lunes, 5 de noviembre de 2012

[Realidad] Capitulo 12 "¿Esto es lo que realmente quiero?""

¡Buenas y Santas y muchas tantas!
Estoy haciendo algo que generalmente no hago, pero que comenzaré a hacer. Dado a que en Amor Yaoi casi no comentar, no subiré el capitulo allá hasta que lo hagan, pero como sigo avanzando en la historia, pues comenzaré a hacerlo hasta aquí. 

Cómo sé que casi nadie visita el blog, pues no me preocupo mucho XD 
Bueno aquí les traigo el capitulo 12, recien salido del horno, espero les guste. 

**********************************************************************************

Capítulo 12

¿Esto es realmente lo que quiero?”

Miraba hacia el techo de su habitación y sus ojos dolían como el demonio. Desde el café no había podido parar de llorar. Estaba confundido por ese dolor tan intenso en su pecho. No sabía si era culpa o una desbordante sensación de responsabilidad. 

Estaba cansando de sentir siempre cosas tan extremas, cuando se trataba de Collin. Por eso había venido tan lejos, pero ahora se daba cuenta que el dolor era más intenso que cuando estaba con él.  No podía pensar que eso fuese amor, si realmente lo amara, se supone que debería sentirse bien, que todo el mundo se vuelve color de rosa, pero no recordó ni una sola vez que hubiese sentido eso.  

Jostein le había dejado tranquilo con ese tema. Cuando regresaron a la casa de sus abuelos, él no mencionó nada. Ahora estaba en su antiguo cuarto y este dormía apaciblemente en una colchoneta en el suelo. 

A esas  horas de la noche, se le antojó agradable poder escuchar a Collin. Cuando estaban en su apartamento, siempre que era de noche y no podía dormir, se quedaban hablando en voz baja sobre trivialidades. Siempre esas charlas se le hacían muy divertidas. Ahora era una situación muy distinta. 

Se levantó de la cama y salió hacia el pasillo que conectaba su cuarto con las escaleras. Se recostó contra la pared y miró su celular. ¿Iba a llamarlo ahora? ¿Qué le diría? No estaba seguro de que iba a pasar, pero si lo que dijo Jostein era verdad, debía solucionar eso lo antes posible. 

Se armó de valor y le llamó. Se quedó expectante con el aurícular y su corazón comenzó a latir más rápido. No contestó. Estaba algo molesto, por lo que volvió a marcar y esa vez si le contestó. 

— ¿Hmm?

— ¿Collin?

— ¿Qué? —sonaba su voz pesada y grave como si estuviese borracho o que le acabase de despertar.

— Hola, ehm… hablas con Matthew. — Su voz parecía flaquear, estaba muy nervioso.

Escuchó que sonaba como alguien levantándose rápidamente y que se tropezaba con todo. 

— ¡Ma…! — Se le cortó la voz y se puso a llorar. — ¿Dónde estás?

Matthew al escuchar eso se le humedecieron los ojos y se puso a llorar también. 

— Lo siento, lo siento, lo siento. — Susurraba con mucho dolor. — No era mi intención que te pusieras así. 

— ¿Dónde estás? Veámonos, te lo suplico. 

— Lo siento, yo estoy en Inglaterra. 

— ¡Así que sí era cierto lo que dijo Jostein! ¿Por qué Matthew? Me hubieses dicho. Yo no te hubiese atado para que no fueses, solo quería que me dijeras. 

— Lo siento. —La garganta de Matthew se cerraba cada vez que intentaba hablar. 

Se escucha como sollozaba cada uno. Matthew se quedó analizando de nuevo ese sentir en su pecho. Definitivamente era lo más fuerte que alguna vez había sentido. Fuera lo que fuera, incluso si era amor, le estaba haciendo daño, debía acabar con eso de una vez por todas. Lo haría… por el bien de los dos. 

— Collin. Yo quiero… decirte algo. 

— ¿Qué? — La voz sonaba más calmada.

— Quiero que terminemos la relación que sea que tengamos. 

— ¿Qué? — Collin sonó ofuscado. — ¿Terminar? ¿Qué pasó? ¿Por qué?

— Creo que es lo mejor para los dos. Yo estoy al otro lado del océano, no nos veremos más, es mejor para nosotros acabar con esto y seguir cada uno por su camino. 

— ¿Ah sí? ¿Es tan fácil para ti decir eso? — sonó el golpe de algo que se rompía. — Bien, quizás fui un imbécil por pensar que me querías aunque fuese un poco. Te agradezco la sinceridad. Aunque lamento decirte que no acepto esto. 

— ¡Collin! No seas terco, es lo mejor para los dos.

— Sí, bien, que sea lo mejor, pero si vas a terminarme, hazlo en mi cara por lo menos. 

— Pero… ¿No oíste? Estoy en Londres.  

— Claro que lo oí. — sonaron unas botellas chocar. — Por eso, tú y yo nos veremos en las vacaciones de verano y ahí sí puedes decirme todo lo que se te de la gana. 

Matthew se quedó callado. Pensó que sería fácil acabar con ello, pero como todo con Collin, tenía que ser de la forma más complicada y más hiriente posible. 

— Tomaré ese silencio como un “sí”. ¿Tienes algo más que decir? 

— Lo siento. 

— Ajá, claro, como si esas palabras hubiesen solucionado algo alguna vez. Adiós. 

Matthew se quedó ahogado en su propio llanto y remolino emocional. Estaba cansado, por cosas como esas había pensado que era mejor acabar con esa relación y aún así no pudo. Estaba tan acostumbrado a Collin que no supo en que momento estaba ya llorando por él. 

Si eso era lo que él quería, bien, le terminaría en las vacaciones de verano. En verdad lo haría.

***

 Ya había pasado cierto tiempo desde que había pensado preocuparse por su apariencia. Miraba su cabello y sentía que ya era hora de cambiar. Se fue hacia un salón de belleza he hizo que le cortaran el cabello al estilo militar. Su cabeza se sentía rara, pero, visualmente era más agradable.

Cambió su vestimenta por algo menos estridente, aún así sin perder el toque que había adoptado. En ese momento estaba pensando en cómo hacer para atraer a Matthew. Quizás no tenían mucha confianza por todo lo que había pasado, pero no podía olvidar el beso que le dio. No estaba dispuesto a que fuese el último. 

Ese nuevo corte, le subía el autoestima. Su nueva ropa ya la sentía más apropiada. Ya se sentía preparado par ir en busca de Matthew. 

No había hablado con Joshua desde ese día, tampoco se había preocupado en contactarlo. Aunque si era sincero, le extrañaba un poco. Ya se habían vuelto bastante cercanos. 

Tomó su celular y le marcó a Matthew. Hoy estaba dispuesto a atacar para matar. 

— ¿Aló? —contestaron. 

— Hola Matthew, soy Maurice. 

Hubo un silencio de unos segundos. Maurice no supo como interpretar eso. 

— Hola Maurice ¿Qué necesitas? 

— ¿Podemos vernos? — Parecía ansioso. 

— ¿Vernos? Lo siento, creo que no sería ahora conveniente. 

— ¿Por qué?

— Ahora estoy un poco ocupado. 

Maurice se quedó callado por un rato ¿qué era esa mierda? ¿Por qué siempre huía de él? Se estaba empezando a molestar. Si no quería estar con él por las buenas, entonces lo estaría por las malas. 

— Ah, claro, lo entiendo. Lamento no ser oportuno. 

— No te preocupes, podemos salir este fin de semana. 

— Vale, estaré esperando tu llamada. 

La conversación murió. Guardó su celular y dirigió sus pasos hacia la universidad de Matthew. Él no era imbécil. Ahora si era necesario, lo secuestraría, pero tendría que estar con él. Por lo menos pedía que le explicara porqué siempre huía de él. 

***

No estaba en su mejor momento como para ponerse a liarse con Maurice. Su cara estaba hecha un desastre. Sus lágrimas se habían encargado de quemar sus mejillas y sus ojos estaban secos y rojos. En su cabeza solo estaba ese tono déspota de Collin. Repetía en su cabeza su disculpa hacia él y de esa misma forma recordaba las palabras de él como si esas palabras hubiesen solucionado algo alguna vez y era verdad. En ese momento, podía desvivirse diciendo “lo siento” pero, ¿Eso qué efecto tendría? 

Se dirigía para la casa de sus abuelos. Ahí le esperaba Jostein. Estaba en un momento muy tenso con él. No podían hablar normalmente, pero tampoco habían sido hostiles. Era todo una guerra fría con máscaras de amigos. 

No negaba el hecho de que merecía el enojo que sentía su amigo por él. Era justo y el mismo se estaba reprochando en esos momentos. Pero consideraba que quizás ese no había sido el mejor método para decírselo. 

Iba llegando a la casa de sus abuelos y pasó por la panadería que le gustaba tanto. Compró algunos bizcochos. Con un poco su camino desviado, continuó su camino. Cuando llegó a su casa, se extrañó de ver a Joshua tocando la puerta. Llamándole la atención este se volteó aliviado de verlo. 

— Joder, me alegra encontrarte. — dijo Joshua con el aire perdido. 

— ¿Qué pasó? —Se preocupó Matthew por verlo jadear así. — ¿Por qué viniste corriendo hasta aquí?

— Creo que es mejor que vayas a la universidad. 

— ¿Eh? Explícate. 

— Bueno, me ha llamado Maurice diciendo que estaba haciendo el escandalo de la vida con Allan tratando de ubicarte.

— ¡¿Qué?! — Matthew encanó una ceja, molesto. — Ese imbécil ¿Se puede saber que está haciendo? 

— Eso mismo me pregunto yo. Lo cierto es que he recibido una llamada de él diciendo eso. Llámalo, dile algo para que se calme. 

— Vale. ¿Por qué no me llamaste antes? 

— No hace mucho me llamo Maurice.

— Pero ¿Por qué no me llamaste por celular? 

— Porque se me ha acabado la batería. Lo siento. 

— No te preocupes. 

Mentalmente ya había estrangulado a Maurice un millón de veces ¿Qué era eso? ¿Por qué todos parecía tener un chip que decía “Obsesiónate y jode a Matthew”? Entró a la casa y le pidió a Jostein que le acompañara un rato a la universidad. No se negó aunque si se sorprendió ver a Joshua. Ellos habían hablado de que ocultarían ese hecho de que hablaron, por el bien de los dos. Actuaron natural uno frente al otro, aún cuando Joshua se moría por preguntar varias cosas. 

Mathew se adelantó casi corriendo, mientras hablaba por su celular con Maurice. Joshua aprovechó para retrasarse un poco para ir a la par con Jostein y le miró inquisitivamente. Este le respondió con una mirada de que no era un buen momento para hablar y hasta ahí se quedó la comunicación. 

Joshua sintió ese execrable deseo de saber. Estaba comenzando a hartar de su constante instigo de manipulación. Pero era inevitable. 

Cuando hubo llegado a la universidad, se vio la escena de Allan tratando de hacer que Maurice se detuviese, aunque les costó un rato identificar que el otro chico con el que hablaba Allan era Maurice. 

— ¿Qué pasa?— Matthew se acercó furibundo. 

— Hola. —Allan saludó con molestia. 

— Así que realmente no estabas aquí. — Maurice recalcó con cierto deje de contestación. 

— Joder, si te he dicho que no puedo, es que no puedo. —Matthew frunció el ceño. — Se puede saber ¿Qué pasa contigo?

No hubo respuesta por parte de Maurice. Se disculpó con Allan y tomando del brazo a Matthew se lo llevó lejos de la institución. Matthew se volteó mientras era arrastrado y miró a Allan pidiéndole disculpas. Luego avanzó al paso de Maurice y se deshizo del agarre. 

— Oe. —Amonestó Matthew. — Por lo menos responde lo que te pregunto. 

Maurice se detuvo y espero a que Matthew se colocara al frente de él. 

— Te diré la verdad. Me molesta que evites como si tuviese la peste. 

— ¿Evitarte? ¿De qué hablas? — estaba realmente desconcertado. 

— Desde que llegaste, ha sido lo mismo. Es como si yo estuviese pintado en la pared. Si me odias, pues dímelo.  Joder que me mato la cabeza pensando que es lo qué pasa contigo.  

Matthew se mantuvo callado. Se volteó y siguió caminando en busca de Jostein y Joshua. 

— ¡¿Si ves?! Es por eso que tengo que venir a hacer el ridículo buscándote. ¿Qué he hecho? ¿Por qué parezco ser el único que sobra aquí? Dímelo en la cara por lo menos. 

Matthew se volteó, atraído por esas palabras. Eso mismo le había dicho Collin. Ahora lo entendía mejor. Era un cobarde. Si enfrentaba las cosas, sentía que lo iba a perder todo, por eso no era capaz de confrotar a ninguno de los dos. Aunque Maurice y Collin eran dos mundos diferentes, los dos tenían algo en común. Matthew sentía que le debía muchas cosas a los dos. Lo reconsideró, si realmente esperaba enfrentar a Collin en las vacaciones de verano, debía emprender con su proceso de adquirir el suficiente valor para dejar de huir. 

— Te lo diré en la cara. —dijo eso, pero escabullía su mirada en el suelo. — Te evito porque quiero evitar decepcionarte más, que me odies, que lo único bonito que tenía nuestra amistad hace años, se vaya al carajo. Aunque parece mi error, porque te he estado haciendo más daño del que pensé. 

Maurice se quedó desarmado ante esa respuesta. Él quería recibir una contestación agresiva y llena de odio. Algo que le permitiese excusarse del por qué le evitaba. Pero no resultó ser más que un método de protección de su parte. 

— Maurice. —Hizo una pausa mientras carraspeaba un poco, sus palabras no salían tan fácil. — Hay muchas cosas que te deben resultar repugnantes de mí, pero te pido que me perdones por ello. 

Estaba ahí, tan solo parado diciendo palabras, pero sentía que estaba desgarrándose la garganta ¿De qué servía ser sincero? Ahora lo vería. 

— Matthew, mírame. 

Este con algo de recelo lo hizo. 

— Deja de ser tan idiota. 

Maurice agarró la solapa del blazer de Matthew y lo atrajo hacía sí. Buscó sus labios y encontrándolos, impregnó un beso sin importar quien estuviese observando. 

Matthew no procesó la información hasta poco después de sentir el contacto de los tibios labios de Maurice. Colocó sus manos sobre los hombros de Maurice e intentó empujarlo, pero no pudo. En ese momento él no tenía la intención de comenzar a jugar, pero tampoco pudo evitarlo. Cuando Maurice le soltó, este sonrió con algo de alegría y luego le abrazó. 

— No creo que haciendo esto, puedas todavía pensar que haya algo que me asquee de ti. 

Matthew estaba estupefacto. Estaba pasmado. ¿Qué estaba sucediendo ahora con Maurice? ¿Qué era esa escena salida de una novela barata? No pudo pensar en decir algo. Estaba sencillamente pensado que debía ser una muy irracional broma. 

— No me evites más. — Musitó Maurice. — Que yo no pienso parar de buscarte. 

Quizás era por el mismo hecho de que esas cursilerías eran algo tan ajeno a él, pero no pudo evitar sentir como sus mejillas ardían. Maurice se había convertido en un casanova sin remedio.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Elliot [Realidad]

Bueno les traigo un dibujito de Elliot :3 espero  les guste


Rusia [Hetalia]

Bueno yo por aquí trayendoles un dibujito mío de Rusia  8D ojalá les gusté




sábado, 27 de octubre de 2012

Feliz Halloween!!

Buenas y santas y muchas tantas!!
Les traigo un regalito por ser Halloween :D es una linda y adorable imagen (hecha por mí) de la pareja Collin x Matthew (Realidad) Ojalá les guste


martes, 7 de agosto de 2012

Disculpas

Bueno, el titulo del post no es muy alentador que digamos.

Quería comentarles que va  a haber un paro indefinido con Realidad. El último capitulo fue hace 2 meses y aunque ya me he estado demorando así todo el año, es probable que entre en un paro mucho más largo.

Quiero que sepan que no es porque vaya a abandonar la historia o algo por el estilo. Ustedes podrán estar
tranquilos que esa historia se acaba porque se acaba.

Es muy posible que no actualice en los siguientes 3 meses, depronto hasta los 4 siguientes.

La razón, creo que es muy obvio que es por la universidad. Ahora me he puesto de super heroina a meter más materias y estoy colgada.

Lamento mucho dejarles con una espera tan larga. tenía el capitulo 11 a medio terminar y pensé en depronto publicarlo, pero no lo hize y no lo voy a hacer porque la verdad está muy mal hecho y no es justo con ustedes embutirles eso, solo para que no esperen.

Espero la comprensión y les agradezco el apoyo.

jueves, 2 de agosto de 2012

[Tsuritama][Akinatsu] Dulce, Dulce, Amargo


Yo solo puedo decir !
Esta pareja es mi otp! Los amo sencillamente los amoooooooo!
Viva el akinatsu hasta el final de los tiempos
_____________________________________________________________________________________________


Dulce, Dulce, Amargo

Miraba la caña de pescar como si tuviese la solución a sus problemas, pero realmente no era más que el instrumento que le hacía divagar. Estaba consciente que algo estaba mal con él; pescar ya no lo hacía sentir pleno como antes, de hecho, pareciese como si lo enjaulará más abrasivamente, era como si él fuese quien estuviese siendo pescado.

Se había puesto a pensar en que momento había cambiado, y no podía pensar en otro momento que no fuese aquel en que Akira se presentó a su vida. Un moreno de facciones ciertamente atractivas, con un extraño turbante, además de decir que tenía 25 años. Era toda una personalidad, pero no había llamado su atención de forma certera, solo le hacía pensar que era raro.

Esa ansiedad que sentía en su pecho, no quería creer que era producida por aquel personaje tan particular. Pero lo que no podía negar, era el hecho que cuando se comenzaron a acercar esas vacaciones de verano, por aquel trabajo, inevitablemente comenzaron a intimar (debía mencionar que era a punta de insultos, pero a fin de cuentas era intimar). Era esa sensación indescriptible que le hacía sentir en cierta parte un rechazo y por el otro una atracción.

Sus nervios se estaban viendo esclavos de los deseos que su cuerpo parecía tener. Constantemente sentía como si su estomago quemara, y esto solo se venía acompañado de un sentimiento de añoranza, de querer verlo, de querer estar con él. No podía creer que estuviese sintiendo ese tipo de cosas, pero así era, no lo podía negar.

Delineó con sus dedos la caña de pescar y mientras la agitaba para ver como se torcía, no podía dejar de pensar en él. La desesperación lo embargó y no pudo evitar desear salir de esas cuatro paredes que las sentía como si fuese su cárcel, una pecera.

No quiso dar mucha excusa acerca de por qué salir tan tarde en la noche, pero su hermana y su papá tampoco le preguntaron nada al respecto.

Caminar a la playa era quizás la única solución que podía plantearse. Respirar aire puto, quizás disolvería ese malestar que se gestaba en él. Se parecía a la sensación de estar indigestado o de tener un ataque de pánico.
Mirando el piso, siguió caminando ya sabiéndose el camino hacía la playa. El camino estaba ciertamente solitario, pero no era esperarse de menos, ya eran más de las 10 de la noche, la gente normal no estaría vagabundeando como él por ahí.

Ya estaba llegando a la playa cuando al pasar la calle para llegar a la playa, se encontró a Tapioca. Su corazón se paralizo mientras veía al ave moverse agresivamente y graznar como siempre lo hacía, no puedo evitar querer huir. Se devolvió sobre sí mismo y esperó pacientemente a que cierta cantidad de carros pasaran. Algo dentro de sí subía como una nauseabunda masa que lo exasperaba.

Se sentía débil y de cierta forma cansado mentalmente, No entendía porque se tenía que ver acorralado por un hombre que tenía todo de raro y nada de amigable.

Los carros pasaron y él desesperado pasó la calle y corrió tanto como pudo. No pensaba que fuese a ser tan desesperante el simple hecho de ver a Tapioca. Solo denotaba que tan alterado emocionalmente estaba.
No quería ir a su casa, no quería estar encerrado. No pudo pensar en otro lugar para ir sino a la gran torre de Enoshima. Como era de esperarse al llegar, ésta estaba cerrada. Se sentó en el andén y colocó su cabeza entre sus rodillas, mientras respiraba agitado.

¿Qué estaba haciendo? Le parecía estúpido que estuviera huyendo de un pato, bueno, técnicamente de dueño del pato. Sabía que ese comportamiento era muy infantil, pero no podía evitarlo. En su vida nunca había tenido que experimentar algo así.

Después de que su respiración se reguló, decidió irse para su casa; no tenía sentido seguir dando vueltas tan tarde. Comenzó a caminar para su casa y mientras intentaba divagar en sus pensamientos, descubría su campaña constantemente abortada, porque no podía evitar de nuevo pensar en él.

Se torturaba en todo momento el hecho de poder ignorar su existencia.

***

— ¡Eno-Shima-Don! — Enérgicamente Yuki gritaba mientras lanzaba el anzuelo.

No podía negar que le alegraba ver ese entusiasmo, de alguna forma le recordaba lo que para él significaba la pesca. Verle le distraía de pensar en el maldito hombre que no parecía dejar de invadir su espacio mental. Los ojos se le desviaban inconscientemente hacía su morena piel y luego trataba de leer las expresiones de su cara.
Quería saber que pensaba él también; de pronto los dos estaban siendo victimas de violación del espacio mental ajeno y no sabían; quizás había alguna forma de devolverse la paz mutua.

No estaba esperando una oportunidad de hablar, o no por lo menos con Yuki y Haru estando ahí. Esperaba que quizás si pudiesen hablar solos, habría más confianza y podrían hablar más sinceramente.

No pudo evitar pegarse contra el mástil de barco. Indudablemente del pensamiento anterior, solo pudo traer cosas pervertidas a su cabeza. Pero lo reconocía, no era como si no quisiera que realmente pasara algo más. Sabía que parte de su ansiedad y miedo de verlo, era por el hecho que le gustaba.

Trato de quitar su foco de atención de él y pensar en la liberadora actividad de pescar.

Hoy no parecía que pudiesen alcanzar a pescar algo bueno. El banco de peses cada vez se dispersaba más y el día se estaba acabando. Tenía que reconocer que en parte maldecía que estuviese acabando.

Yuki le dijo a Akira que los llevase al puerto, que hoy posiblemente ya no conseguirían nada. Akira solo asintió y dirigió la lancha para atracarla. Haru con su característico ruido y energía, apenas tocó tierra firme se llevó a Yuki quien no pudo resistirse a su impulso.

En ese mismo momento lo pensó — Demonios hemos quedado solos. — Un cosquilleo en su estomago lo alertó de la situación e intentó tratar de mirar la forma de huir de ahí, porque a pesar de que quisiera estar cerca de él, los nervios y el miedo le ganaban a sus otros deseos.

El intento de fuga se vio fallido por Tapioca, quien comenzó a correr alrededor de puerto y Akira no pudo controlarlo. Natsuki salió corriendo intentando detener a Tapioca, quien se montó en una pequeña embarcación vecina. Se paralizó ¿Cómo alcanzaría al pato? Empezó a mirar a lado y lado tratando de ver que el dueño no lo viese montar el barco e iba a montarse, pero antes de hacerlo Tapioca se bajó pacíficamente y se fue a lado de Akira.

Debía reconocerlo, sintió cierta ira contra ese maldito pato. Después de toda esa persecución, volvió al lado de Akira y estando un poco más relajado, le terminó de ayudar a atracar el barco y a organizarlo. Haber correteado al pato, dispersó su tensión.
— Así que ya te muestras más relajado. Gracias Tapioca. — Akira parecía hablar con los dos al mismo tiempo.
Natsuki levantó la mirada y se encontró con la de Akira y su corazón saltó y desvió rápidamente la mirada.

— Sé que no nos llevamos tan bien como deberíamos, pero que me sigas evitando, me molesta sabes. — Se acercó de forma imponente a Natsuki que estaba acurrucado atando unas cuerdas — Quiero que seamos amigos— pensó.

Natsuki quedó con la mente en blanco ¿Dónde estaba el hombre frívolo que creía ser? ¿El ser sin sentimientos al que todos le temían? En ese momento podría ser una gelatina que se escurría sin ningún fundamento solido. Las piernas le temblaban y eso que estaba acurrucado, pero el rostro de Akira cada vez estaba más cerca.

— Yo no me preocupé por Tapioca, solo pensé que sería problemático que se pusiera a correr.

Akira sonrió y se sentó a su lado. Natsuki se quedó mirándolo extrañado y se vio bañado por una dulce sensación que quería hacerle llorar. Los ojos de Akira bañados en la luz del atardecer, parecía que ahora lo miraran con un cierto deseo que le hacía endulzar el corazón. Demonios, no lo podía negar más; deseaba a ese hombre como nada había deseado en su vida.

Soltó sus manos de las cuerdas y tocó el rostro de Akira mientras delineaba su piel bronceada que parecía brillar ante el sol.

— Me gustas. — No contuvo sus palabras, ni se dio cuenta tampoco de lo que había dicho.

Akira quedó sorprendido y luego mirando a través de las gafas de Natsuki, no podía encontrar su expresión claramente. Alzó su mano, quitó las gafas y retiró un poco el cabello de su frente.

Había descubierto la más hermosa expresión que jamás hubiese pensado que alguien pudiera hacer. Las mejillas sonrojadas, los ojos que centelleaban de la sinceridad de esos sentimientos que le parecían tan preciados de alguna forma.

Acercó aún más su rostro y detalló con extremado cuidado Natsuki y al final de su reconocimiento, sus labios desearon registrar el sabor de su piel y besándolo en la mejilla empezó a obtener los datos.
Lo que registraban su gusto era un sabor salado, salado, muy dulce. La lengua no se detuvo, bajó por su cuello y seguía descubriendo nuevos sabores, unos que le excitaban.

A Natsuki se le comenzaban a escapar suspiros que poco a poco se fueron convirtiendo en gemidos. No se explicaba como habían terminado así, pero todo su cuerpo deseaba ser tocado, ser lamido, ser mordido, ser tratado por ese ajeno que le había torturando tanto la vida.

Cuando la lengua de Akira bajó por su clavícula, Natsuki arqueó la espalda y trató de alejarse de esa sensación. Se había asustado, una corriente enceguecedora, le había seguido hasta la entre pierna.

El punto ahora no era huir, pensó Akira quien evitando que se escapase le aprisionó con su cuerpo. No quería pensar en lo lascivo que estaba siendo. Ese instinto animal que le recorría sus caderas diciéndole que se restregara con rudeza para poderle sentir más. Se estaba controlando. Deshizo sin prisa la camisa de Natsuki que no le dejaba continuar con su exploración. Los rosados pezones se mostraban tentadores. No tenía la intención de esperar más, sus dientes mordisqueaban hambrientos la carne tentadora. Natsuki inconscientemente movía las caderas en busca de contacto que le aliviara su pasión estancada.

No era tan descuidado como para pasar ese acto por alto. Akira dirigió su mano al duro miembro que se levantaba forzosamente sobre la ropa. La expresión de Natsuki fue una de sorpresa y que multiplicó su excitación. Ya no había vuelta atrás. Se estaba entregando tan pasivamente que se sorprendía de su propia irreflexión.

Los pantalones eventualmente se deslizaron de las caderas y bajaron hasta las los tobillos, luego fueron quitado bruscamente. Akira lamió el hueso de la cadera y le abrió las piernas. Natsuki en acto de reflejo cubrió su entrepierna con sus manos y su cara se arreboló con vergüenza

— ¿Cuál es el punto de esconderlo ahora? — Dijo socarronamente Akira.

Natsuki se enojó y pateándole se alejó de él. Akira se rio y se gateando se acercó y le tomó de los tobillos. De alguna manera la escena le parecía graciosa. Tomó el pie y lo besó como si fuese el príncipe azul.

— ¿Cuál es el punto de esconderlo? — susurró Akira.

Era verdad, ya no había ningún objetivo que tuviese esconderse. Ya lo había conquistado, para que lo iba a negar. Se abrió y dejó que la vergüenza le carcomiera sus mejillas con el sonrojo. Akira se quito ropa metódicamente y se dejó al descubierto, al igual que Natsuki estaba así para él.

El contacto era lo que tanto estaba deseando en ese instante. El sentirle apoderase de todas sus funciones cerebrales. Dejó al moreno la batuta de su cuerpo y confiaba en ese calor agradable que sentía en su estomago.
El trato era amable, fluido y confiable. Sentía reaccionar cada célula de su cuerpo. Sus dedos se enterraban en los brazos de Akira mientras ese le tocaba. Su boca quería callarla, pero era imposible.

La conexión se efectuó. Su cuerpo se vio invadido y revuelto de aquel otro ser. La sensación de ser uno, no se podía describir. Era la sublimación de cualquier otra sensación que alguna vez hubiese pensado que era pura.

El honesto sentimiento que estaba escondido en lo recóndito del corazón, ahora estaba saliendo a flote y brotaba por el aire. Le gustaba, le quería y ahora estaban unidos. Abrazaba al motivo de ese momento sublime y decidió jurarse jamás dejarle ir.

miércoles, 25 de julio de 2012

Time Capsule


Time Capsule
El sonido del bus parece arrullar mis caóticos pensamientos. No me imaginé a este pueblo que se levanta forzosamente sobre esta gran colina. Había decido cambiar de vida hacía muchos años. El paisaje rural pasa por mi ventana, como si quisiera ostentar su tranquilidad y hacerme convencer que ya no era necesario que buscara la vida de la gran ciudad. La razón por la que había vuelto… No es que fuese un misterio. Era algo tan simple como la muerte. La partida inesperada de mi tío. Es de esas personas que recuerdas con cariño pero que no afecta tu vida para nada, aún así tenía que hacer acto de presencia.

Había salido a regañadientes de mi casa. Insulté a mis padres, me rebelé contra mis hermanos; todo por perseguir un sueño que no me dejaba otra opción. Ninguno en la casa entendía que tenía más aspiraciones que cualquiera. No quería quedarme arriando vacas y pastoreando ovejas. En especial, que no quería casarme con hija del vecino.

Ahora he probado la vida de un chico normal. Universitario, citadino, culto y capaz. Quizás para reafirmar mis deseos había sido bueno volver esta temporada a casa. Para refrescar mi gran desprecio a esa colina que había limitado mi vida durante tantos años.

Me encontré con la calle principal del pueblo que se escurría como una serpiente hacia la punta de la colina. Me bajé del bus y le vi perderse por entre las curvas del camino. Suspiré profundamente y detallé ese ambiente de antaño que me impregnó el interior. “Nada ha cambiado” – pensé y continúe caminando.

Ese insulso pueblo había hecho un contrato con Chronos y este le concedió el don del “No cambio”. Tenía que ser alguna acción natural por ese estilo porque de otra forma no me explico como esto no ha cambiado en nada. Podría afirmar que hasta la piedra que patee cuando me fui había de estar en el mismo lugar.

Empiezo a sudar un poco por el esfuerzo y por el tibio y nauseabundo aire. Ese aire que es tan rancio que hace daño a los pulmones. Observo que a medida que más subo, la carretera comienza a mostrar sus verdaderos colores. Tierra, piedras, huecos, andenes partidos. Sí… así es como lo recordaba.

Tomo la segunda bifurcación de la carretera y me dirijo hacia mi casa. No puedo negar que esa pequeña voz que me dijo hace unos años “Lárgate de aquí” en este instante me grita con fuerza “Huye y no los veas”. Quizás debía hacerle caso como lo hice hacia algunos años, pero no, debía hacer acto de presencia.

No podía ser tan malo. Ya han pasado muchos años, ya los ánimos debieron calmarse. Además es inapropiado tomar la muerte mi tío para hacerme un berrinche de porque me fui.

El paisaje familiar me recibe y yo ignoro su acogida. Al fin vislumbro la que había sido mi casa. Mi corazón se estremeció y me toqué el pecho tratando de calmarlo. Aquí íbamos, la oveja negra regresa a casa.

No había la necesidad de siquiera timbrar. Las puertas estaban abiertas de par en par como siempre. Las personas vestidas de negro parecían ángeles de la muerte. Me acerqué e incliné la cabeza a las sombrías figuras. La verdad no sabía quienes eran. Entré a la casa y ese olor a las coronas de flores, atacó mi nariz. Si existe algo que odio es ese olor. Traté de respirar por mi nariz, pero el malintencionado aroma parecía volverse un líquido que mis papilas gustativas captaban.

Me dirigí hacia la sala y he ahí la escena. Mi madre, más vieja de lo que pensaba, abrazada por mi hermano mayor. “Arg… que incomodo” –pensé.

¿Saludar? Bueno, era la opción más indicada, pero es la que menos tengo ganas de realizar. Aunque no fue necesario que hiciera mucha presencia hasta que mi hermano mayor me vio y no mostró signos de sorpresa. Sus ojos fríos me penetraron la poca voluntad que había tenido para llegar hasta aquí. Esas iris inyectadas de cansancio, decepción y tal vez odio, me indicaban que viese el ataúd.  

Desvié la mirada y me dirigí hacia el madero que contenía a mi tío. Cuando ya le vi, quizás parte de mi indolencia se disolvió en la sinceridad de mis sentimientos. Yo no me había sorprendido con la noticia, me había dado igual, pero ahora al verlo, algo dentro de mí se removió. No tenía muy el qué era.

— Que descanses en paz tío.

Una lágrima traicionera se escurrió por mi mejilla. Quizás realmente no es que odiase todo lo que alguna vez tuve que vivir aquí. Quizás por la ira con la que me fui, creí odiar todo, pero tal vez no todo fue malo.

Esos pensamientos traicioneros me invadieron. No podía seguir viendo el cadáver de mi tío. Me retiré y salí de la casa. Tenía que tomar algo de aire. El olor de las flores, el rostro pálido y tranquilo de mi tío, la figura decaída de mi madre; era más de lo que podía soportar.

Caminé un poco hacia el único parque había en el pueblo. Estaba en la parte más alta de la colina. Esa caminata me haría bien. Las imágenes me rasgaban y solo me hacían supurar recuerdos. ¿Por qué había olvidado tanto? ¿Qué había remplazado tantas memorias?

Sin darme cuenta me encontraba ya en el pequeño parque. Tantos momentos había pasado en esos juegos oxidados que la nostalgia me atacó desprevenido y me puso a llorar. Me senté en el columpio y me quedé empapado. Miré mis manos y las vi como si tuviese los 15 años con los que me divertía aquí.

Súbitamente recordé. Recordé mis dedos sucios, llenos de barro enterar una caja. La atesoraba como si fuera un gran tesoro. Y sentí curiosidad ¿Qué era lo que yo tenía guardado? Me sentía estúpido de no poder recordad lo que yo mismo escondí.

Limpié mis lágrimas con el reverso la manga de mi camisa y comencé a recorrer los pasos de ese niño de hacía tanto tiempo. ¿Dónde lo escondí? ¿Alguien lo habrá desenterrado? Tenía que averiguar eso mientras buscaba. Me pasee por el tobogán, lo delineé con mis dedos. Seguí caminando hacia el sube y baja. Las pequeñas llantas que estaban enterradas en el suelo me parecían ahora más pequeñas. Y entonces lo vi. Ese sitió era el único donde lo pude haber escondido mi pequeña caja.

Caminé con prisa y me senté debajo del gran árbol que estaba al fondo del parque y con desesperación comencé a remover la tierra con mis manos. Esperaba que nadie lo hubiese desenterrado, que nadie hubiese visto mi tesoro. No recuerdo que escondí ahí, pero lo siento muy importante.

Mis dedos chocan con aquella caja. Mi corazón se emociona. Y la tomo con cuidado, como si fuese el santo grial. Está tan gastada, tan vieja, tan frágil. Abrí con cuidado la caja y al ver su contenido, esta se me cayó de las manos.

El aire se me fue de los pulmones.  Los ojos se me llenaron de lágrimas y la garganta se me llenó de gritos. No pude evitarlo, el dolor de recordar es lo peor que he experimentado.  Después de varios minutos en un estado histérico, tuve que calmarme y recoger las fotos que estaban en mi pequeña capsula del tiempo.

Esas fotos me hicieron recordar, la razón verdadera de irme de este pueblo. No era por no querer arriar vacas y pastorear ovejas, tampoco era por no quererme casar con la hija del vecino. La verdad de todo, era que aquel tío que estaba en estos mismos instantes muerto. Ese ser a quien pensé que me daba igual su muerte. Aquella persona había sido mi amante.

Ya lo recordaba. Esas fotos y esas cartas eran todos los momentos que pasamos como amantes. Yo lo amaba a él como a nada en el mundo. Estaba dispuesto a romper con los paradigmas por estar a su lado tan solo un poco más.

Aquella escena, ahora no la puedo olvidar. Sus vivos colores me atormentan. Yo había insistido en querer irme a vivir con mi tío. Yo buscaba experimentar todo lo que ese cuerpo que tanto amaba me pudiese brindar. Sabía que estaba mal decirles a mis padres y hermanos que lo amaba, por eso trataba de buscar alguna otra excusa para que me permitieran ir con él.

Mi desesperación por las constantes negativas estaba rebozando mi paciencia. Así que busqué a mi amor (tío) aquella tarde. Me colgué en sus brazos y busqué sus labios. Algo buscaba que me tranquilizase, así fuesen sus mentiras.

Susurró a mi joven corazón la más hermosa declaración que jamás escuché. Decidí consagrarme a entregar mi vida por él. Quería ser todo lo que él pudiese necesitar. Sí… tenía ese inocente deseo. Le amé con desesperación y decidí aventarme con todo y entonces, justo en ese momento me enteré de la verdad. Mi tío iba a casarse. Todo el amor que me profesó era porque esa era su última oportunidad de decirlo. La razón por la que mi padre no aceptaba que yo me fuese con él, era porque se iba  a formar su propia familia. Yo solo era una molestia. Eso yo no lo sabía. 

Ese fue el dolor más funesto. No tenía el apoyo de quien creí mi todo. Él me había engañado, supongo que por mi bien. Él también me amaba y no quería que yo perdiera mi futuro en esa relación sin sentido. Eso quiero pensar que hizo. Porque ahora está muerto, no puedo escuchar sus palabras.

Cuando volví a casa ese día, tomé mis maletas, maldije a todos. Les dije que los odiaba por que no bendecían mi relación. Porque yo estaba solo. Y decidí olvidar.

Ahora la cicatriz de nuevo se abrió y sangro por ella. Sé que moriré. Este dolor no me dejará vivir por el tiempo que me quede. Yo solo quería ser amado. Era un estúpido niño de 15 años, no sabía nada de la vida ¿Por qué lo juzgue? ¿Qué le dirían mis padres luego que yo les confesase que teníamos una relación? ¿Cuánto habría tenido que aguantar?

Las lágrimas queman mis mejillas y me hacen recordar cuanto egoísmo poseo. Y comencé a ser consciente de que yo lo maté. Lo maté cuando me fui diciéndole que no le perdonaría ese engaño. Lo maté cuando lo dejé con todas las miradas de odio de mi familia.

Tenía que recordar bien hasta el más mínimo detalle de todo esto. Tengo que expiar mi pecado. Mis ojos se pasearon por cada una de las fotos descoloridas y sucias. Por las cartas manchadas y casi ilegibles. Mis ojos fueron capturados por un pequeño papel blanco que estaba en la tierra removida. Lo tomé con cuidado y lo abrí. No pude alcanzar ni a terminar la frase cuando de nuevo mis gritos perturbaron el aire. Ese era el acto de amor que él solo pudo hacer por mí.

Esa carta fue escrita por él luego de que yo me fui. La enterró junto a nuestro tesoro de amor y ahora esas palabras resuenan en mí. Luego de tantos años, esos sentimientos que creía que serían de odio, me besan con la más increíble ternura.  Él me amaba,  decía en la primera frase. Luego en lo siguiente de la carta, se excusaba conmigo.  Él no quería que yo me enterase del compromiso, no quería que le odiase, no quería que le dejara. Él tenía un plan. Él quería huir conmigo. Tendría que casarse para lograrlo. Yo nunca lo escuché.

Que desgraciado y egoísta he sido. Mi maldita ceguera me alejó de la felicidad. Me alejó del único ser que he amado. Me alejo de lo que siempre había soñado. Aprieto con fiereza el papel y me deshago en lágrimas. ¿Qué queda más para mí? Lo he abandonado, cuando él quería pasar el resto de su vida conmigo.

Me apoyé en tronco del árbol y me impregné del olor a tierra, del olor a añejo del papel y vi el cielo a través de las hojas del árbol. Yo no tenía salvación. No quería buscarla tampoco. Quizás sería conveniente enterrarme junto a esta capsula del tiempo. Donde se enterró en aquellos tiempos, toda mi esperanza y felicidad.

La luz que daba vida, pasó por un filtró hasta que solo quedó la oscuridad. Yo seguía abrazando lo retazos de mis sentimientos. Ya no había nada para mí.

La luz de la luna me seguía como si fuese el foco de un espectáculo. Yo era el protagonista de esa tragicomedia. Me levanté con desganado aliento y caminé un poco alrededor de árbol. Mecía en mis manos el feto de alegría, quería hacerlo despertar, aunque ya estaba muerto.

De nuevo releí la carta y la alcé hacía el cielo. Veía las letras que combatían con la luz y resaltaban sus formas y ahí se me fue revelado el mensaje oculto. Volteé la hoja y estaba escrito con letra muy grande, el mensaje más importante.  “El amor que siento por ti te desea que cumplas tus sueños. Que te enamores, que vueltas a ser feliz. No importa que te hayas separado de mí, nunca te odiaré. Porque desde ahora y siempre seré el ser que estaré en cada una de tus alegrías. Sé feliz por nosotros.” — Ya no había más lágrimas en mis ojos, pero estas se forzaron a salir. Estas lamían las quemaduras de mis mejillas. No podía evitar odiarme a mi mismo. Pero en ese mismo instante lo supé. Ese amor me había salvado.

Tomé todas las fotos y cartas, las organicé y besé a cada una de ellas. Las coloqué en la pequeña capsula del tiempo y de nuevo la devolví a su hueco. Saqué una tarjeta que tenía en mi billetera y tomé un esfero y escribí en ella. Ahora, seré feliz por los dos, porque tú en este instante eres una estrella que me guía desde el cielo. — En esa misma colina enterré mi esperanza y mi felicidad. Dejaría que esta se gestara y algún día, brotaría de ese mismo lugar venciendo al duro “asfalto”.