domingo, 28 de febrero de 2016

Con tan solo un paso - Capítulo 20


20

Perséfone


«Ya era hora»

 

 

Tenía esparcidos todos los libros sobre el piso, las notas de las libretas estaban sobre su cama y él estaba en medio de ese mar de información. En su interior todos los órganos estaban apretados en su estómago y estaba sobrecogido por una emoción más grande de las que en su cabeza tenían nombre. Lo que los ojos abarcaban era un pequeño porcentaje comparado con lo que había detrás de cada hoja y cada letra.

 

Todo eso había hecho parte de la vida de Cedric durante un año y ahora estaban en su vida. Todo lo que había comenzado por algo tan pequeño como una mirada, había evolucionado en esa relación que tenían ahora. No alcanzaban a ser amigos, pero tampoco eran unos simples conocidos. No era que estuviera pensando seriamente en cómo debía llamar a esa relación, no le correspondía el papel de nomenclador. Sus labios delineaban una y otra vez la palabra «Cedric», pero en su boca esa referencia no tenía ningún sabor conocido.

 

¿Qué es lo que siento por Cedric?

 

Formuló la pregunta en voz alta. El eco resonó de forma mínima trayendo una respuesta que se rehusaba a escuchar. De todas las cosas que quería explicar, por qué los sentimientos que tenía por Cedric lo sobrepasaban, era la más importante. Desde excitarse por su cercanía, como los nervios antinaturales que le causaba su presencia eran claros indicios de que le gustaba Cedric; siendo así, debería ser fácil reconocer sus sentimientos, pero simplemente no le daba la impresión de que lo que ese chico le provocaba fuera algo tan sencillo como el gustar.

 

Pasó sus dedos sobre la letra de Cedric, en el pecho seguía estando ese remolino tan incómodo. Era agotador sentirse así, no podía hallar una forma de acomodarse sin que su interior quemara. Tocó su vientre varias veces, el contacto con su tibia piel no daba cuentas del ardor que se encontraba bajo los músculos.

 

¿Estás bien?

 

La voz de Francezka lo llamó a la realidad.

 

Sí, estoy bien.

No suenas bien. Cuéntame ¿Qué pasó?

Estoy bien

Estaré ciega pero no boba. Te conozco, no sueles estar encerrado en tu cuarto tanto tiempo. Al comienzo pensé que era por la canción, pero ya después de entregarla, es lo mismo.

Estoy bien.

Thom.

 

La voz de su madre se endureció, le estaba regañando por subestimarla y subestimarse. Era más que evidente que estaba evitando hablar del tema porque sabía que la respuesta a todo su inconformismo radicaba en unas palabras a las que le tenía pavor.

 

Estoy pensando en alguien Ma. Y no sé de qué forma lo estoy haciendo.

Eso si es nuevo, pensé que tú…

Yo también pensé lo mismo, pero antes de darme cuenta fui arrastrado al fondo. Se juntaron muchas cosas en un momento específico y ya no sé diferenciar qué es lo que provocó mi reacción hacia esa persona.

Thom ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando te pones a pensar en lo que sientes?

Que me gusta. Luego me doy cuenta que esa palabra es muy superficial para describir la situación.

Pero podría ser una de las etiquetas. No tienes que ser minimalista, una persona puede tener miles de marcas ya que eso  solo depende del punto de vista. Una de ellas es que te gusta y eso está bien.

 

Una madre podía ver las cosas tan claras, pero en su cabeza seguía batallando el querer todo clasificado en una estructura inamovible; desgraciadamente eran seres humanos, ser relativos era su propia condición de existir. Pero siendo el caso que su madre tuviera razón y estaba siendo demasiado testarudo, empezaría por llamarle gusto. A él le gustaba Cedric.

 

¿Sabes qué es lo más interesante de las relaciones Thom? Que la única forma en la que podemos descubrir qué es lo que esa persona significa para nosotros es conociéndole y compartiendo. Desde el punto de vista de un espectador nunca cubrirás todas las posibilidades que habría.  solo te puedo dar un consejo y es que no seas espectador de tu propia vida.

 

La oración de su madre tuvo un mayor impacto del que creyó. Los ojos se le llenaron de lágrimas por alguna razón, había evitado durante casi un año darse cuenta que siempre buscaba la forma de volver a ese ser humano. Demonios, en serio le gustaba Cedric, pero ¿Y él? ¿Todavía le gustaba? Recordaba cómo hacía tanto tiempo en el bar había escuchado las palabras de declaración de Cedric, pero desde entonces nada había pasado.

 

Tal vez esa persona no sienta lo mismo por mí, no quiero pensar en construir una relación con alguien que no sé cómo se siente.

 

Su mamá se rió tan fuerte como pudo.

 

Thom, ni siquiera tú sabes cómo te sientes ¿Cómo se te ocurre juzgar a alguien por lo mismo?

 

Tenía tanta razón que no quería escucharla, pero lo estaba haciendo y sabía que actuaría acorde con ello. Tendría que forzarse para conocer más a sobre Cedric y en el camino conocerse a sí mismo.

 

***

 

Le parecía una eternidad desde que todos estuvieron sentados en la misma sala. Tiphany los había citado para que hablaran de su cronograma de actividades con la disquera. No podía esperarse una actitud que fuera menos intensa que la euforia, pero al parecer el contraste con otras emociones los mantenían a todos muy calmados.

 

Lo que más lo intrigó fue la paz que había entre Enzo y Dylan; algo había pasado entre ellos que había arreglado todo, o parecía haberlo hecho. Todas las muestras de violencia o de malos tiempos habían desaparecido y de esa sombra, solo se podían ver sus expresiones relajadas. Se alegraba mucho que las cosas entre ellos estuvieran bien, no quería pensar en el hecho de que alguno decidiera abandonar la banda.

 

Damien también había notado eso y él era quien estaba más abiertamente feliz. Ellos todavía no habían hablado sobre Cedric, pero llegaría el día y no sabía qué responder cuándo la conversación se diera. Si empezaba por pensar en que le gustaba, estaba en terreno seguro, solo que le gustaba también Damien, Dylan y Enzo, pero de forma diferente. Ese era el punto que no sabía cómo abarcar ¿Cuál era su tipo de gustar con Cedric?

 

Bueno días chicos.

 

Tiphany hizo su aparición muy puntual como siempre en la sala. Llevaba una falda negra hasta la pantorrilla, con una blusa azul turquesa y blazer negro. El cabello lo tenía recogido en una trenza enrollada sobre sí misma. Lo único que contrastaba con su impecable presentación era lo apurada que estaba.

 

No dispongo de mucho tiempo así que vamos a hacer rendir estos cuarenta minutos.

¿Qué pasó al fin con la canción?

Está aprobada pero están pensando en hacerle unas modificaciones así que Thom y Damien tienen que estar muy pendientes de qué es lo que quieren hacer, por si llega a haber un problema al modificarla mucho.

Vale. Damien respondió emocionado.  

Lo más importante que tenía que contarles era el cronograma de grabación del disco y su participación en dos programas de televisión. Primero, la disquera sí está interesada en remasterizar las canciones que han hecho tal cuál cómo cuenta la historia, no obstante quieren que primero sea un single con la primera canción y dos nuevas y ya con base en eso ir calculando cuál es la aceptación del público. Respecto a su participación en los programas de televisión, uno sería para promocionar el disco antes de que salga y el otro después de haber sido lanzado.

 

Tiphany dejó de hablar para sacar unos papeles de su portafolio, se los dio a Dylan para que se los pasara al resto.

 

Allí están las fechas que están programadas para todas las actividades. Como se podrán dar cuenta no tenemos mucho tiempo así que vamos a estar realmente presionados.

 

La manager se quedó callada esperando a que las hojas pasaran por todos los integrantes. Cuando Thom se puso realmente a analizar que estaban pidiendo que lograran eso en menos de dos meses, le pareció una locura. Le pasó los papeles a Damien.

 

¿Y eso si es posible? Dylan llamó la atención de Tiphany. Veo que las fechas están a marchas forzadas.

Se tienen que lograr en esas fechas, después de todo tienen planeado hacer un concierto a mitad de año.

Todos los integrantes se miraron y después de tener una conversación con sus miradas, se volvieron a enfocar en Tiphany.

 

La idea es que quieren hacer un concierto para mil personas. Ellos ya vieron el informe del concierto que hicieron y están seguro que sobrepasaran los mil con un poco de publicidad.

Pues respecto a la edición y composición de las canciones nuevas, yo he estado trabajando en ello Dylan. Creo que estaremos bien con las fechas si nos ponemos en ello desde ya.

 

Damien parecía estar muy confiado, pero eso no convenció a Dylan demasiado. Se veía en su rostro preocupado, pero ora por la decencia, ora porque no tenía una mejor idea, se quedó callado.

 

Desde mañana estarán en contacto con el estudio de grabación para acordar la entrega de demos y ya con eso la edición de estos.

Gracias Tiphany.

Espero que todo nos salga bien muchachos. Yo tengo que irme pero siéntanse libres de llamarme para preguntarme cualquier duda que tengan.

Vale.

 

Damien fue quien terminó la conversación con Tiphany mientras el resto se quedaba dubitativo por diferentes razones. Dylan se quedó leyendo el cronograma una vez más mientras que Enzo ya estaba alistándose para irse. Los únicos que si parecían estar genuinamente preocupados con esta nueva etapa eran Dylan y Thom, la otra pareja no se sabía qué estaban pensando realmente.

 

¿Crees que lo lograremos?

 

Thom se sentó al lado de Dylan mientras le echaba otro vistazo al cronograma.

 

En teoría deberíamos, pero tengo un mal presentimiento ¿Sabes?

 

No era por ser pesimista, pero él también tenía un mal presentimiento. Esperaba que  solo fuera el miedo de comenzar con esa nueva era para ellos, sabía que de alguna forma todas esas cosas buenas no les estaban pasando para que al final todo resultara en un desastre.

 

***

Lo primero que hizo fue alistar los demos para entregarlos a la disquera, en ese proceso lo ayudó Damien. Los dos estaban frente al computador quemando los discos y modificando algunas partituras. Haciendo el trabajo sobre la marcha le dio algo más de confianza, sus canciones estaban bien hechas desde el comienzo ¿Qué temer? Su amigo era quien tenía una fe ciega y tal vez él necesitara también algo de confianza.

 

Hace mucho que no nos veíamos Damien.

Hola Franceska el pelinegro se levantó del sillón para abrazar a la ancianita.

Me contó Thom que ya están enviando las canciones a la disquera.

Sí, aunque solo es la primera, las demás canciones irán con el tiempo.

Me alegro mucho, quiero ofrecerte algo de tomar ¿Me acompañas a la cocina?

 

No era extraño que Damien fuera arrastrado por Franceska de esa manera, después de todo para ella, Damien era como otro hijo. La relación tan cercana que tenía con Thom, llevaba a una confianza igual con su mamá. Según la perspectiva de Damien, desde que salieron del hospital, cualquier encuentro que no involucrara la presencia de Thom, era para hablar sobre él y no se equivocaba.

¿Cómo es posible que no hayas hecho nada para hacer que Thom se ponga a estudiar?

Lo hice, le conseguí un contacto para que le prestara los libros del primer año de economía.

¿Qué? Yo no he escuchado nada de eso.

Bueno, pues se supone que él ya debió haber contactado con el chico que conseguí.

No puedo decirle que renuncie a su carrera como músico, pero creo que no pueden enfocarse enteramente en eso.

Es un mal momento para decirlo, nos acaban de entregar el cronograma de actividades de la disquera. Serán dos meses muy apretados.

 

La cara de disgusto de Franceska le estaba intimidando, pero nada podía hacer contra eso. Ella tendría que lidiar con las nuevas tareas que les habían asignado y él trataría de hacer que Thom sacara tiempo para estudiar. Él también pensaba que necesitaban un refuerzo en su futuro.

 

Damien, por favor, no dejes que Thom se quede sin un futuro.

Lo sé, me encargaré de que tenga uno.

 

Ya la conversación estaba siendo demasiado larga para solo tratarse de bebidas. Damien se apuró en volver al lado de su amigo y seguir arreglando las canciones. Este estaba inocente a las preocupaciones de su madre y era mejor que fuera así. Se sentó a su lado y lo encontró congelado viendo la pantalla del editor de audio. Los ojos recorrieron todo el camino hasta chocar con su mirada, Thom tenía una expresión seria.

 

¿Qué pasa?

 

Damien se encogió sobre su puesto. Thom no era estúpido para su desgracia.

 

¿A qué te refieres?

Últimamente mi mamá ha estado rara y no me dice nada ¿Qué sabes?

Nada que no sepas tú ya, ella está preocupada por ti.

¿Por qué?

 

Como no tenía ni idea de qué responder, Damien lo miró con una expresión que decía «Tú ya sabes por qué»; Una de sus cejas se arqueó y su boca se torció con tintes de ironía.

 

¿Ella te lo dijo?

No, me estaba preguntando por ello.

 

¿De qué estaban hablando? No lo sabía, al parecer Thom tenía muchos secretos por los cuales estar preocupado.

 

Es algo estúpido, que me guste alguien no es un evento del otro mundo.

 

Contuvo como pudo su expresión de sorpresa, si bien era cierto que no sabía de qué estaban hablando, pero tampoco se imaginaba que fuera algo tan salido de la nada. ¿Por qué él no le había dicho nada? En alguna parte de sí, se sintió lastimado.

 

No me digas que es el chico de la canción azulada.

 

Ahora era el turno de Thom de abrir los ojos a más no poder. Solo con verlo así, hizo que lo perdonara por ocultárselo, sabía lo duro que debió ser para él tener que darse cuenta de ello. Esa persona debía ser demasiado para Thom, incluso para hacerle duda de su sexualidad.

Es el mismo chico de los libros que conociste.

¡¿Qué?!

 

Thom asintió y todos los músculos de su cara se tensionaron. Entendiera que estuviera tan acomplejado, pero no con él; de todas las personas de las que se debía sentir avergonzado, él no era una de ellas. No eran mejores amigos para juzgarse por esas cosas.

 

Las coincidencias no, el destino es demasiado travieso. No puedo creerte que sea el mismo chico.

Ni yo podía creerlo cuando lo vi.

¿Y?

¿Te parece poco?

¿Desde hace cuando estás así?

Prácticamente todo el último año.

Debió ser duro, te tomó un año darte cuenta de lo que sentías.

Esto es demasiado para mí.

 

El tono con el que lo dijo le hizo dar pesar. Para Thom volver a empezar a reestructurar su vida en torno a que le gustara alguien, le era supremamente difícil. Sabía todo lo que él había sufrido por su última pareja y lo desconfiado que se volvió. Él no era nadie para juzgarlo, pero en parte compadecía a la persona objeto de su gusto; se estaba enfrentando con un ser lleno de inseguridades y una personalidad muy abrasiva.

 

¿Y cómo te sientes?

No lo sé. Sonará estúpido, pero  solo fue hasta hace poco que me di cuenta. Hace un tiempo salimos a una cita. Todo fue un desastre, después de que salimos no lo llamé como en un mes.

Típico de ti, y a la vez no ¿En serio fuiste a una cita con él?

Ya mejor no hablemos del tema.

Cómo quieras, ya sabes que aquí estaré para escucharte.

 

Los dos se quedaron callados mirando la pantalla del computador. En esa pantalla las notas y las ventanas no tenían nada para solucionar el reciente descubrimiento de la realidad.

 

***

Había vuelto de trabajar, ya era de madrugada. Entró silenciosamente en el apartamento y se dirigió a su cuarto. Descargó la mochila, se quitó la ropa y se dejó en pijama. Se agarró el cabello en una cola de caballo y se fue a bañar los dientes. Estaba supremamente cansado, quería dormir hasta el mediodía. Esa noche hubo un evento en el bar y el trabajo que hubo, fue múltiples veces mayor. Tenía los hombros entumidos y las pantorrillas le dolían.

 

Cuando volvió de asearse y se iba a costar, tuvo que hacerse hueco entre los libros que había dejado esparcidos por todos lados. Quitando los libros de la cama se le resbalaron algunos. Dejó los libros que tenía en brazos en el escritorio y se devolvió a recoger los cuadernos.

 

Cuando los levantó, algo le llamó la atención en las páginas. Abrió el cuaderno en la página que recién había visto y se quedó sin palabras. Había toda una página con su nombre, tenía una tipografía distinta, unas pequeñas y redondas; otras grandes y en cursiva.

 

Cedric realmente había pensado en él durante todo ese tiempo, de la forma que fuera, en la existencia denominada «Perséfone». Se sintió increíblemente conmovido, hasta el punto de querer llorar. Definitivamente le gustaba Cedric, era complejo poderle dar una etiqueta a ese sentimiento.

 

Se sentó en la cama con el cuaderno sobre el canto y pasó los dedos por cada una de las letras. Duró largo rato hasta que quedó satisfecho. Cerró el cuaderno y lo puso debajo de su almohada; se metió entre las cobijas y antes de notarlo ya estaba profundamente dormido.

 

 

 

Una mano suave le acarició el cabello, en primera instancia pensó que era su madre, luego se dio cuenta que las manos eran muy grandes para ser de ella. En la boca del estómago se gestó algo extraño al entender que había otra persona tocándolo; era como si se hubiese abierto un hueco en su pecho y tanto la ansiedad como la expectativa se mesclaban allí.

 

Intentó abrir los ojos, pero no pudo. Cuando la mano iba ascendiendo por su cabello y llegó a su cuello, quiso apartarlo, pero sus extremidades no se movían. No estaba atado, ni había otra persona agarrándole de los brazos, simplemente no podía moverse. «Ah, es un sueño», lo entendió cuando empezó a ver destellos de luz provenientes de sus piernas y brazos.

 

La mano iba deslizándose por entre sus hebras de cabello y su piel. Un escalofrió se hizo presente en sus piernas cuando unos labios fríos le besaron la mandíbula. Empezó a asustarse más que por el ataque de su adversario, por su extraña complacencia con este. Abrió la boca para gritar, pero lo que salió de allí no fue más que un gemido.

 



Está bien ¿verdad?

 

¿Qué? ¿Qué estaba bien? Estaba frenético por entender a la persona que se estaba apoderando de su cuerpo. Los pensamientos corrían de un lado para otro, buscando a los gestores de los escalofríos de sus caderas. Los dientes de aquella persona, lo estaban masticando en su cuello y su pecho. No le dolía nada, pero la firmeza de los dientes le excitaba a sobremanera.

 

La rigidez de su entrepierna era precipitada, no había tenido una estimulación directa pero probablemente se vendría al instante de que tocase otra superficie. Las caderas comenzaron a balancearse para buscar alivió, pero  solo encontraba el aire como su acompañante.

 

¿Quién eres?

 

La pregunta salió instantáneamente. El silencio fue el único que le contestó, pero entendió claramente el nombre de la persona que estaba con él; y se sintió feliz, porque estaba desnudo ante esa persona. Todo lo que veía, era su verdadera esencia, eso era él y si le gustaba así, entonces no había problema. Estando orgulloso de la situación en la que estaba, abrió las piernas y se dispuso a permitir que pasara lo que tuviera que pasar.

 

La persona que estaba con él bajó las dos manos y, las posó a lado y lado de su miembro. La expectativa le carcomía la razón, quería que pasara lo que tenía que pasar, aquí y ahora. Los dedos serpentearon hacia el interior de sus muslos, tomaron sus piernas y las levantaron hasta que sus rodillas quedaron al lado de su cabeza.

 

«¡Ah!», el gemido ocurrió en su mente. Estrechó su esfínter por la vergüenza y ya no se sintió tan agradado. No le gustaba eso, no quería que pasara así. Tampoco sabía cómo quería que pasara exactamente, pero de esa forma no era. Las piernas no le respondían, pero el cosquilleo en ellas era más intenso ¿Qué estaba haciendo?

 

La consistencia gomosa de la lengua se aferró a sus testículos y los amasó. Lo único que podía pensar era en la vergüenza que le daba que la persona lamiera su vello púbico. Quería haberse afeitado su zona íntima de saber qué terminarían así. La delicia de la lengua le hizo frotar su miembro contra la cara de su acompañante. Las mejillas y la nariz fue lo que encontró en su camino, se enfatizó en ello hasta que le fue retirado el rostro de sus cercanías.

 

¡No!

 

No reconocía ni su propia voz desesperada. Sus miembros rígidos hacían un esfuerzo sobrehumano para atrapar a la figura que hace unos instantes le había estado dando atenciones. Entre los múltiples movimientos que intentó hacer, notó una humedad extraña. « ¿Qué es esto?» No podía ver ni moverse, pero era como si supiera qué estaba pasando exactamente con su cuerpo.

 

Debajo de sus testículos desbordaba a mares un líquido viscoso y transparente. La mano de su acompañante le ayudó a entender el porqué de esa nueva sensación; los dedos abrieron los labios y dejaron ver una inmaculada vagina que se estrechaba con violencia.

 

Una expectativa antinatural creció en sí mismo, el único pensamiento que hiló cuando entendió que tenía una vagina fue: «me va a embarazar» y lo deseó con perversión. Su parte femenina deseaba estar embarazada y con entender ese hecho, las piernas y los brazos recobraron su movimiento.

 

 

 

Abrió los ojos y se quedó mirando al techo aterrado. No tenía ni que levantar las sábanas para saber qué accidente había pasado allá abajo. Eso lo estaba superando, deslizó su mano y a pesar de que sabía que no iba a encontrar nada raro allí, examinó su entrepierna.