martes, 9 de febrero de 2016

[Con tan sólo un paso] - Capítulo 19

19

Cedric

«Un nuevo encuentro…»

Esta vez no se molestó por no recibir respuesta a su mensaje. Estaba más seguro sobre sus sentimientos y su relación. No tenía ninguna certeza ni prueba de que estuviesen avanzando hacia algún lado, pero la serenidad con la que se estaba tomando esta ocasión el largo tiempo sin hablar, le dejaba en ventaja a las veces anteriores.

Ya estaba próximo a comenzar el nuevo año escolar, su segundo año de economía. Necesitaba ir a comprar los libros para el nuevo año. A pesar de que le gustaba ir a comprar libros cuando era por gusto, cuando tenía que ir a comprar los de la universidad le parecía una completa pérdida de tiempo. Trataba de ahorrar lo más que podía e iba a las librerías de segunda mano para intentar ahorrarse unos cuantos euros en el camino. Eso conllevaba a caminar demasiado tratando de hacer comparaciones del mismo libro y dónde le salía más barato. Otras opciones era cuando milagrosamente el libro estaba en formato digital, pero eso casi nunca pasaba.

Ya tenía listo todo para salir a hacer las compras. Llevaba aplazando dos semanas esa tarea. Alistó su pequeña maleta de viajes y su lista de libros. Salió de casa y la primera parada era su universidad, donde estaba una de las librerías que debía visitar. Había libros de edición de su universidad que no se conseguían en ningún lado, sólo allí. Esos eran los libros más costosos de la lista.

Una vez llegó a la librería, quiso devolverse. La cantidad de gente que había hacía imposible entrar; la fila se extendía unos veinte metros. Se fue al final y le preguntó a la última persona de la cola si la fila sí estaba avanzando, la respuesta fue menos apocalíptica de lo que creyó. Al parecer estaban haciendo entrar por bloques de personas, así que entraban muchos de golpe.

Sacó los audífonos y se los puso para escuchar algo de música mientras esperaba. Las vibraciones llenaron su mente distrayéndolo de muchos pensamientos que aparecían espontáneamente. Era esa típica tormenta de estar pensando en todo y a la vez en nada. Por su cabeza cruzaban todo tipo de razonamientos, desde las materias que iba a ver ese año, hasta lo que tenía que comprar para la cena.

Entre su embotamiento, le tomó tiempo reconocer una figura que se movía al fondo de la fila. La cabellera negra estaba recogida en una cola de caballo, el perfil de la persona le resultó familiar después de mirarlo durante un rato. Era Thanatos, cuando su cerebro le dijo el nombre de la figura que estaba allí, prácticamente saltó.

¿Debería saludarlo? Tal vez fuera algo descortés, pero deseaba hacerlo. Tampoco es que le fuera a pedir un autógrafo o una foto, sólo lo iba a saludar. Le dijo a la persona que estaba adelante que le guardara puesto y se precipitó a llegar a Thanatos. No podía asegurar que no se sintiera nervioso, pero era en un grado mucho menor comparado con la vez que vio a Perséfone.

— Disculpa.

Le tocó el hombro un par de veces. Cuando el rostro se volteó, se confirmaron sus sospechas.

— Mucho gusto, me llamo Cedric. Soy un gran fan de The Underworld Alliance. Es un honor conocerle.
— Ah… Sí. Gracias, es la primera vez que alguien me reconoce en la calle.

La sonrisa de Thanatos se extendió y le contagió esa alegría.

— No sabía que eras estudiante de esta universidad.
— Oh si no lo soy, estoy haciendo unas averiguaciones ¿Me podrías ayudar?
— Claro ¿Qué necesitas?
— Primero ¿Qué estudias?
— Economía.
— Qué coincidencia, estaba justo buscando alguien que me pudiese ayudar con esa área.
— Claro ¿Quieres estudiar economía?
— No, yo ya estudio psicología.

Abrió los ojos incrédulo, sinceramente Thanatos tenía cara de todo menos de psicólogo.

— Todo el mundo hace la misma cara. Sí lo sé, no parezco psicólogo. Estoy investigando es para Thom… Perséfone ¿Sabes? Quería comprarle algunos libros para que estudiara, tal vez podrías recomendarme algunos.

Se juntaron todo tipo de emociones en su interior. Si Perséfone iba a estudiar lo mismo que él ¿Cuántas posibilidades se abrían? Nunca pensó que su lado académico lo fuera a beneficiar en alguna forma, pero definitivamente iba a aprovechar esa oportunidad.

— Claro, yo aún conservo los libros de mi primer año. Si quieres puedo prestártelos para que él estudie.
— ¿En serio? Muchas gracias ¿Puedo darte alguna compensación por ello?
— No es necesario, conocerte es más que suficiente.

A Thanatos al parecer le gustaba que lo trataran con tanta adulación. No ocultaba que su ego estaba siendo alimentado. El baterista sacó una lista que tenía en el bolsillo y se la acercó.

— Me recomendaron estos libros para comenzar con los estudios en economía ¿Los tienes? O tal vez me puedas decir otros.

Tomó el papel y para su sorpresa era prácticamente todos los libros de primer año ¿Quién le habría dado esa lista? En respuesta a la solicitud, le quedó reconocer que prácticamente allí estaba todo lo que necesitaba para empezar, le explicó que tenía casi todos esos libros.

— Va a ser un alivio poder ahorrarme todo ese dinero. Claro gracias a ti.
— No hay problema, me alegra poder serles de ayuda.

Thanatos se salió de la fila y le extendió el brazo señalando el sitio vacío.

— Te cedo mi puesto. Ya habiendo solucionado mi problema veo que necesitas el puesto más que yo.
— Gracias.

Lo que siguió fue un silencio prolongado. No sabía qué decirle a Thanatos, de pronto esa tormenta de palabras que tenía en su cabeza desapareció. En ese momento no tenía nada para decir, prefirió quedarse en silencio a arriesgarse a decir cualquier estupidez.

— Mira, puedes contactarme a este correo.

Thanatos habló de repente y mientras lo hacía le entregaba un papel con su correo escrito.

— Yo ya tengo que irme, así que podemos hablar después para los libros ¿Te parece?
— Sí, claro. Gracias.
— No, gracias a ti.

Thanatos se fue después de intercambiar unas palabras de despedida finales. Lo vio alejarse y le parecía cada vez más increíble que tales casualidades le estuvieran pasando. Comenzó a imaginar el poder ir a las mismas clases con Perséfone, poder ir a su casa para hacer trabajos e irse haciendo más amigos. Sería tan perfecto que probablemente fuera mejor no desearlo por el temor de que le diera un infarto en el camino.

Gracias a que Thanatos lo había dejador colar, había adelantado mucho tiempo de su recorrido. Esa tarde iba a hacerse más larga, definitivamente odiaba cuando tenía que hacer esas compras de las listas de útiles.

***
La noche le anunciaba que había estado demasiado tiempo en la calle buscando sus libros. La maleta pesaba más de lo que había presupuestado; la punta de sus dedos ya se estaba poniendo morada por el peso que tenían que cargar.

Todavía faltaba organizar todos esos libros en su estantería para poder descansar. Entre toda las cosas que era, ser meticuloso era una de ellas; pero en sí no lo era con todo, sólo con ciertas cosas y entre ellas estaban los libros. No podía sentirse tranquilo hasta que no veía los libros en una estantería.

Abrió la puerta de su casa, las luces estaban apagadas. No se extrañaba que cada vez fuera menos el tiempo que compartía con su familia, se sentía que estaban viviendo en dimensiones diferentes. Prendió las luces de la entrada y subió las escaleras para ir a su habitación. Ellos vivían en un apartamento con dos pisos; el diseño de este hacía que se viera más grande de lo que era, se comprobaba a la hora de reacomodar los muebles en año nuevo.

El segundo piso del apartamento era la mitad del primero y allí sólo estaba un baño y su cuarto, era como tener un piso para él solo. Lo primero que hizo al entrar a su habitación fue botar la maleta encima de la cama. Movió las muñecas en todas las direcciones para desentumecerlas.

Se quedó mirando su librero durante unos minutos, haciendo un tipo de tetris mental; pensando en cómo iba a acomodar todo lo que había traído en el espacio limitado que tenía. Ya sabía que iba a necesitar sacar sus libros de primer año. Comenzó su labor, dejó todo esparcido por el piso mientras sacaba el cargamento que tenía en la maleta.

— Cedric, hola.

Fue sacado de su privacidad de golpe. Volteó a ver y allí estaba su madre. Tenía el cabello negro con un corte al hombro muy organizado como siempre; llevaba un traje de paño de los que siempre usaba para el trabajo. Su expresión facial estaba relajada.

— Ah, hola ¿Cómo te fue?
— Bien, la sentencia salió a favor nuestro.

Su mamá trabajaba en un bufete de abogados. Ella era penalista y una trabajólica, por lo que casi siempre ganaba los casos por ser tan persistente. Ese mundo de las leyes lo traspasó a la casa y siempre fue muy estricta con él.

Se divorció de su padre cuando aún era un niño. Él único recuerdo que tiene de su papá fue en una navidad hace muchos años cuando le trajo un carro eléctrico de regalo. Incluso con el regalo tan colosal, no se emocionó mucho.

Nunca había hablado con ninguno de los dos de por qué se habían divorciado, pero la verdad era que tampoco le importaba. Su mamá siempre tuvo una fuerza increíble y nunca sintió que necesitará un padre.

— Era de esperarse, nunca pierdes un caso cuando te obsesiones con él.
— Lo sé ¿Y tú? ¿Ya fuiste a comprar tus libros?
— Sí, fue horrible. Ya los acomodo en el librero.

Su madre se fue del cuarto sin mediar palabra, seguramente estaba muy cansada y quería irse a dormir. Ahora que lo pensaba bien, en esa semana era la segunda vez que hablaban. Ninguno de los dos se caracterizaba por ser muy afectivos, así que si sabían que estaban vivos, probablemente no buscasen acercarse. Le gustaba que fuera así de pacífico. El otro miembro de la familia que vivía en esa casa era un primo suyo, su nombre era Craig, todavía estaba en la preparatoria; se suponía que tendría que vivir con sus padres, pero ellos se fueron a trabajar a Rusia durante unos meses y al no ser un cambio permanente, decidieron que era mejor que se quedara en Londres.

 Con su primo, realmente casi nunca hablaba. No era que le cayera mal, pero podría decirse que al estar en una etapa rebelde, era difícil de tratar. Se supone que él al estar en la universidad debería hacer cosas más descabelladas, pero aparte de ir a tomarse unas cervezas de vez en cuanto e ir a los conciertos de TUA no hacía nada fuera de lo normal.

Era impensable que Craig se tomara en serio su vida como estudiante cuando aún no había sentido la presión de la vida. No le juzgaba muy duramente por ello, sólo era un adolecente más. Entre sus reflexiones sus manos fueron colocando en la estantería la nueva carga de libros.

— ¡Cedric, ven a comer!

Espabiló al escuchar a su madre gritar, él ya juraba que estaba durmiendo. Dejó los últimos libros en la estantería y se fue al comedor. Ya sabía que su mamá no era lo que se dijera un ama de la cocina, así que seguramente había pedido algo a domicilio. Lo corroboró cuando se sentó en la mesa y le esperaba una lasaña con dos rebanadas de pan francés.

— Esperaba una celebración más ostentosa.

Le sonrió a su mamá y metió el tenedor rompiendo la capa de queso. Revolvió el contenido y se mandó un bocado.

— Yo también lo esperaba, sólo que no tengo muchas ganas de hacer algo más. Que si no te gusta la lasaña, me la dejas y desayuno con eso.
— Sí, sí claro. Espera que le dé unos bocados más y te la dejo.

Se tomaron la broma con gracia y siguieron comiendo en silencio. Hacía tiempo que no habían compartido, aun así no había nada que decir. El plato se fue vaciando y ya era tiempo de que cada uno se fuera otra vez a recluir en su espacio. Dejó el tenedor dentro de recipiente de aluminio donde venía la lasaña y se levantó para botarlo a la basura.

— Cedric, voy a estar de viaje todo el mes que sigue.

Presentía que era raro que su mamá hubiese creado un espacio para compartir, pero no se esperaba que fuera para darle esa noticia.

— ¿Y adónde te vas?
— A Blackpool.
— ¿Qué es lo que tienes que hacer allá?
— Bueno, voy a acompañar a dos de mis compañeros a visitar a unos abogados. Me pidieron que los asesorara.

Su mamá era la persona más correcta que había conocido en el mundo, así que sabía que no estaba mintiendo, pero por alguna razón no pudo creerle que ese fuera el motivo por el que tuviera que desplazarse casi todo el país. Él no tenía nada qué reclamarle si llegaba a ser otra cosa, por lo que fingiría que no estaba preocupado o desconfiado de eso.

— Vale, en ese caso te deseo suerte.
— Gracias, por favor está pendiente de Craig.
— Lo intentaré, pero ya sabes que no soy su niñera.

Dejó el empaque de aluminio en la basura y se despidió para de nuevo meterse a su cuarto. Una vez allí adentro se recostó en su cama. No pensó que estuviera tan cansado, prácticamente se durmió al acto.

***
La conciencia volvió lentamente, ya estaba despertando en contra de su voluntad. Se revolvió en para acomodarse y darse permiso de dormir otro rato, pero ya sabía que no iba a ser posible, él no se caracterizaba por ser perezoso. No sabía qué hora era pero todavía no había amanecido completamente, así que era probable que fueran las seis de la mañana.

Estiró el brazo para agarrar el celular que estaba encima de la mesa de noche. Se puso a revisar el foro que hace tiempo que no lo miraba en forma y se dio cuenta de que le habían cambiado el diseño, que ya habían llegado a los siete mil usuarios, que tenía varios mensajes de Alisson y también de Thanatos Nightmare. Entró a mirar los mensajes y los de Alisson estaban llenos de fotos del concierto y unos videos. Se quedó un rato viéndolos hasta que se aburrió y abrió el mensaje que tenía de Thanatos Nightmare:

«Hace mucho que no hablamos ¿Qué tal te ha ido? ¿Por qué no has entrado al foro? »

Ni siquiera tenía un saludo o algo más introductorio, fue tan directo que llegó a sentirse regañado. No había tenido ganas de entrar, era todo, además en ese tiempo había estado con Perséfone mucho más cerca de lo que había pensado, era normal que dejara de interesarle entrar a especular en el foro sobre la vida de quien tenía ya más cerca.

«He estado ocupado, ¿Qué tal has estado?»

Era probablemente la formalidad que no le dejaba pensar en dejarle sin contestar. Para su sorpresa recibió una respuesta instantánea.

«No me esperaba que me respondieras tan temprano. Yo acabo de salir del trabajo y estoy hasta ahora llegando a mi casa.»
«¿En qué trabajas?»
«En un bar.»
«Ah ya veo, y ese horario ¿No interviene con tus estudios?»
«No estudio, ¿Y tú? »
«Yo estudió economía, estoy en segundo año.»
«Todo un universitario, eso es genial.»

No supo qué responderle y dejó el mensaje abierto durante un largo rato. No tenían temas en común aparte de espiar a Perséfone. Podria considerarse descortez tanto tiempo sin responder el mensaje, pero iba a terminar siendo mas incómodo si se obligaba hablar con él y se daba cuenta que la conversación la estaba teniendo con un bot.

«En este momento ¿Qué planes tienes para el futuro?

Era otro mensaje de Thanatos Nightmare, uno inesperadamente serio. No había pensado en eso realmente, suponía que su vida iba ser la del asalariado común, que algún día tendría una familia y replicaría la unidad de la sociedad.

«Graduarme, trabajar, ya sabes, algo tranquilo y normal ¿y tú?»

«Me gustaría trabajar en una compañía, algo más serio. No siento que trabajar en un bar sea mi proyecto de vida. Aunque el sueldo es bueno y me mantiene estable, lo que quisiera es tener una mejor calidad de vida.»

Se hacía la idea de la vida que tendría Thanatos Nightmare. Era normal que la gente aspirara a cosas distintas y más cuando han vivido en un ambiente austero.

«Espero que puedas estudiar cuando te establezcas.»
«Gracias. Ya llegué a casa, estoy muy cansada. Buenas noches, o días; lo que sea. »

No le devolvió la despedida porque se desconectó. Realmente no habían hablado mucho, se sintió como una charla de esas que se tienen cuando encuentra un conocido en la calle. Cuando miró el reloj, este le marcaba las siete la mañana.  

Ya era hora de levantarse. Quitó las cobijas que le estaban estorbando y se estiró cuán largo era. Ese día no tenía planeado nada en especial, era más la costumbre levantarse temprano y ponerse a hacer algo lo que lo hacía levantar. Al parecer ese día todos en casa pensaron lo mismo, porque al llegar a la cocina ya estaba su mamá y su primo desayunando.

— Buenos días.

Su mamá se asomó por la ventana de la cocina que daba contra el comedor.

— Buenos días.

Se ahorró el saludo hacia su primo con su saludo general. Se sentó frente a él y esperó a que su mamá le sirviera el desayuno, fuese lo que fuera.

— Hoy vamos a salir con Craig de compras ¿Vas a salir?
— No.

Por la sonrisa en su primo podía intuir que esa "salida de compras" no era más que un plan suyo. La cartera de su mamá iba llegar tan vacía como un agujero negro.

— Tu primo ha traído las notas de este periodo, le ha ido muy bien, por eso vamos a salir.

Abrió los ojos tan grandes como pudo, estaba incrédulo ante esas palabras. Su primo llevaba varios años con un historial muy negativo. No podía creerle que mágicamente ahora sacará buenas notas. De seguro se copió de sus compañeros o su novia le hacía los trabajos. Cuanta inocencia existía aún en su mamá, debería ser un tesoro familiar.

— Toma. El desayuno es fruta con cereal y leche.

Asintió y comió sin tratar de armar conversación. Las habilidades sociales con su familia se iban debilitando. Una vez terminado el desayuno y el aseo matutino, una idea vino a recordarle algo que no había tenido en cuenta: no le había mandado el correo a Thanatos.

Buscó en su billetera el papel con el correo e inmediatamente puso a redactar. La lucha entre hacerlo formal y contar toda la historia de donde se conocieron y ser más directo, representó escribir unas cuatro veces el correo. Al enviarlo, una corriente de adrenalina lo atacó desde el cuello a sus pies. Estaba logrando integrarse muy fácilmente en la vida de TUA. Recibió la respuesta casi instantáneamente, hoy todo el mundo estaba frente a sus aparatos electrónicos al parecer.

«Ah Hola, si recuerdo quien eres. Muchas gracias por el correo, lamentó haberte puesto a correr con el favor que te pedí. No esperaba que ya tuvieras listos los libros. Si te parece bien, puedo pasar a recogerlos por la tarde. Y se me olvidaba, llámame Damien. Que me digas Thanatos en la vida real es algo raro.»

 Le respondió que estaba bien que se vieran por la tarde. No había pensado en donde citarlo para entregarle los libros, por más TUA que fuera le daba pereza ponerse a arrastrar unos ladrillos por el metro. Decidió citarlo en su casa, si no llegaba a acceder a venir, propondría que se los mandaría por correo. Ni él entendía a qué venía su repentina displicencia, pero no tenía ganas de correr por todo lado con eso tan pesado. Para su alivio, le respondió que no había ningún problem, le dijo que la hora estimada de llegada era a las cuatro de la tarde. Ya tenían una cita, tenía que arreglar muchas cosas para que Damien cuando llegará viera todo perfecto.

***

Llegó la hora y había hecho su mejor esfuerzo en dejar el apartamento lo más presentable posible. Él también se arregló guardando el equilibrio para no parecer estrafalario en su propia casa. Era consciente de los nervios que tenía, no encontraba forma de minimizar el encuentro que iba a tener en un rato.

Pasaron veinte minutos desde la hora acordada y se fue desanimando poco a poco. No sabía si la razón de la demora de Damien era porque estaba desconfiando de él, o porque se le presentó algún problema. Podían ser varias cosas, no debía tomarse todo tan personal. Cuando pasaron otros diez minutos, se relajó y se dijo que nada podía hacer si pensaba que él era alguien sospechoso.

Ya en su cuarto, se quitó los zapatos y se acostó en su cama. Sacó un libro que llevaba mucho tiempo leyendo, siempre dejaba largas pausas entre lectura y lectura. Era un buen libro, no sabía por qué no podía leerlo de corrido. Hojeó las últimas hojas para acordarse de la escena y siguió leyendo. Los ojos se deslizaban a marchas forzadas sobre las palabras, seguía esperado a que sonara el timbre pero no con la misma intensidad.

Después de una decena de páginas, de nuevo cerró el libro y se dio cuenta que ya era poco probable que viniera a recoger los libros. Casi una hora de retraso, no tenía muchas más explicaciones aparte de que no quería venir. No supo que estaba decepcionado hasta cuando realmente interiorizó el mensaje; eso de poner más esperanzas de las necesarias en algo no era muy bueno.

Escuchó la puerta abrirse e intuyó que era su primo y su mamá, bajó las escaleras para saludarlos. A medida que iba bajando notó una figura que no correspondía a ninguno de sus familiares, ni tampoco del invitado que estaba esperando. Delineó con su boca la oración «Pero qué demonios…», las rodillas temblaron y los ojos se le dilataron.

Ah, hola cariño. Este chico estaba en la portería hace un rato ya y el portero dijo que te estaba buscando pero que no contestaste el intercomunicador.

Persé…fone.

No le respondió a su madre que seguía hablando sobre lo que fueron a comprar con su primo, para su sorpresa, el impacto fue mutuo porque Perséfone no dejaba de mirarlo como si fuera una aparición. Lo siguiente a hacer fue acercarse a él y a pesar de sonar descortés hacer la pregunta más lógica en ese momento.

¿Qué estás haciendo aquí?
Yo Damien, él me dijo que había conocido a alguien que me podía ayudar con mis estudios y me pidió que viniera a recoger unos libros. Como fue tan de improvisto, no tuve tiempo de llegar aquí a la hora acordada.

Entre más lo miraba, más le parecía que era una ilusión, definitivamente ese día se volvería un creyente fervoroso. Ese evento era de las cosas más inexplicables y maravillosas que le podrían haber pasado en mucho tiempo. Las palabras se le acabaron en ese justo momento y lo invitó a seguir a su cuarto sólo con señas.

El joven de la cabellera larga subió primero las escaleras. Llevaba puesto una blusa color verde aguamarina y unos jeans color azul. Se veía otra persona con esos colores tan vivos, eso le encantó. Lo que más le pareció adorable en su nuevo atuendo, era los nervios que estaban a flor de piel. Notó que frotaba sus manos contra sus piernas mientras subía las escaleras, los hombros los tenía muy tensionados y miraba para todos lados.

Esta si fue toda una sorpresa Thom.

El aludido lo miró aún más afectado, tal vez se debía que lo había llamado por su nombre. Lo estaba poniendo más alerta, no era su intención, lo único que quería era que en ese espacio estuvieran un paso más cerca y alejados del mundo del que ellos dos provenían.

Sigue, este es mi cuarto.

Perséfone seguía sin decir ni una sola palabra, pudo escuchar como se le paró la respiración cuando entró a su cuarto. Demonios, los dos estaban demasiado conscientes del otro por estar en un espacio tan cerrado. Era anormal que le mandara tantas señales que le indicaran que él no estaba pensando en ello como un favor de cualquier persona, sino era de una con doble intención.

En esta maleta están todos los libros. Está un poco pesada.

Cedric le pasó la maleta y se alejó. Se hizo evidente ese distanciamiento corporal y Perséfone no pareció contento con ello. Estiró su boca mientras mordió su labio inferior y el artista se acercó a la estantería de libros. Tocó algunos y se quedó admirando la colección que había allí.

Si te interesa alguno, puedo prestártelo.

Gracias. Perséfone se volteó para encarar a su interlocutor. Por todo.

¿Por todo? Esas palabras abarcaban muchas más cosas de las que él había hecho ¿A qué se refería con «todo»? quiso preguntarle, sólo que supo que no era el momento. Se dirigió al lado de Perséfone y sacó un libro de su estantería, lo abrió y comenzó a leerlo.


Sintió que Perséfone lo estaba mirando, pero no dejaría que eso lo pusiera nervioso. Sonrió y siguió leyendo unas páginas, no recordaba que tuviera una novela de ese estilo en su estantería. Trataba sobre un romance a comienzos de1930, seguramente había sido alguna lectura de tarea cuando aún estaba en el colegio.

¿Puedo creer que esto es una casualidad?

La pregunta inmediatamente lo sacó de su lectura y se quedó mirando a Perséfone quien tenía una expresión seria. Fueron varios segundos hasta que fue Perséfone quien rompió el contacto visual.

No creo que pudiese planear algo tan específico.

Cedric precisó mientras volvía a poner el libro en la estantería. Se alejó de allí y se sentó en la cama. Perséfone lo siguió con la mirada, de nuevo volvieron a quedar en silencio. No había indicios de hostilidad en ninguno de los dos así que Cedric estaba tranquilo, no estaba haciendo nada malo por lo que no tenía nada que explicar.

Muchas gracias,  trataré de devolverlos lo más pronto posible.
Está bien, no creo que los necesite pronto.
Buena suerte con tu año escolar.

Cedric honestamente sorprendido abrió sus ojos a más no poder, se quedó buscando la expresión de Perséfone tras decir eso, pero no pudo, sus largos cabellos le tapaban el rostro. Se puso de pie y se fue a su lado para ayudarle a cargar la maleta, en realidad no había hecho ningún movimiento brusco, pero en cuanto Perséfone se percató que estaba a su lado este retrocedió hasta que su espalda chocó contra la estantería. ¿Qué le estaba pasando?

¿Estás bien?

Cedric le puso la mano en el hombro, justo ahí Perséfone levantó el rostro y este estaba de color rojo, hasta las orejas estaban coloradas. Probablemente fuera el espectáculo más hermoso y raro que alguna vez hubiese podido ver.
Los labios de Perséfone se cerraron con fuerza y esquivó la mano que lo sostenía en ese momento. Se agachó para tomar la maleta y se dispuso a salir de la habitación. No pudo hacerlo porque Cedric tenía la maleta sostenida de la otra agarradera.

Espera un momento, voy a meter también unas libretas que tengo con notas de algunas clases.

Soltó la maleta y se fue a buscar entre sus cajones los cuadernos, una vez los tuvo se dirigió a meterlos a la maleta. Se agachó, abrió la cremallera, los acomodó como pudo y volvió a cerrarla, alzó la mirada y se encontró con los ojos de Perséfone. El sonrojo de hacía un momento había desaparecido, pero la expresión de confusión seguía en sus facciones.

Te ayudarán mucho a entender mejor los libros.

Si algo había aprendido al estar con Perséfone en esas contadas ocasiones, es que no se podía  presionar más de lo suficiente o salía corriendo. Le dejaría que lidiara con su confusión y trataría de que el ambiente entre ellos no fuera raro. Era lógico que él también estuviera en un trance dubitativo, pero sabía que tenía las cosas más claras a como las estaba viendo su acompañante.

Gracias.
Con gusto.

Cedric le sonrió, cogió la otra agarradera y le indicó que salieran. Perséfone asintió, lo siguió escaleras abajo en silencio. Algo de lo que se sintió feliz es que a pesar de estar incómodos, esto no se debía a que estuvieran peleando, era debido a esos pensamientos que seguían estancados en el aire y que ninguno de los dos sabía a qué se debía. Pero estaba bien, llegaría el día en el que lo descubrirían.

En cuanto llegaron a la puerta Cedric se ofreció a ayudarle a cargar las cosas hasta la entrada, Perséfone aceptó. Cogieron el ascensor, una vez adentro Cedric fue quien pulsó el botón del primer piso.

Me alegro que seas tú quien le vaya a dar uso a mis libros, en verdad fue una completa sorpresa que quieras estudiar finanzas, vamos a ser casi colegas.
No me esperaba eso tampoco, cuando Damien me dijo que había conocido a alguien que me pudiese ayudar, ni en mis fantasías más locas hubiese imaginado que fueses tú. Pero supongo que podríamos llamarle una coincidencia.
O destino, depende de que tan románticos nos pongamos.
Jum

Cedric le sonrió a Perséfone y en ese instante se abrió la puerta del ascensor. Siguieron a hacía la entrada y cuando le fue a ceder la otra agarradera de la maleta terminaron tocándose las manos. Cedric lo dejó pasar como algo casual, pero para Perséfone eso lo dejó congelado en su puesto.

¿Realmente crees en el destino?
Para mí tenerte aquí, es suficiente prueba para creer en ello.

Perséfone esquivó la mirada de Cedric y traspasó el umbral. No se volteó para despedirse, pero quizás eso fue para llenarse de valor para lo que dijo a continuación.


El conocerte me está haciendo pensar también, que esto puede que sea el destino.