron diligentemente para calmar los estómagos hambrientos. Trajeron el pastel e hicieron toda la ceremonia para celebrar el nuevo año de vida de Franceska. Cuando todos comenzaron a comer, no fue hasta la mitad que Cedric cayó en cuenta que si ella sufría de diabetes no debería estar comiendo pastel, luego le explicaron que ese era un postre especial para diabéticos. Le sorprendió mucho que el pastel supiera tan bien aun sin azúcar.



Luego llegó la hora de lavar la loza y en esta ocasión, fue Damien quien se ofreció. Franceska ya estaba muy cansada y se fue a dormir, así que solo quedaron Cedric y Perséfone en la sala.



¿Qué te gusta comer, Cedric?

Cualquier cosa, no soy muy selectivo.

Alguna comida favorita debes de tener ¿No?

Bueno, en ese caso me gustan mucho los diferentes tipos de arroces.

¿Quieres que probemos a hacer alguno la próxima vez?

... Claro.



Perséfone sonrió de forma hermosa, su corazón dio un brinco. No podía creer lo mucho que le gustaba, ya estaba asustado de sí mismo. Se recostó de lado en el brazo del sofá y se quedó mirándole en silencio.



¿Puedo preguntarte algo Cedric?

Sí, dime.

¿Yo todavía te gusto?

Claro, nunca me has dejado de gustar.

 


Para ser una pregunta tan vergonzosa y salida de quién sabe dónde, Perséfone se veía muy serio. No se avergonzó o dio alguna explicación del porqué de su pregunta, solo soltó un «juum…» y se quedó callado de nuevo. No fue hasta que llegó Damien que la conversación se volvió a mover hacia a algún lado.





La tarde terminó más rápido de lo que hubiese querido y llegó la hora de la despedida. Lo acompañaron hasta la estación de metro y le dijeron qué debía tomar para llegar a su casa. Siguió las indicaciones y ya se encontraba rumbo para su casa.


Podía respirar de nuevo, se habían dicho muchas cosas hoy. Seguramente muchas de ellas no fueron lo que esperaba, pero si de algo estaba seguro es que por primera vez en su vida podía estar casi seguro de que era correspondido.



Quería que ya fuera su siguiente encuentro.