miércoles, 17 de junio de 2015

[Oregairu] [Hayahachi] Es evidente lo mucho que lo niegas


Buenas y santas y muchas tantas

Oregairu, oregairu (lo dice cantando) seguirlo leyendo, seguir evidentemente descubriendo por qué Hayama y Hachiman van a casarse en un futuro (¿?) me hace escribir otro one-shot que puede decirse que es la continuación del anterior. Esto es spoiler de la novela/anime, justo después de que Iroha es rechazada por Hayama.

Novela: Yahari ore no seishun love come wa machigatteiru

Pareja: Hayama x Hachiman

Advertenias: Drama, cosas cursis, drama, cosas cursis ¿y ya dije drama?


 

Es Evidente Lo Mucho Que Lo Niegas

Las palabras dichas por Hayama aún permanecían en su mente como un acto terrorista hacia la paz y la cordura. Hacer una apuesta hacia la comprensión de lo incomprensible, era una clara muestra de la debilidad con la que estaba trabajando.  Seguir pensando y equivocarse en el camino, una de las recomendaciones de Hiratsuka-sensei.

Era evidente que en este tiempo existieron demasiados cambios en sí mismo. Desde llorar y sincerarse, a ser un poco más perceptible para los demás. Y probablemente no estuviera mal aquello, pero las sensaciones que estaban recorriendo su mente poco después de enfrentarse a Hayama no podían deberse a este nuevo cambio, lo sentía así, lo sabía demasiado bien.

Le había repetido una y otra vez a Hayama que se arrepentirían de ello y aún podía creer en esa afirmación, pero el recuerdo de una sensación potente que invadía cada una de sus células y transformaba sus conexiones neuronales en una red predeterminada que llevaba de nuevo a la vivencia pasada, le decía todo lo contrario.

No era propio de su cambio dejar que Hayama dispusiera de su deseo narcisista. Creía fielmente que el repentino interés de Hayama por él no se debía más que a su deseo desbocado por controlar todo, pero en él también existía ese deseo desmedido.

Una corriente desfiló por su columna vertebral como un dedo travieso que quiere hacer corregir la postura de quien se joroba. Hayama ya le había dicho que era él quien se atribuía el descaro de considerarlo una buena persona, pera nada contradecía la impecable actuación ante el rechazo de Iroha e incluso su noble comentario sintiendo con pesar el sufrimiento que le había causado.

Y luego estaban esas palabras dirigidas hacia él.

Sacudió su cabeza deseando que con ello alguno de los mecanismos internos que lo obligaban a dar cuenta de lo mucho que Hayama invadía su cabeza, se desconectaran.  Se levantó del sofá espantando a Kamakura que estaba cómodamente durmiendo en sus piernas. Estiró los brazos  y arrastró los pies hasta la cafetera.  No había nadie en casa, ni Komachi, ni sus padres y Kamakura era convenientemente escurridizo. Un largo suspiro llenó el silencio de la habitación, la secuencia de sonidos que lo sucedieron fue el chorro de café impactando en el fondo de la taza.

— Kamakura ¿crees que el del problema soy yo?

Era una pregunta retórica. El gato sabiendo eso, se subió encima de la mesa y después pegó un salto al sofá, se enrolló sobre sí mismo y de nuevo se dispuso a dormir.

— No sabes lo que te envidio.

Un sorbo al café y de nuevo se puso en movimiento dirigiéndose a su habitación. Era una noche en la que todos tendrían algo que pensar, Iroha, Hayama y él.

***

Volverse a encontrar con la mirada de Hayama, ese azul intenso con chispas de dolor contenido le dejaba seriamente trastocado ¿Cómo evadir y pretender que tal deseo no existe? Fruncir el ceño y mostrar una actitud a la defensiva no parecía funcionar durante mucho tiempo. Tanto Yukinoshita como  Yuigahama notaron eso en el encuentro que tuvieron en la cafetería. Las señas de rescate de Yukinoshita le trasmitieron un sentimiento de confianza, esto se debía a que se adentraba a un mundo al que no había tenido jamás acceso y eso le daba una cierta libertad de evitar a Hayama. Efectivamente nunca se había caracterizado por ser valiente.

Hayama abrió los labios y delineó unas palabras muy claras, un mensaje que no era una señal de debilidad sino de sinceridad.

«Esto es caer muy bajo, incluso para ti».

Nunca tendrían un acuerdo metodológico, y no pretendía que sucediera, pero una corriente le entumeció la punta de los dedos. No es que esperara algún tipo de aprobación por parte de su contraparte, pero verse reflejado con tanta decepción, incluso para él era duro. Su cuerpo de forma automática intentó levantarse de la mesa para tratar de llevarse a Hayama a otro lugar, pero su cerebro tomó otra decisión. Se reacomodó en la silla y cambió el foco de su mirada hacia la que se plantaba allí diciendo que era la madre de Yukinoshita.

La formalidad de la reunión transcurrió sin mucho que mencionar aparte del infinito despreció que sintió hacía sí mismo en ese momento. Rascó su nuca inconscientemente y después de ello dejó que el resto hiciera la tarea comunicativa por él. Los formalismos, los saludos, las despedidas, todo era realizado por los demás. Evitó la mirada de los ojos que en un tiempo anterior se fundieron con tanta dedicación hacía él.

Ante la pequeña presión del viento ante el cambio de posición de Hayama que ahora se dirigía a la salida junto con Haruno y la mamá de Yukinoshita, la expresión de su rostro se desfiguró siendo comparable con un golpe en su vientre. Se volteó automáticamente mirando hacia la mesa y se levantó no siendo capaz de procesar la mayor cantidad de información que se pasaron a través de sus miradas.

— Yuigahama ¿Deberíamos irnos también?

— Ah…tienes razón… Hikki ¿Estás bien?

No quiso contestar a la mirada intensa y honesta de Yuigahama. Él era quien estaba corrupto, él era el único conveniente ocultista. Sacudió la cabeza en negación y en un susurró le dijo que siguieran con su camino. Cuando volvió de nuevo a la mirada donde se había sentado Hayama hacía unos instantes, recibió como una epifanía un mensaje que le dejó sin habla. En sí no era nada físico, sólo se tomó la molestia de unir todos los puntos, de conectar todas las miradas, todas las palabras y al llenar el rompecabezas en su corazón hubo un serio daño.    

Los ojos se llenaron de humedad pero no alcanzó a llorar, no volvería a hacer lo mismo, a lo que tomó la delantera y en vez de irse por el ascensor, decidió bajar por las escaleras.  Yuigahama no dijo nada, ni su típico «qué cruel Hikki» y su morrito característico que la hacía parecer un personaje salido de algún tipo de anime moe. Ella comprendió demasiado bien que estaba a punto de quebrarse y le agradecía que no se inmiscuyera en ese tema.

Su celular comenzó a timbrar cuando ya estaban llegado a la salida del centro comercial, algo en su interior pensaba que era Hayama hasta que de nuevo comenzó a sonar pero esta vez el celular de Yuigahama. Una vez terminó de hablar, ella le detuvo y le sonrió diciendo «Komachi-chan dice que la esperemos que ya terminó de hacer sus compras».

***

Estaba saliendo de ver una película y de nuevo pensando que quizás podría ver de nuevo a su ángel Totsuka salir de su entrenamiento de tenis. Caminando con ese objetivo claro, sólo notó la poca disposición que tenía de enfrentarse a alguien que lo conociera bien y se diera cuenta de lo extraño que había estado durante esos días. Todo mejoraría con su ángel Totsuka, quien salvaría el mundo con su sonrisa, le salvara a él también.

Después de varias decenas de minutos, supo que no tendría la suerte que esperaba sino una mucho peor- No sólo no se había encontrado con Totsuka, sino que se había encontrado con el grupo de Miura, Ebina, Tobe y Ooka.

— Buenas noches.

La única que sonrió al saludarlo fue Ebina, y la respuesta a eso no fue una muy amigable, pero fue más cálida sin duda que la del resto.  

— ¿Qué estás haciendo por aquí?

— Estaba viendo una película.

— ¿Solo, Hikitani-kun?

— Sí, solo.

Y se murieron las palabras, por medio de algún mecanismo social automático que había entre ellos. Tobe soltó un montón de sandeces típicas él y como era costumbre las dejaba pasar sin darles ningún significado específico. Cabía acotar que debía hacerse una invocación casi instantánea a la figura que unía a ese grupo.

— En este momento vamos a reunirnos con Hayama, así que te dejamos, vamos tarde.

Ebina con una sonrisa en realidad adorable cortó el discurso indeseado de Tobe. Poco después arruinó su cara armónica con una risa baja y perversa junto a un comentario claramente tratando de invitar a las relaciones ilícitas entre Hayama y él. Era obvio que iba a pasar de eso y más cuando por desgracia tenía cierta parte en todas sus fantasías de realidad.

Las cuatro figuras que vivían en sus propias idealizaciones del Nuncajamás se alejaban a su destino, a un destino que podría compartir si no estuviesen siendo divididos por las moléculas de la sociedad y sus compuestos artificialmente construidos como ese deseo ardiente entre los dos.

La culpa lo estaba carcomiendo, con tal placer se fundía en esas memorias de debilidad que las rodillas no le respondían. Era un masoquista o un adicto, algo había inyectado en su interior tales memorias compartidas que ahora se volvía un completo manojo de inseguridades y de ansiedad. En su mente el fondo de todos aquellos recuerdos eran esos hermosos ojos azules fundiéndose con multiplicidad de sentimientos, desde el dolor hasta la necesidad más absurda de sí ¿Alguien en la vida llegaría a sentir algo siquiera parecido a lo que sentía Hayama? lo dudaba y el hecho de dudarlo le hacía pensar claramente que él también tenía culpa en acrecentar esos sentimientos.

Entonces volvió a recordar el mensaje descubierto en el restaurante, eso que impactó tanto su mente que quiso sentarse a llorar. Las piernas entendieron lo que debían hacer antes que el cerebro hubiese procesado todo. Si las palabras resultaban tan limitadas y la lengua una herramienta tan poco fiable, todo lo que el cuerpo puede expresar de seguro que era más efectivo. Corrió con desesperación hacia Miura y los demás, debía ver a Hayama.

Todo su cuerpo se emocionó con la idea, solo que su parte consiente aún tenía un tratado completo de las miles de razones por las que no debían permitir ese encuentro. Se cansó, desistió de todo y le gritó al viento mientras llegaba a la reunión de la que nunca debió haber huido.

— ¡Me equivocaré,  no me importa equivocarme y salir herido!

La garganta tomó una bocanada del frío aire de invierno y expulsó la pequeña neblina blanca que se difumino con la misma rapidez con la que sus piernas seguían corriendo.  Al llegar a la esquina por donde había visto que cruzaban las cuatro figuras, se percató que estaban entrando al centro comercial del que él acababa de salir para ver la película. La marcha se ralentizó y se quedó mirado en la entrada a quien por un instante le hizo desear equivocarse. Estaba fuera de la vista, pero él si podía tener una panorámica completa; la sonrisa brillante de Miura, la expresión de apacible paz con la que Hayama respondía a ese gesto, tan sólo eso le hizo recordar lo difícil que era equivocarse para una persona como él.

En ese momento la tentación de huir y dejar que de alguna manera las anormalidades entre ellos se degradaran por su propio peso le dejó plantado en ese sitio. Allí tuvo todo claro, lo dejaría pasar, era evidente que todos se estaban arrepintiendo de eso ya. Su voz en un hilo pequeño, discontinuo e hipofónico dijo «Me quiero equivocar».

***

 

Eran las nueve de la noche y estaba acurrucado en la puerta del apartamento de Hayama. Lo dejaría pasar, eso se seguía repitiendo como si fuera algún canto budista. En honor a la verdad, creía que lo único que estaba dejando pasar era la oportunidad de retractarse y evitar ese encuentro. Frotó sus manos bajo una exhalación, estaba haciendo frío, era lo único que lo calentaba. Los pasos de alguien subiendo la escalera lo alertaron, era la cuarta persona que subía en ese intervalo de tiempo que esperaba a Hayama. Se exaltó más que todas las veces anteriores cuando los mechones rubios fueron ascendiendo por entre los escalones.

— Haya…

No pudo terminar las palabras cuando se encontró de frente con el rostro pasmado de Miura. ¿Qué tipo de cliché era su vida? El que orquestaba su historia debía ser un payaso sin ningún sentido de la originalidad.  Soltó una risita que ocultaba una más grande y se levantó previendo que quien seguía detrás era Hayama. A su predicción se sumó todo el combo completo.

— Hiki...tani ¿qué haces aquí?

Las palabras cortantes y llenas de una sospecha bien fundamentada lo recibieron. Miura no era ninguna boba y entendía con previsión que su presencia allí significaba algo de suma descomposición. Él estaba podrido, la sustancia orgánica e invisible que lo unía a Hayama era biológicamente detestable. Sacudió su pantalón y metió sus manos en su chaqueta. En ese momento enfrentó con toda la naturalidad del mundo las pupilas del color del cielo y dejó salir a su acostumbrado cinismo hacer todas las presentaciones correspondientes.

— Solo he venido aquí porque él me ha citado.

Con la dirección de su foco visual enmarcó al rubio que se encontraba desconcertado como cualquiera.

— Me ha dicho que tenía que hablar algo conmigo y que resultaba urgente así que aquí estoy. Supongo que no era tan privado desde que todo el grupo está aquí.

Redujo el tamaño de sus ojos con un parpadeo que no llegó a completarse. Dejó que un pie siguiera al otro para dejar que su salida fuera digna, en ese momento se sentía la persona más humillada del mundo. Sabía que Hayama iba a tener el acto compasivo de no desmentirlo, pero tampoco le seguiría la cuerda.

— Es verdad… no pensé que llegarías tan rápido.

No se detuvo por la suave voz que ya conocía como el farol de la amabilidad que insistía tanto en desmentirle sólo a él. Era una frase que significaba «vete de aquí».

— Sí lo sé, mi culpa.

Justo antes de irse, sus ojos se enfocaron de nuevo en ese hombre y dijo con una sonrisa.

— Realmente… era importante.

No era su intención disuadirlo, pero tenía la necesidad de salir con la humillación completada y pararse desde ahí hacia su recuperación. Ante esas palabras nadie dijo mayor cosa, ni siquiera se escuchaba que Ebina interviniera con algún comentario de interpretación conveniente hacia su afición.

— Te acompaño a la salida.

Hayama le atravesó con esas palabras, Hachiman sólo encogió los hombros y siguió derecho con un grado más de flexión en su joroba. Entre los murmullos vio que este le entregaba las llaves a Miura para que fuesen entrando de una vez. Cuando estaba en el primer piso, pensando que ya todo había terminado como debía acabar, no dijo más que una despedida, pero antes de siquiera poderla articular, los brazos de Hayama lo arrastraron hacia el punto ciego entre las escaleras y la calle.

Lo único que sintió fue el calor y la fuerza con la que era abrazado, estaban temblando por un sentimiento demasiado fuerte, demasiado intenso.

— Dime qué era tan importante, te lo suplico.

 La cara de Hayama se ocultó en el cuello de Hachiman y toda la fortaleza de los dos se drenó hacia un nuevo propósito: la sinceridad.

La respiración de Hachiman se ralentizó y notó que el cielo estaba singularmente despejado esa noche. Las estrellas parecían las miles de lágrimas que alguna vez deseó dejar fluir por sus mejillas.  Arrastró los brazos en contra de muchos de sus principios a la espalda de Hayama y se apretó a él. No supo qué hacer con tantas palabras y lo primero que salió fue un ofrecimiento de supremo corte pesimista.

— Me quiero… equivocar contigo…

El cuerpo de Hayama se puso rígido y se separó tan solo el espacio necesario para poder enfrentar la mirada de Hachiman y encontrarse con la expresión más inesperada. Los ojos se convirtieron en los espejos del cielo y cada estrella se reflejaba en un fondo gris. Hayama acunó el rostro del quien era su todo y acercó sus labios con el cuidado con el que se trata la porcelana. El primer roce fue contraste entre el frío de ambiente y la humedad de los labios. No era el simple acto de trasposición de los deseos a lo físico, sino saber que los dos ya no tenían escapatoria del otro.

El beso se fue volviendo uno de corte ansioso, era debido a la agitación de la emoción, la innegable felicidad de reconocer que un error era lo único que lo podía salvar del mundo de la rectitud. La sonrisa que generalmente se sabe que es la de simple corte formal, se transformó en una elegante y hermosa sonrisa que hizo fundir las neuronas de Hachiman durante un momento. Le pidió a Iroha y a Miura disculpas en su mente, él también se había convertido en una competencia que quería ganar a Hayato Hayama a un costo doloroso.

Cuando tomaron la decisión de separarse, las últimas estrellas rodaron por la mejilla de Hachiman que tenía una expresión llena de dicha, pero no era una sonrisa abierta sino que sus ojos transmitían todo ello. A Hayama también se le notó el incesante umbral de alegría que llegaba cada vez a algo tan alto como el mismo cielo.

— Ya te dije lo que tenía que decirte, ya me voy.

— ¿Bromeas? 

Casi podía creer que Hayama saltaría como una colegiala en cualquier momento.

— Quédate conmigo esta noche.

Los dedos se filtraron en los suyos como si ese gesto siempre hubiese estado ahí y lo reconfortó en cierto grado no haber retirado la mano por la sorpresa.

— Pero todos te están esperando, es mejor que sea en otro momento.

— Para nada, espérame te prometo que ellos se irán pronto.

Otro pequeño beso le dejó asentado el corazón en un tranquilo lago.  No le importaba si lo que dijo era una mentira, si realmente nunca bajaba y se resfriaba como un idiota, pero estaba feliz. Se sentó en el lugar en donde todo sucedió y de nuevo dejó que las estrellas se reflejaran en sus ojos.

***

Ya era pasada la media noche, en ese momento estaba metido en la misma cama de la que había huido en tiempos pasados. La sensación de bienestar por estar siendo abrazado y acariciado con toda la paciencia del mundo lo tenía extasiado. Era como un gato en un día de verano en la hierba. La gentileza de cualquier gesto se multiplicaba con la dicha de relajarse y dejar de tratar de hacer todo perfecto.

— Te quiero, quisiera que no te fueras jamás.

Envidiaba que le quedara tan fácil a Hayama decir ese tipo de cosas. Pero por ahora, tan sólo en ese momento podría estar seguro que no se iría. Esa noche era muy fría, ese cuerpo era muy cálido y ese abrazo era muy cómodo.

— Estoy feliz de estarme equivocando.

 

Gracias por leer este melodrama sin lemon ni pena ni gloria, pero el amor de estos dos hace que se me fundan las neuronas y siempre creeré en el futuro de esta pareja, siempre habrá Hayahachi en mi corazón.