martes, 22 de diciembre de 2015

[Con tan sólo un paso] Capítulo 17 - Tú


17

Perséfone


 

«Tú»

 

Lo primero que escuchó entre su dormitar fue el sonido de unas ollas cayendo. Se levantó rápidamente del sofá y se fue corriendo a la cocina. Lo que encontró le dejó espantado, su madre yacía en el suelo. Se agachó a su lado y le tocó el rostro suavemente.

 

— ¡¿Qué pasó, mamá?!

 

No recibió ninguna respuesta aparte de unos jadeos que evidenciaban que en ese momento su madre no podía respirar. La alzó con cuidado y la llevó al sofá, al momento de moverla ella quedó inconsciente. El estado de pánico se intensificó, no sabía qué hacer. Al reincorporarse en la cordura, llamó a la ambulancia y quedó a la espera de su llegada.

 

Después de veinte minutos, a su puerta llegaron los camilleros y paramédicos. Cuando entraron le pidieron explicaciones respecto al episodio y la información que dio no dijo mucho, así que recurrió a explicar el historial médico de su madre. Los paramédicos evaluaron la situación y siguieron el procedimiento de rutina, los camilleros la subieron a la camilla y se la llevaron.

 

Mientras eso sucedía, Thom alistaba todos los documentos que necesitarían en el hospital y se encaminó junto con su madre al interior de la ambulancia. Los procedimientos dentro de la misma no fueron complicados debido a que no estaban equipados para toda clase de eventos. En ese momento sólo quedaba rezar.

 

En cuanto llegaron al hospital, se quedó limitado hasta la entrada de urgencias porque no tenía más potestad de entrar. Metieron a su madre a una sala para estabilizarle los signos vitales y minutos más tarde fue llamado por una enfermera que estaba tomando todos los datos de la recién ingresada.

 

Le pidieron el historial médico y luego de unos treinta minutos, se quedó sentado en la sala de espera. Estaba aterrorizado de perder a su madre, era lo único que tenía y su razón para luchar. En la única persona que pudo pensar en ese momento, fue en Damien; necesitaba apoyo y no era que no confiara en Dylan o en Enzo, pero su mejor amigo estaba por encima de cualquier otro.

 

Tomó su celular y lo llamó.

 

— ¿Diga?

— Damien, hola.

— ¿Pasó algo?

— Mi mamá…está, está hospitalizada.

— ¡Qué! ¿Dónde están? Me voy ya para allá.

 

Thom le especificó la dirección del hospital y Damien se quedó un rato pidiéndole explicaciones. Estaba sintiendo como su nariz y sus ojos ardían por las ganas de llorar y decidió colgarle a su amigo. Tapó sus ojos con las manos y respiró profundamente para evitar hacerlo.

 

 

Pasaron dos horas hasta la llegada de Damien, corrió a abrazarlo y ese contacto le devolvió parte de su alma. La fuerza del abrazo le hizo sentirse más seguro y de alguna manera, trasmitió toda la tranquilidad que necesitaba.

 

— ¿Qué fue lo que pasó?

— No lo sé..., me desperté y ella estaba en el piso de la cocina.

— ¿Y los médicos qué han dicho?

— Están haciéndole los exámenes, pero con el diagnostico con el que entró fue el de un ataque cardiaco.

 

Damien pasó el brazo encima del hombro, lo estrechó fuertemente. Siguieron hablando de temas menos escabrosos, pero eso no dispersó completamente la ansiedad insana con la que seguía esperando alguna respuesta con respecto al episodio de su madre.

 

Cuando ya eran las nueve de la noche, un médico lo buscó en la sala de espera y lo hizo entrar. Le siguió al consultorio, le sentó al frente del escritorio y espero a recibir alguna contestación. Intentó leer a través de las facciones impasibles si había una noticia que anunciase alguna desgracia, pero no había ningún cabo suelto que le diera entender eso.

 

— Efectivamente su madre tuvo un ataque cardiaco, y como bien podrá usted saber fue a causa de la diabetes. Estuvimos haciendo unos análisis y descubrimos que la enfermedad ha empeorado por un mal tratamiento que se le ha venido haciendo.

— ¡¿Pero por qué?! Yo le he estado dando los medicamentos que le formularon.

— ¿Hace cuánto fue que se los formularon?

— Hace cuatro meses.

— ¿Y no le han hecho ningún control desde ese momento?

— Hace dos meses pero nos dijeron que no había nada diferente.

— Pues creo que debería haber cambiado de médico. En este momento lo que ella está tomando no le está sirviendo de nada para controlar la enfermedad.

— Bueno mientras…, mientras actualicen la fórmula me comprometo que siga el tratamiento.

— Ahora la situación es que ella está muy delicada, probablemente deba quedarse una semana en observación y tomará un poco más de tiempo que se le pueda dar de alta.

 

Toda la conversación no había tenido un tono amable, pero ésta última declaración sí lo afectó a más de lo que pensó. Apretó sus manos, una contra la otra, y se quedó callado durante un largo tiempo porque no sabía qué decir.

 

— Entiendo que esto sea duro para usted, y también quiero que sepan que es un milagro que su mamá siga con vida. 

— ¿Será que puedo verla?

— Tal vez mañana, ahora está bajo los efectos del tratamiento y está dormida. Le recomiendo que vaya para su casa por esta noche y vuelva temprano, no creo que se presenten ningún problema que lo requiera a usted aquí.

 

Las palabras de despedida del médico no fueron más agradables que el resto de la conversación, y el sentirse echado el lugar tampoco era algo mejor. Era más que obvio que no iba irse a su casa, no podría regresar a ese lugar sin que su madre estuviera con él. Cuando llegó a la sala de espera, Damien le estaba aguardando con un café caliente.

 

— ¿Qué sucedió?

— Dijo que el tratamiento que en este momento tenía para controlar la diabetes no estaba sirviendo y que había tenido un ataque cardíaco. Va a durar una semana en observación y que es un milagro que siga viva.

 

Con cada noticia las palabras se difuminaban en el aire y con ello su voluntad. Thom perdió toda la fuerza y las extremidades languidecieron. Realmente su madre pudo haber muerto por negligencia médica o por su propia incapacidad para poder darle una mejor calidad de vida. Se había dicho muchas veces que tenía que pasar en alguna universidad, pero era la hora en la que cada semestre llenaba formularios que nunca llegaban a su destino.

 

¿Realmente esa era la vida que quería? ¿Podría decirse que todo lo que estaban haciendo valía la pena? Lo que recolectaron de su concierto, a duras penas cubrió los gastos. El proyecto de la disquera iba más lento de lo que se imaginaba. En ese momento las dudas eran alfileres que eran cuidadosamente puestos a su alrededor para que en un movimiento en falso se clavaran en su voluntad.

 

— No importa que tan costoso sea el tratamiento, nosotros te ayudaremos a pagarlo.

 

Alzó la vista para ver la expresión apacible de Damien. No había duda en sus palabras, ese apoyo proporcionaba el alivio inmediato a muchas de sus inquietudes, pero no a todas. Había pensamientos profundos que sólo le correspondían a Thom, un eterno problema con su futuro y con lo que realmente sentía que debía hacer.

 

— Gracias.

— Hoy no podremos ver a tu madre ¿Verdad?

— No…

— Deberíamos irnos a casa y descansar un poco.

— ¿Cómo crees que vamos a ir allá? Tengo que quedarme y aguardar por ella.

— Thom, escúchame, tienes que traerle los pijamas, toallas y cosas de aseo. Si la van a hospitalizar necesitara que tenga todas sus pertenecías.

 

No había pensado en eso, era solo que la idea de dejarla sola le destrozaba por dentro. Pasara lo que pasara, quería estar allí para ser el primero en enterarse.

 

— Podrías ir tú al apartamento y traer sus cosas.

— Thom, lo entiendo, pero vamos un rato a casa y ya regresamos. Llevas todo el día aquí, necesitas un descanso.

— Te lo pido, no me hagas irme de aquí.

 

Las palabras se organizaban como una súplica, pero el tono era imperativo. No estaba en discusión su decisión. Era imposible moverse de allí. Sacó de sus bolsillos las llaves y se las entregó a Damien. Una palmada en el brazo fue la señal para que pudiera partir. En ese largo pasillo, la figura de Damien se iba difuminando hasta llegar a la entrada.

 

Iba a ser una larga noche.

 

 

 

Al día siguiente, quienes lo fueron a visitar fueron Dylan y Enzo. Como era de esperarse Damien los llamó y les pidió que trataran de convencerlo de que fuera a la casa. La reacción al ver sus caras fue de consternación, no quería que sus amigos dejaran sus actividades por el problema de su madre. No quería sonar estúpido, pero creía que era algo de lo que sólo podía encargarse él.

 

Entre todos los días que había visto a la pareja, ese fue el día en el que más notable se hizo que entre Enzo y Dylan había pasado algo, algo grave. Enzo tenía ensombrecido un cachete y los ojos irritados, mientras que Dylan tenía unas ojeras y los ojos rojos, como si hubiese llorado mucho. Ese estado después de un rato, pudo intuir que no era por lo ocurrido a su madre.

 

No se sentía capaz de preguntar, agregando al caso porque estaba en su drama personal. La amabilidad con la que le manifestaron su apoyo fue reconfortante. Dejando las diferencias de lado, Enzo y Dylan estuvieron todo el tiempo con él y no fue sino hasta las cuatro de la tarde que les dieron permiso para entrar a visitar a Franzeska.

 

Ni toda la preparación de ese día y medio, le dejó listo para ver a su mamá. La palidez de su rostro, los ojos notablemente afectados, la incapacidad de hablar, y lo más impresionante de todo, la cantidad de aparatos que se esforzaban por mantenerla viva. No quería llorar, pero fue inevitable; huyó de atacarse desmedidamente, pero incluso tuvo que voltear el rostro durante unos instantes para quitar un poco la imagen de su débil progenitora.

 

— Le ha costado más de lo que creímos reponerse a los medicamentos que le dimos ayer, hoy ya ha almorzado por su cuenta sin necesidad de depender del suero. Igual, sigue muy débil y no puede hablar mucho.

— Doctor ¿Va a salir de esta?

— Sí, ya está estable. Con el nuevo tratamiento se pondrá bien.

 

Thom se limpió las lágrimas, ya más calmado se acercó a su mamá y le acarició la cabellera grisácea. La boca de Francezka se hizo una sonrisa pequeña e intentó decir unas palabras que terminaron siendo impulsos de aire de su garganta.  

 

— Está bien, no tienes que hablar.

 

Al mismo tiempo que Thom estaba con su madre, Damien dejaba todas las cosas personales de ella en el clóset. La asistente de enfermería estuvo pendiente y organizó los utensilios. A parte de eso, podría decirse que la hora de visitas que les dieron, consistió en verla dormitar.  

 

Ya una vez salieron, el doctor de nuevo explicó la situación con más detalles y dejó estipulado que era probable que la instancia de Franceska se alargara más de la semana que habían previsto. Todos estaban de acuerdo con dejarla los días necesarios para que estuviera bien. Una vez despachados del cuarto y dejados en la sala de espera, ya todos sabían que era hora de partir.

 

Quien comenzó la despedida fue Enzo, le dio un abrazo como sólo era él capaz de hacerlo y le demostró toda su voluntad de ayudarlo hasta las últimas consecuencias. El que reaccionó negativamente ante la despedida del vocalista, no fue otro que Dylan que secundó la moción con angustia. No pudo ser más evidente su pelea cuando después de despedirse de Damien, Enzo ignoró a Dylan y siguió derecho.

 

— Dylan espera. — Damien lo tomó del brazo evitando que se fuera corriendo. — ¿Qué pasó entre ustedes?

— Es difícil de explicar, después hablamos, lo siento.

 

Quitó su brazo con agresividad y se fue corriendo detrás de Enzo. Damien lo miró con un gesto confuso y él también se sentía igual. Había estado en una guerra fría al comienzo de la visita, pero ahora eso era inexplicable. Lo único que pudo pensar fue en el embarazo de la novia de Dylan; había pasado tanto y no parecía haber ido a mayores que pensó en olvidar el tema, pero ahora era notorio que lo que había salido mal, los terminó hiriendo a los dos terriblemente.

 

***

 

Hacía casi dos semanas que su madre estaba en observación., la mejora era notable, sin embargo no descartaban una recaída y seguían  teniéndola vigilada. Lo cierto es que el estado era tranquilizador, ya hablaba, se reía, daba pequeños paseos por el cuarto, se notaba la vitalidad. De vez en cuando tenía un entumecimiento en las piernas muy doloroso, pero era manejable.

 

Para Thom las visistas se hicieron cada vez menos estresantes. El alma había vuelto al cuerpo desde el instante que su madre pudo hablar hacía una semana. Ahora si estaba totalmente seguro que Franceska los acompañaría otro poco en sus vidas.

 

El último día en observación y que ya la trasladarían al cuarto hizo una petición extraña. Le pidió a todos que la dejaran sola con Damien. La razón para hacerlo era totalmente desconocida, no obstante nadie estaba en condiciones de negarle algo. Todos evacuaron el cuarto y quedaron ellos solos.

 

Damien estaba nervioso, pensó que era algún tipo de ajuste de cuentas. Se sentó en el sillón que quedaba al lado de la camilla y esperó a que la viejita tomara fuerzas para hablar.

 

— Ya mis días están contados Damien.

— No diga es…

— Déjame hablar.

 

El dulce tono con el que se caracterizaba la voz de Franceska, se tiñó de una dureza y bajó unos decibeles hasta dejarla en igualdad de condiciones a la imponencia de un trueno.

 

— Todos sabíamos que esta enfermedad me iba a matar algún día y ya estoy sintiendo que este es el límite. No voy a negar que me he estado sintiendo muy bien estos días, mucho mejor de lo que me he sentido en meses, pero soy realista. No estoy curada, nunca voy a estarlo y cada vez es más complicado manejar esta enfermedad.   

— Estás diciendo esto por la impresión de este incidente, pero estarás bien. Nadie dice que la diabetes desaparecerá, pero si está bien tratada es…

— Damien, lo que quería hablar contigo no es sobre como siento que me estoy muriendo, eso cualquiera puede saberlo sólo con verme; lo que realmente quiero hablar contigo es sobre Thom.

 

A sabiendas de que era ciega, sus ojos se posaron en alguna parte de la cara de Damien; teniendo claro el efecto intensificador que tenía su mirada en el otro.

 

— Yo sé que si me muero, Thom no lo va aguantar. Ha estado dependiendo de mí para sentirse vivo durante prácticamente toda su vida. Ya sabes la historia con mi difunto marido, nada fue fácil para nosotros, pero no creo que sea justo que Thom siga pensando que tiene que inmolarse por mí. Así que cuando llegue el día de mi muerte, quiero que por favor cuides a Thom. Yo he estado ahorrando todos estos años preparándome para el día que siento que ya va a llegar, quiero que mis ahorros sean para ayudarle a Thom a mudarse a otro lado. No quiero que siga viviendo en esa casa cuando yo me muera, porque sé que no dudará en seguir mis pasos poco después.

— ¡No digas eso! Él no sería capaz de suicidarse.

— Entonces no lo conoces bien. Escucha, te lo estoy diciendo porque sé que eres después de mí, el apoyo más importante que tiene mi hijo. Él renunció incluso a volverse a enamorar, a tener una pareja, sólo para no dejarme a mí. Pero se arriesgó a tenerte como amigo, como su mejor amigo, porque sabe que no lo vas a abandonar y no me tiene que abandonar para estar contigo.

 

Damien estaba sin palabras, estaba recibiendo el testamento de Francezka justo cuando todos celebraban su mejoría. Trató de construir un discurso que contradijera todo lo que la anciana había dicho, para al final descubrir que su boca estaba vacía. Se revolvió en su asiento y se acomodó colocando sus codos en sus piernas y bajando la cabeza.

 

— Nunca dejaré a Thom solo, lo prometo Francezcka, pero prométeme tú a mí que te esforzarás para seguir viviendo.

— No puedo asegurarte nada. Ya no depende de mí.

 

En la mirada de Damien apareció la angustia más pura, esta dio un paseo de unos segundos y después fue despachada. No existiría nadie que se sienta bien con palabras como las anteriores, ni tampoco existiría alguien que se sienta bien con una responsabilidad tan grande como la vida.

 

Sintió que para no ser una conversación muy larga, el tiempo que consumió fue mucho. Después de diez minutos de silencio luego de acabar con la charla, uno de los guardias le comentó que ya se habían acabado las horas de visita.

 

Cuando salió del cuarto se dio cuenta que ya nadie lo esperaba, seguramente todos estuvieran en la sala de espera. Caminó con pesadez y sintió un impulso de salir corriendo hacia algún lado que no estuviera cerca de allí. Sintió miedo y desconsuelo por las palabras de esa mujer, y no sólo eso, sino saber que tenía razón cuando decía que sin ella Thom se moriría fácilmente.

 

Si ella se iba, era casi perder automáticamente a Thom con ella y no podría aguantarlo. Sintió pena de sí mismo.

 

***

 

Estaba tomando un café, se había cansado de estar sentado así que decidió darse una vuelta mientras comía. Pronto tendría dolores en los pies al igual que su madre si seguía tanto tiempo en la misma posición. La circulación le agradeció el cambio y se puso a deambular por el pasillo.

 

Enzo y Dylan se habían desaparecido unos minutos después de ser despachados por su madre del cuarto. Estaba muy preocupado por ellos, por la banda, por el futuro. La cabeza le dolía mucho y sabía que era por las pocas horas de sueño de esas semanas.

 

Después de avanzar unos metros se encontró con Damian que bajaba las escaleras.

 

— ¿Cómo te fue con mi mamá?

— Bien…

 

El poco dinamismo con el que habló, le despertó todas las alarmas.

 

 ¿Qué te dijo? Damien…

— Vayamos a otro lugar a hablar, por favor.

 

Los dos se encaminaron de nuevo hacia la cafetería del hospital y escogieron un lugar al lado de la ventana. Damien tomó un sorbo de agua y en vez de sentarse, se recostó en el ventanal. Su mirada se perdió en algún punto, hubo un silencio incómodo que duró unos segundos. Al parecer sólo tenía permitido Damien, romperlo.

 

— ¿Qué has pensado de la universidad, Thom?

— Quiero entrar a estudiar.

 

Damien tomó otro sorbo de agua y le sonrió de nuevo al ventanal como si este fuera alguien muy querido.

 

— Vamos a llenar los formularios para el próximo semestre, tienes que entrar.

— Sí, eso quiero. Damien… Pasó algo ¿verdad?

— Claro, siempre pasa algo ¿No crees? Pero si tu pregunta es por qué estoy hablando repentinamente sobre esto, es sencillamente que no quiero que Franceska se vaya sin verte triunfando en algo. Porque yo sé, que tú no esperas nada de tu carrera como músico.  Incluso yo también dudo sobre este camino.


No recibió en ningún momento la mirada de Damien y se sintió desprotegido. Ya podía darse una idea de lo grave que fue la conversación con su madre como para que este se mostrara tan melancólico. Podía ver el reflejo de Damien en el vidrio y los ojos que aguantaban con entereza las ganas de llorar, la sonrisa que sólo transmitía una tristeza más grande y todo eso le comunicó el peor mensaje que en su cabeza se pudo gestar.

 

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