viernes, 4 de octubre de 2013

Realidad Capítulo 23




Capítulo 23 

«Acercándose al lobo»

Los amigos de Joshua constantemente lo habían estado cercando con una marcha firme. No retrocedían en quererlo integrar más. Elliot se sentía incómodo, pero seguía el ritmo impuesto por ellos. Para ese momento lo citaron a un bar ese fin de semana. Dijeron que  era un buen sitio, tranquilo y acogedor. Sería un buen momento para socializar. Se comprometió con algo que no quería hacer. 

El día ya había llegado y una de las  novias de ellos era quien lo había recogido para ir. La chica parecía emocionada con esa reunión, cómo si algo extraordinario fuese a pasar. Claro que no se equivocaba con eso. Iba a pasar por supuesto. 

— El bar es un tanto singular. — Elliot comentó sueltamente. 

— ¿No te gusta? 

— No es eso. 

Y es que cómo e iba a explicar que sitio era completamente diferente a como lo había propuesto. Sonaba un piano de fondo y a penas se entraba el bar estaba a media luz. Olía a canela. Cuando vio que todos los meseros estaban uniformados, se sintió aún más fuera de lugar. 

— Este bar es reservado  ¿Sabes? El hermano de mi novio es cliente frecuente de aquí y es quien nos ha hecho la reservación. De otra forma no habríamos podido entrar. 

— Ya veo. 

Elliot estaba aterrado por esa extravagancia innecesaria. ¿Reservación? ¿Bar reservado? ¿Qué carajos era todo eso? Después de que la chica prácticamente lo arrastrara hasta llegar a las mesas finales, pudo ver el motivo de la tan insistente y estrafalaria salida. 

— Misión cumplida. — la chica se burló mientras se sentaba al lado de su novio. 

Los ojos de Elliot estaban congelados viendo la cara pasmada de Joshua. Habían sido engañados para que establecieran buenas relaciones.  Se sentó. Bajó la mirada y respiraba profundo para relentecer los latidos de su corazón. Saltaba y se escondía, después se asomaba y volvía a huir, así estaba su corazón en ese momento. 

Joshua no estaba particularmente molesto por esa intervención innecesaria de sus amigos.  Se imaginaba algo así cuando de la nada prácticamente lo habían secuestrado. 

— Pues salúdalo ¿No? Elliot. 

— Ah… sí, claro. Hola Joshua. 

Sus ojos verdes estaban apagados y se reusaban a salir corriendo con el brillo del miedo. Su mirada opaca estaba fija en Joshua, pero como si viera a través de él. Después de la charla con su tío, ya no veía a Joshua igual. Podía verlo cómo mostraba sus dientes y pretendía atacarlo en cualquier momento. Seguía siendo ese pequeño lobo miedoso. 

No te haré nada, puedes quedarte tranquilo, pensó Elliot como queriendo comunicarse con él por otro medio que no fueran las palabras.  

— Bueno, disfrutemos esta velada.

Uno de los amigos de Joshua pasó sus brazos por detrás del espaldar de la silla. Comenzaron a hablar con los temas bien seleccionados. No iban a excluir a nadie. La idea era integrar, no disociar.  Pero Elliot por alguna razón se sentía más fuera de lugar que antes. Después de una hora, no pudo soportar más. Se excusó y se levantó de la mesa diciendo que iba a ir al baño. 

Respiró profundamente. El aire se había vuelto rancio. Puso su mano en su nuca y se sobó varias veces. Esto es agotador, en verdad ¿Qué están pensando esta partida de idiotas?, se dijo. Después de preguntar para llegar al baño, abrió la llave y se quedó con las manos bajo el agua un buen rato. Se miraba al espejo,  veía sus facciones desfiguradas por la incomodidad de su pecho.

No quiero más esto, conversó con la imagen. La figura reflejada solo daba muestra de la infinita desidia,  como queriendo decir «tú fuiste quien se metió en ese problema ¿Para qué me preguntas a mí?». El tiempo transcurrió mirándose al  espejo buscando respuestas. Se abrió la puerta y se respingó por la sorpresa. 

— ¿Te tragó el baño o qué? 

Joshua no muy amigable pareció haber ido a su búsqueda. 

— Ah, lo siento. — Tartamudeó y torpemente cerró la llave y buscó con qué secarse. 

— ¿Te importaría aunque sea aparentar un poco que quieres socializar? 

Los ojos de Elliot adquirieron un brillo especial aunque él no se hubiese dado cuenta. Se ilusionó con la idea de se hubiese preocupado un poco por él. 
 
— Lo siento. No es que no quiera socializar, es sólo que… 

Se detuvo antes de seguir hablando. ¿Qué quería decir? Que se sentía intranquilo estando ahí, cuando estaba viendo su verdadera forma. Podía ver las heridas del lobo y sabía que no estaba bien, aún así este se levantaba imponente como queriendo hacerle entender que no había posibilidad de que se le fuese a acercar.

— ¿Que qué? 

— Lo lamento. 

— No te estoy entendiendo ¿Qué quieres decir? 

— ¿Tú no tienes algo que quieras decir? 

— ¿Qué te odio tal vez? O quizás ¿Qué deberías alejarte de mis amigos?  Ya no sé de qué forma debo decírtelo. 

— Me odias… ya veo, es verdad no es posible que sea de otra forma. Está bien, dejaré de buscar a tus amigos. Dejaré de meterme en tu vida. 

Joshua se extrañó, por las palabras  y agregada la expresión de Elliot. Estaba haciendo una cara de tristeza incontrolable. No entendía por qué. Eso le hizo bajar la prevención y quedarse expectante a la siguiente acción. 

— ¿Qué pasa? 

— Nada. Lo siento, en verdad. No era mi intención, bueno, hacerte daño.

Los ojos verdes se fijaron en Joshua. 

— Me siento idiota diciendo esto. Perdón. Creo que es mejor dejar así. 

Escondió sus ojos en sus rayos rojos  y se abrió campo hacía la puerta. Joshua antes de pensar, su cuerpo detuvo a Elliot. Lo tomó del hombro y no le dejó avanzar. 

— ¿Qué te pasa? — estaba exaltado. — ¿Te has vuelto loco? ¿Qué pasa con ese cambió de actitud tan repentino? 

La boca de Elliot se selló y colocó su mano derecha en su hombro izquierdo y tomando la mano de Joshua la quitó de ahí. Se volteó tan sólo unos grados y con un rostro más serio, conectó sus miradas. 

— Es todo Joshua. Es cierto que mi terquedad y mi estupidez me trajeron hasta aquí, pero después de entender varias cosas, ya lo supe bien, no hay nada que yo pueda hacer para corregirte. Alégrate por quitarte a este sinapismo de encima.

Joshua claramente se vio confundido por toda esa declaración. Se estaba pareciendo a una escena en donde están terminando su relación o algo así. ¿Debía hacer algo para seguir con el guion? ¿Se le había olvidado leerlo? ¿Dónde estaban las cámaras? Se enrareció el ambiente. La pequeña figura de Elliot se le antojó más adulta. 

— Me alegra que lo hayas entendido, no hay nada que me haga cambiar. Ahora puedes simplemente desaparecer tan rápido como te metiste hasta aquí. 

Elliot sonrió pobremente. Estaba siendo seriamente herido por esas declaraciones, pero no podía odiarlo ni culparlo de nada. Estaba respondiendo cómo mejor podía en su condición. 

— Deja de mostrar los dientes. No voy a hacerte nada. 

Elliot se volteó y salió del baño,  creyendo que eso tenía que ser terminado de esa forma. Recordaba las palabras de su tío, Para ser feliz, tenía que ser lo mejor para ese alguien y ese alguien tiene que ser lo mejor para uno y en ese momento ninguna de las dos condiciones se cumplía.

Cuando fuera más consciente, era probable que pudiese tener las herramientas para sanar a Joshua o quizás, él ya en ese entonces hubiese encontrado a la cura de sus males.  Lo que pasara primero, sería perfecto para los dos. 

— Lamento tanto la espera. 

Elliot se dispuso y se abrió para disfrutar la última noche, haciendo parte de esa comarca que no era suya y a la que no debía pertenecer. 

***

Lo que sucedió después, Joshua no lo entendía. En verdad Elliot se había alejado completamente. Se sentía raro tan solo mirándolo desde lejos.  Lo estaba ignorando, pero cómo decirlo, era como si de repente, su existencia se hubiese vuelto aire. En verdad había desaparecido y sus amigos parecieron a volver a ser suyos, pero él ya no lo sentía tan natural. 

Se había acostumbrado en cierta forma a saber que algo no iba a estar saliendo bien, pero la tranquilidad que tenía por ya no haber interferencias, lo dejaba vacío. ¿Elliot cuántas veces intentó acercársele? ¿Cuántas veces lo rechazó?

Los restos de la figura de Elliot todavía nublaban su vista. Lo saludaba cuando se lo encontraba, Elliot respondía e inmediatamente se esfumaba como si todo fuese un ritual para la correcta exterminación de los demonios. No podía esperar nada distinto después de tal declaración. 

Esas palabras aún resonaban dentro de sí. Se había dado cuenta que no había forma de cambiarlo, eso lo dejó pensando qué era esa cosa tan mala que tenía en su actitud. Él debía estar equivocado. Sólo estaba haciendo lo que cualquier otra persona haría, conservar lo que le pertenecía. 

Había algo que no podía sacar y que estaba siendo desconocido por su racionalidad ¿Por qué estaba tan irritado por lo que había pasado en el baño? ¿Qué esperaba? ¿Qué quería? ¿Qué siguieran jugando al gato y al ratón? Algo había quedado sin lugar y sin base, eso se lo había llevado Elliot en ese momento. 

Cómo era posible que tuviese una actitud tan madura cuando hace tan solo un poco más de un mes, había estado llorando por sus papás. No lo entendía. Ese chico resultó ser un misterio de pies a cabeza. 

El hilo conductor de las ideas, se había se llevado lejos las soluciones y las preguntas resueltas. Ahora debía esperar que para sus incógnitas, las respuestas llegaran solas de nuevo. Se había olvidado completamente  de Matthew, Maurice, Collin y Jostein. Se había esfumado  de la misma forma que había hecho Elliot. Y es que ya no le importaba en nada eso, Su cabeza había sido consumida por otro tipo de reflexiones y aflicciones. 

Por eso mismo, no se dio cuenta de todo lo que después dio lugar a ocurrir. Maurice fue el primero en llamar a su puerta por atención. No quería escucharlo, quería estar solo, pero no pudo decirle «no». 

 Todo ha sido un completo desastre. Después de lo que le dije a Matthew, siento que cometí el peor error de todos. 

— Yo te lo había advertido hombre. 

— Lo sé, nada que pueda hacer ya. Matthew ahora se abrió más a mí, pero me tiene harto su línea divisoria de hasta dónde puedo ir yo ¿Qué soy? ¿Un perro con sarna que se debe evitar? 

— No seas exagerado. 

— Además, bueno, no sabía si debía contarte pero pasó algo raro. 

— ¿Qué?

— Hace ya varias semanas, alguien vino a buscarme. 

— Ya… ¿Y? 

— Yo no conocía a esa tipo. Era un chico bajo de cabello rojo y ondulado. Tenía ojos verdes. Me vino a preguntar por ti. 
 
Joshua abrió los ojos sorprendido y se acomodó en su asiento inclinándose hacía el frente. 

— ¡¿Qué?! ¡¿Qué te dijo?!

— No recuerdo cómo se llamaba, pero lo cierto es que dijo que era compañero tuyo. Vino a preguntarme sobre las cicatrices que tienes en la mano izquierda. Quería saber cómo te las hiciste.

Joshua se quedó de piedra. No había pensado que en realidad Elliot hubiese llegado a tanto sólo por saber que era lo que le había pasado. ¿Qué debía creer él? ¿Qué estaba utilizando eso cómo una forma de chantajearlo? No, ya todo se había acabado. 

— Como no lo conocía y no sabía qué era lo que quería, solo le dije que había sido un accidente y que eso ya había pasado cuando nos conocimos. 

— Te suena el nombre Elliot ¿Tal vez? 

— Sí, sí, así era que se llamaba. ¿Qué pasa con él? 

— Nada… ahora no pasa nada. 

Ahora de nuevo, aquella ficha perdida que se había llevado Elliot, parecía reclamar otra vez su lugar. ¿Qué era lo que se había llevado? Cubrió con la palma de su mano sus ojos. 

— Maurice ¿Puedo hacerte una pregunta? 

— ¿Qué pasó? 

— ¿Qué es lo que más odias de mi personalidad? 
 
— ¿A qué viene eso de repente?

— No lo sé, quizás me volví loco. Sólo dime. 

— Yo diría lo obsesivo y controlador.

¿Qué demonios era esa respuesta? ¿En serio había algo que estaba mal consigo mismo? No quiso escuchar nada más. De nuevo se hizo presente en su mente la cara de Elliot y las palabras dichas: «ya no hay nada que pueda hacer para corregirte».

El lobo lamiendo a los animalillos lastimados, le daban la respuesta que el humano ya le había declarado. Entonces en verdad si había estado haciendo algo mal. Por eso, ahora todos temían al lobo.