martes, 7 de julio de 2015

Con tan sólo un paso - Capítulo 10



10

Cedric


« Calma»


            Era un premio, haber podido hablar con él se le presentaba como la recompensa a un amor no correspondido. No podía considerarse una victoria completa, ya que se debía sólo al reemplazo de algo imposible a algo totalmente intangible como lo era el amor platónico hacia Perséfone, es decir, Thom.

            Y qué podía criticarle él a todos esos pequeños detalles si estaba más que conforme con la situación. Le podía importar menos, sólo había conseguido un agradable sentimiento a cambio de prácticamente nada. Por supuesto que él no era una persona corta de espíritu que no supiera entender que era totalmente imposible conseguir alguna retribución romántica a su devoción por Perséfone.

Sumando todo lo anterior, en eso derivó su motivación por evitar volver a ir a Firefly. Lo último que quería era que Perséfone se sintiera presionado de forma negativa con su presencia. Era una persona supremamente conformista, cabia resaltar, así que no era difícil esa decisión.

Esta vez iba a tratar a sus sentimientos aprehensivos de forma diferente, no repetiría el mismo error que cometió con Elliot. Como ya se había mentalizado a tan sólo permanecer a la distancia, la agradable sensación de tranquilidad era deseada.

Ahora podría entender cualquier persona que se sintiera inquieta respecto a su actitud, el por qué en tres meses no había vuelto a ver a Perséfone. Había logrado algo que probablemente nadie más habría hecho y quizá se debiese a esa satisfacción lo que le disminuía la ansiedad de verlo otra vez.

En esos tres meses, se alejó un poco de su mundo virtual y decidió prestarle un poco más de atención a la realidad. Ya se habían acabado muchos de sus juegos referentes a las suposiciones respecto a cómo sería el encuentro con Perséfone. La magia cruelmente se habia asesinado voluntariamente contra la realidad.

            En eso llegó la noticia a los dos meses, que por fin habían concretado el proyecto para presentarlo a la disquera. Eso lo alegró a sobremanera, al fin el mundo reconocería a esa banda de la que se había enamorado a primera vista. Tal vez estaba madurando, por el hecho de no sentir tantos celos de aquellos que amarían a Perséfone.

No sé si estás aquí porque quieres porque no tienes nada mejor que hacer en la casa.

El comentario medio inconforme provenía de su compañero de grupo de investigación, Seán. No eran amigos, ni enemigos, ni tenían alguna relación que trascendiera la académica. Era un chico bajo, medía 1,60 m, el cabello era verde oscuro y sus ojos eran color miel. Tenía unas facciones fuertes a pesar de tener un cuerpo poco varonil.

            En esos tres meses se había concentrado en sacar adelante el proyecto interdisciplinar que habían hecho con ingenieros químicos y biólogos, para una empresa de petróleos. Con ello le sería más fácil ir adelantando lo que haría con su tesis. También eso le quitó mucho tiempo a su afición con TUA.

— Ninguna de las dos, estoy aquí por la responsabilidad que tengo.

Ni una espina de sarcasmo ni rabia estaban pintadas en las palabras, fue dicho con un tono que trasmitía un mensaje literal. Seán bufó, estando decepcionado de haber perdido una oportunidad de pelear contra esa pared que resultaba su indiferencia a intimar con él.  No tenía intenciones de ser su amigo, lo que se discutía como las posibles razones por las cuales él tratara de hacer romper esa frontera, era por el bien del trabajo mismo. Si un grupo no se comunica y una parte tampoco tiene la voluntad de colaborar, todo colapsaría.

— Si realmente existe ese compromiso, te pido por favor que dejes de andar divagando pensando en cuantas veces follaras esta noche, y termines de diseñar lo que te pedimos.
— No sé si tú crees que diseñar sale de la noche a la mañana, así que tendrás que esperar.
— ¿Cuánto tiempo crees que tienes?

            Cedric dejó el lápiz y la escuadra en la mesa y se levantó. Estirando los brazos y moviendo las caderas de un lado a otro, fue caminando a la cafetera que estaba al fondo de la habitación. Inhaló varias veces el olor a café sintiéndose lleno de una misteriosa sensación estimulante. Eso era lo que necesitaba, una buena inyección de dinamismo.

            — Lo terminaré antes de las cuatro ¿Está bien para esa hora?
            — Entre antes mejor, pero por lo menos si llega a ser hoy te agradecería. Sabes que necesitamos esos planos para trabajar con los biólogos.
            — Lo sé, lo sé, ya cálmate, hasta ahora son las once. El día no se ha acabado.

            Los sorbos amargos se diluyeron en su sistema y los pensamientos turbios sobre su nueva personalidad se escondieron en algún recoveco de su cerebro. Era lo mismo que haber encendido un botón que lo ponía en modo de trabajo. Se volvió a sentar con una mirada fija, tomó el lápiz con toda la intención de trazar todas las líneas necesarias que le permitieran deshacerse de la presión puesta por Seán.

            En un principio iba a enfocar su ingeniería a algo mucho más administrativo, por eso todo convergió en que cuando conoció a Elliot quien estudiaba economía, él inmediatmente metier toas las materias libres que podía en esa carrera. Eso hizo que en este proyecto se le asignaran no solo trabajos de diseño, sino también cuestiones administratias.

Estaba conforme con la mayoría de sus capacidades, no era perfeccionista, ni psicorigido, sólo de forma espontanea era capaz de sacar buenos productos. Si ese era el caso, con entera certeza habrá de cuestionarse qué le incapacitaba terminar exitosamente el trabajo del proyecto. Para responder eso, se dio cuenta que estaba incapacitado a dar una respuesta. Quizás su tiempo de inspiración había terminado.

***

Al final, no fue capaz de entregar el diseño a las cuatro y tuvo que seguir derecho hasa las nueve de la noche. Llegó a la casa agotado, no quería ver una linea más feente a sus ojos o colapsaría. Cuando estuvo en su cuarto, quitó la ropa sucia que habia puesto encima de la cama, se quitó la ropa que tenía puesta y al final lanzó los zapatos hasta donde dio la pared.

Al fondo podía escuchar a su mamá ofreciendole comida, pero estaba tan supremamente cansado que no quería caminar hasta la sala. Podía asumir que se le iba a hacer una atención como premio por su honorable esfuerzo, pero no fue así. Se puso la pijama e inmediatamente pasó al comedor.

La comida fue una ensalada con un pedazo de carne. Todos estuvieron en silencio, hasta que el timbre de su celular le avisó que le había llegado un mensaje. Sacó sin prisa el aparato, y cuando abrió la bandeja de entrada, se extrañó cuando leyó que tenía un mensaje nuevo en el foro de una chica con la que nunca había hablado.  El mensaje decía así: «Hola soy Thanatos Nightmare, encantada de conocerte, me preguntaba si te gustaría que charlasemos un poco sobre la banda y esas cosas. Me ha parecido muy interesante tu post sobre cómo conociste a la banda. Espero tu respuesta, adiós»,  no tenía ni idea de donde había salido esa chica, por lo que en ese momento no le dieron ganas de contestarle.

Ya más tarde, alrededor de la media noche se despertó de su inmaduro sueño y tomó el celular. Era una costumbre que se podía considerar universal, el hecho de molestar con el celular hasta cogerle de nuevo el sueño. Abrió el foro y se planteó en responder el mensaje de la chica misteriosa. Comenzó a escribir, no tenía prevención alguna a estrechar relaciones con más fans de TUA, sin embargo en ese momento no estaba tan entusiasmado como antes. No por culpa de TUA cabía aclarar, sólo era que tenía ganas de revivir unas sensaciones dañinas para su estado mental tranquilo.

Me gustaría pensar que Perséfone se sintió agradado con mi visita.

            Le habló a la nada esperando a la vocecilla que siempre le subía la autoestima tratando de llenar todos los conceptos desconocidos con afirmaciones favorables para sí. Se puso a revisar de nuevo después de mucho tiempo el grupo de Perséfone y encontró gran cantidad de nuevos post, pero ninguno que le llamara la atención. Esperaba encontrar algo relacionado con noticias, pero sólo eran de opinión. 

            Cuando iba a salirse, apareció la respuesta de la chica a la que le acaba de responder. Cuando volvió a abrir el mensaje, se sentó en menos de un segundo. Esa chica había dicho lo más inesperado que podía prever. «Me han dicho que tú sabes donde trabaja Perséfone», un millón de preguntas le llenaron la cabeza con respecto a las posibles implicaciones que existirían por el hecho de que se filtrara la información. Él estaba seguro que no había sido por un descuido suyo, porque nunca había mencionado nada respecto a su visita a Perséfone.

« ¿Quién te dijo eso?»

«Un rumor corrió por allí de que algunas personas habían descubierto donde trabaja y entre esas estabas tú»

« Están totalmente equivocadas esas personas, yo no sé nada de eso, pero en caso de que llegases a saber, te agradecería que me dijeras»

«Ah bueno, igual si estás ocultando la información podría entenderlo.»

No fue capaz de seguir la conversación, tenía miedo que se notara que realmente había visitado a ese hombre. Le llegaron más mensajes que no le interesaba ver. Esa chica sólo se había acercado a él con el fin de ver si podía ver a Perséfone, pero por más que lo presionaran, él iba a callar.
  
***

Un futuro desalentador se escurrió frente a sí. Si llegasen a molestar a Perséfone con visitas no deseadas, iba a ser su culpa por no ser capaz de mantener a la gente que se había enterado de su afortunada posesión de información, al margen. Lo único que se le ocurrió es que debía avisarle para que no se enfrentara a tan desagradable escena.

A los dos días de haber recibido esos mensajes, programó la visita al bar. Mas que por precaución,  era por paranoia que no iba a entrar y se propuso esperar a la hora de cierre del establecimiento. Sólo iba a dirigir unas palabras de disculpas y advertencia. Contra todo pronóstico no estaba ni un poco nervioso.

Se quedó en un bar cercano. Lo que podría parecer una eternidad en términos mundanos, a él le resultó un trasegar tranquillo y lleno de posibilidades. Estas consistan en el espacio conveniente para hallar muchas ideas para el proyecto, fantasear con su encuentro y quierer sobrepasar su mediocre nivel interpretativo.

Cuando el reloj fue marcando las tres de la mañana, él ya estaba recogiendo sus cosas. Pagando la pequeña cuenta de cinco cervezas, se liberó del lazo de falta monetaria que lo contenía. La calle estaba fotografiando las figuras desterradas de sus vínculos a la evasión y abría sus brazos para recibir el contenido de los estómagos de los desafortunados. Pero Cedric no tenía nada de regalarle a la calle debido que no hacia parte del gremio.

Unas calles más abajo y reconoció al guardia que lo retuvo la otra noche. Se alegró de verlo por la connotación inferencial que traía. Unos pasos impotentes se cometieron en consecuencia de la solidaridad del asfalto a su necesidad. La sensación de superioridad era nociva e ignorando el poder destructivo que podía acarrear se  dejó llevar en el flujo de alquitrán seco.

— Buenas noches ¿Thom se encuentra?

—Ya se acabó la hora de atención.

— Lo sé,  no quiero ser inoportuno sólo necesito hablar con él un segundo.

El guardia se hundió tras las puertas que hallaba murallas impenetrables y emergió de esa frontera el dios que todos los días se robaba parte de su aliento. Debía reconocer que cola de caballo con la que lo había conocido informalmente era su peinado triunfador. En ese momento toda la serenidad se escapó haciéndole la peor travesura que en ese momento pudiese afectarle.

— Hola, qué sorpresa.

No era por falta de voluntad que no respondió, fue el aire traidor que se encargó de ello. Definitivamente había algo más misterioso que el universo y más inexplicable que la vida misma, que lo unía a la existencia denominada «Perséfone».

— Ha pasado bastante tiempo desde que me visitaste.

— Lo siento mucho.

— Bueno... no es para tanto.

— No es eso, es que por mi culpa más gente se pudo haber enterado de donde trabajadas y...

— Oye, llegas un poco tarde a avisar, desde que viniste he recibido muchas visitas. 

— Lo siento mucho.

— Cálmate, no ha habido ningún problema con esas visitas. De hecho no fuiste él primero en visitarme. 


—... ya veo.

— U...una... chica fue la primera que vino.

Cedric no le importaba quien había venido antes, por el simple hecho de hacerse conciente que quienes le suministraron la información era poseedores de una ventaja. Tan absurdamente decepcionado se sentía que no fue capaz de seguir mirandolo. Bajando su campo visual a sus pies, produjo una cadena hablada que si bien era su sentir en ese momento no se interpretó correctamente.

— Felicitaciones por completar el proyecto de la disquetera.

—... Gra...cías.

— Ya no te molesto más, me voy. Te deseo lo mejor.

— Fue gracias a ti que pude terminar la canción.

La parte encargada del procesamiento lingüístico se saturó con la decodificación.  Sus ojos azules como el mismo cielo de verano se inyectaron en la cara sonrosada de Persėfone. Espera... ¿qué? ¿Sonrosada?

— Digo...no, pues gracias a personas como tú... que siempre nos apoyan.

— Ya veo... ya veo, en ese caso me alegro mucho haber ayudado en algo a lo que más me gusta.

— No ha sido sólo a mí, la banda fue quien recibió tu ayuda también.

— Sí,  yo me estaba refiriendo a la banda.

Soltó una risa refrescante cuando vio el rosado convertirse en un rojo intenso. Sólo con eso se podía perdonar su falta de sensatez, ya que era imposible que fuera el único en poder disfrutar un momento como este.

— Claro, tienes razón. Deberías entrar a tomar algo, está haciendo frío.

— Te agradezco, pero...

¿Qué demonios estaba pensando? Si lo llegasen a ver, podría ser un problema para él. No debía retractarse, bajo ningún motivo podía...

— Tienes razón, si hubiese alguien que supiera que dejo entrar a los fanáticos al bar... en ese caso  ¿Quieres que quedemos fuera?

Casi se desmaya en ese instante, por supuesto que iba a salir con Perséfone todos los días de su existencia, hasta el mismo infierno de ser necesario.

— Si no tienes ningún problema, me encantaría.

— En ese caso, dame tu celular. Yo te llamo.

Cuando le estaba dictando el número, quería ponerse a llorar. Esa persona podía transformar lo imposible en la realidad tangible. Su pecho estaba ardiendo en ese agradable calor que da la persona que a uno le gusta. Al final,  se despidieron con un amigable apretón de manos. Era sin duda alguna el mejor día de su vida.