miércoles, 2 de octubre de 2013

Realidad Capítulo 22

Buenas y santas y muchas santas.
Les recomiendo que escuchen esta ópera mientras leen el capítulo.



Capítulo 22

«Wounds»

Ese sábado inesperadamente no tenía ningún plan por hacer. No era ya extraño salir todos los fines de semana, pero en ese no había nada que hacer. Por supuesto, había sido invitado a ir a una que otra fiesta, pero no estaba de ánimo. Cómo cosa extraña, estaba su tío en casa. Era un señor de lo más singular. Era periodista, pero no tenía nada de las características nobles de la profesión, en otras palabras, no era más que salir corriendo a cualquier evento, tomar unas cuantas fotos y escribir chismes.  

De fondo comenzó a escucharse una ópera. Bien, pues tenía ese tipo de gustos como la música clásica y las óperas. Se molestaba cada vez que escuchaba algo más moderno. Siempre decía «Elliot, lo que escuchas es basura.  Nunca podrías comparar esa ruido con un Vivaldi o con un Tchaikovsky ». Le daba risa la cierta intransigencia que tenía con todo lo que le gustaba. 

En ese momento los coros eran potentes y trasmitían una gran fuerza. No se sentía muy agradado con esa música, pero tampoco era algo que abominara. Su madre también era parecida, así que se acostumbró a aquellas cosas. 

— Tío, qué raro que estés aquí. 

— Oh Elliot, qué sorpresa ¿Hoy no sales? 

— No, a veces hasta a mí me dan ganas de ser hogareño. 

La sonrisa de su tío en respuesta no contenía ningún mensaje. Tampoco esperaba nada de vuelta.

— Estaba escuchando un poco de Handel ¿Quieres acompañarme? 

— No estaría mal. 

No es que quisiera realmente, pero en ese momento quería compartir tiempo con alguien que no estuviese relacionado con su tormenta mental. La verdad se estaba sintiendo muy triste. No sabía bien esa nostalgia de dónde salía; si era que extrañaba su casa o era que estaba desesperado con Joshua  o era que se estaba sintiendo muy solo. 

— Tío ¿Puedo preguntarte una cosa?

— Claro, dime. 

— Según tu criterio ¿Cuál es la mejor forma de ayudar a alguien?

— ¿Perdón? Ah… claro, pero antes ¿Qué tipo de problema tiene esa persona? 

— Bueno, digamos que esa persona es un tanto insegura  y por eso mismo es muy controladora con la gente que quiere. 

— ¿Y qué has hecho para ayudarlo? 

— Hizo cosas terribles a un amigo de él, así que yo…  bueno dije que iba a hacer lo mismo y últimamente he estado quitándole los amigos. 

Su tío encanó la ceja y acercó a sus labios la copa de vino que tenía. 

— ¿Tú qué opinas de eso? 

— No lo sé, por eso pregunto. 

— Para mí suena terrible lo que estás haciendo si soy sincero. 

— ¡Pero…! las circunstancias no me dejaron otra opción.

— Qué ingenuo eres Elliot. Pensemos más analíticamente, si dices que aquel es alguien inseguro y todo lo que haces dejarlo solo y sin apoyo ¿Cómo crees que se va a sentir esa persona? ¿Realmente crees que pensará que lo estás ayudando? 

— Yo sólo quería que sintiera lo mismo que le estaba haciendo a su amigo. 

— Elliot, las personas no aceptan los problemas de la misma forma. Todos pensamos diferentes y por eso mismo,  siempre deberíamos tomarnos el tiempo de conocerlos. Así que seguramente esa persona no sintió lo mismo que su amigo, solo se sintió atacado, desprotegido y vulnerado. 

Los ojos de Elliot se vidriaron. No sabía si era porque de por sí estaba nostálgico  o si las palabras de su tío habían sido demasiado duras, pero unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos. 

— Tío, me siento tan impotente. Por primera vez, en verdad me estoy preocupando por otra persona, pero lo estoy haciendo todo mal. 

Su acurrucó abrazando sus rodillas  y se puso a llorar silenciosamente. Estaba necesitando desahogar su corazón. 

— ¿Qué tengo que hacer para que las preguntas tengan respuesta? 

— Elliot, mira te voy a contar una historia  y tú interprétala como mejor te parezca.  Imagina que vas por un bosque, llevas solo la comida para ti y en el camino, ¡oh sorpresa! Te encuentras un pequeño lobo herido y escondido dentro de unos matorrales. Dado al miedo a volver a ser herido, ha lastimado a unos cuantos animales que se le han acercado. Tú te sorprendes y quieres ayudarlo, entonces lo que comienzas a hacer es a lanzarle piedras al lobo para que aprenda cómo se sintieron esos animales que lastimó.  ¿Qué te parece eso? 

— Terrible, en verdad terrible. 

— Exactamente eso estás haciendo Elliot. No puedes culpar a una persona por sus acciones, cuando no conoces sus razones. ¿Alguna vez te preguntaste por qué esa persona se siente tan insegura? ¿Por qué quiere cerciorarse de que nadie lo va abandonar?

— No lo sé, nunca lo pensé así. 

— ¿Sabes cuál es la forma correcta de ayudar a ese lobo?

— No. 

— ¿Qué te parece esto? Te quedas mirando a lobo que empieza a mostrar su dientes porque tiene miedo de que lo ataquen de nuevo. No tienes que moverte, sólo lentamente te sientas y te quedas mirándolo. El lobo eventualmente entiende que no quieres hacerle daño. Se empieza a acostumbrar a tu presencia y la cataloga como no dañina. Se relaja ante ti y ahí puedes empezar a acercar lentamente, sin perturbar la tranquilidad de lobo. Cuando esté a tu lado, lo tocas poco a poco hasta que entienda que no tiene nada que temer, para así poder sanar sus heridas, darle un poco de comer y luego de eso él ya no volverá a atacar a las demás criaturas porque sí,  ya que está curado, no tiene miedo de que lo hieran de nuevo y no verá a los demás como un enemigo ¿Entiendes lo que quiero decirte? 

Elliot estaba ahogado en su propio llanto. Había sido tan estúpido, tenía tanto que aprender. No había logrado nada, no había llegado a ningún lado con su actitud tan ruin. En ese momento entendió que la cicatriz de su mano, no era más que una señal de la herida de su corazón.  Las cosas con Joshua no eran tan sencillas como catalogarlo como un maniaco. 

—Tío, gracias. —No podía evitar gimotear. — En realidad soy un gran estúpido. 

— Para nada, sólo que es siempre difícil ver a la otras personas cuando por tus ojos solo te vez a ti. Cuando dejes de pensar en los otros como un camino a la autosatisfacción, en ese momento serás un verdadero apoyo para alguien. Recuerda esto Elliot, uno no puede estar con alguien y ser feliz, si no eres lo mejor para aquel y si ese aquel no es lo mejor para ti. 

Limpiaba sus lágrimas liberadoras. Quizás esa era una lección que debió aprender hace mucho tiempo. El egoísmo con el que fue criado. En ese momento comprendió que lo peor que pudieron hacer sus papás por él, fue darle todo. Él lo entendió tarde, si un hijo no entiende la lección del esfuerzo, si no entiende el significado de un «nuestro» en vez de «mío», no va a llegar muy lejos en la sociedad sin tropezar hasta sangrar. 

Se quedó llorando siendo acompañado de la voz de la mujer que con todas sus fuerzas llegaba a trasmitir las notas. En ese momento la música no se le tornó para nada molesta, hasta le pareció la más adecuada. Su tío parsimoniosamente de nuevo tomó otro sorbo de vino y le ofreció una copa a Elliot. Se quedaron escuchando la ópera y tomando vino hasta que se hizo tarde. 

***

Joshua estaba en su habitación la cual estaba toda oscura y sola, estaba viendo hacía el techo. Su madre de nuevo no estaba. No la extrañaba, pero  quería en ese momento alguien que lo reconfortara. Se sentía solo. Siempre sintió que era una persona no vista. En verdad se había esforzado por hacer notar su existencia y decirle al mundo que él hacía parte de él y que valía como cualquier otro. Pero lo único cierto es que para nadie resultó ser valiosa su existencia. 

Es muy difícil asumir, que no eres necesario o importarte para alguien. Eso hace parecer que tu existencia vale menos de lo poco que ya valía. Pocas cosas en la vida le habían dicho que valía la pena estar ahí. Se sintió reconocido cuando su mamá se divorció, pero para su desgracia  en ese instante ni su madre lo veía y cuando quiso hacerle frente a su papá, este ni notó que existía. Siempre luchó para verse reflejado en los ojos de él, pero todo fue inútil. 

Él nunca iba a ser la hija a la cual tanto amaba, ni tampoco iba a ser un verdadero apoyo para su madre. Si era sincero, en ese momento sintió que durante todo ese tiempo fue utilizado por su madre. Ella se sentía sola, cogió lo primero que se le cruzó y se dijo que con eso era suficiente. Eso había sido él en su vida. 
Ahora ya se le podía mirar de nuevo enaltecida con su nuevo amor y olvidándose de cualquier obligación con él.  En su mente, creía que ya no tenía un hijo al cual querer o al cual pedirle cuentas. Era más que frustrante toda esa situación. 

Un momento en el que se sintió realmente visto, fue cuando se accidentó la mano. Ahí sí todos corrieron, pudieron haberlo dejado morir, pero algo dentro de sí debió llevarlos a salvarlo, quizás era necesario de alguna forma. No lo sabía. 

Siempre tuvo esa personalidad tan extrovertida, para contrarrestar la tristeza y la soledad. Muchas veces odió existir, haber nacido y todavía tener que seguir gastando oxígeno, cuando realmente nunca le vio ningún beneficio a su existencia. No tenía ninguna meta que quisiera seguir  o cosa que le interesara hacer. No tenía ningún hobby, nada. Él sólo tenía la nada. 

Cuando se ve rodeado de gente, verse indispensable para ellas, se siente como dejando una semilla de su existencia en algún lado. Poder decir que en este lugar le necesitan es lo que le trae sosiego. Pero cabe aclarar, muchas de esas cosas son inconscientes. Él de vez en cuando se recrimina sus acciones, pero después de largo rato, vuelve y cae en el mismo juego.

Para él es como si la vida le reafirmara la constante necesidad de sentirse menospreciado. Se había compadecido tanto de sí mismo que llegaba al punto que quería llegar a las situaciones que le recordaran que no era más que un estorbo. Pero como ya había dicho, eso es algo inconsciente. 

La mente también se obsesiona con las sustancias que producen las emociones negativas, por tanto si tienes un circuito neuronal de tristeza, buscarás en todas las situaciones activar ese circuito. Al final, él reafirmaba que no existía, que no era necesario y que para hacerse notar, la vida del otro debía ser suya. 

En esos casos es tan difícil darse uno cuenta de qué está mal. La ética y la moral trabajan en conjunto a las creencias. Así que las necesidades abren el abanico de posibilidades y a ellos se acomoda las normas internas de la persona. 

La tristeza no se desaparecía y había aprendido a vivir con ella. En ese momento quería poder contar con que su madre por lo menos lo escuchara, pero en ese momento ya se había desobligado de él.
Qué aburrido estoy, le dijo a la nada. Volteándose de lado, cerró los ojos y se durmió.