jueves, 17 de marzo de 2016
[Dibujo] Una cita común [Según Cedric]
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domingo, 13 de marzo de 2016
Con tan solo un paso - Capítulo 22
22
Perséfone
«Yo quiero…»
No le alcanzaron los insultos para Damien, podría
ser él el adulto pero perdió el control con esa visita inesperada de
Cedric. Habían compartido unos momentos muy significativos gracias a
Damien. Le gustaría decir que todo lo hacía sentir de maravilla, pero obviamente
no se estaba sintiendo pleno.
En esta ocasión no tenía que ver con su típica
pregunta existencial sobre qué sentía por Cedric, sino por una nueva sensación
que lo empezó a invadir. Era la ansiedad, ese ardor en el pecho que no se
parecía en nada a las mariposas o los nervios. Desde que en su
cabeza se volvía a repetir la nueva cita implícita entre los dos, todos los huesos del
cuerpo se le desencajaban.
No quería darle más vueltas al asunto, tendía
a ser muy monotemático cuando se lo proponía y hasta él mismo estaba harto del tema. Para su
fortuna o su desgracia, comenzaba la primera semana del calendario dado por
Tiphany. En esa semana iban a hacerse la edición de las canciones y tenían
un horario de 6 de la mañana a 12 de la noche.
Había hablado con su jefe y este no se había
mostrado muy contento con su semirenuncia. Thom no tuvo el valor de alejarse
del trabajo realmente, porque en su mente seguía estado desconfiado de que su carrera
como músico llegara a más. Siempre esperaba poder tener el plan
B.
Habían llegado al acuerdo de que se iba a
tomar un mes de «vacaciones» y luego volvería a trabajar
en el mismo horario de siempre. De hecho, tenía pendiente hablar con Tiphany de su
horario. Entre tantas cosas bonitas, seguía siendo realista.
Estaba preparado para comenzar con su nueva etapa, si iba a
pasar algo, este era el momento.
***
Lo primero que probó esa mañana fue un café muy amargo.
Su lengua se encogió evitando tener que saborear el líquido
casi negro que había mandado traer. Como decía
su mamá: «si quieres estar despierto, nada mejor
que un baño de agua fría y un café amargo como el infierno».
Efectivamente, los ojos se le saltaron de las cuencas apenas
terminó con la taza y pudo concentrarse en la figura femenina y en
sus compañeros de banda. Estaban reunidos en su primer día
de edición. La disquera tenía dos estudios de grabación
para ir trabajando simultáneamente.
En uno de ellos estaba trabajando Damien con la
remasterización de las canciones, mientras que en el otro estaban trabajando
la grabación de los demos que habían sido aprobados. Realmente no iba a
llevar tanto tiempo grabar las canciones por lo que llegaron al acuerdo que
mientras Damien grababa sus partes en las nuevas canciones, él
iba a estar apoyando la remasterización y así se iban a estar cambiando. Se fue toda
la mañana en la grabación de las partes de Enzo y Dylan.
Mientras arreglaban varios detalles de los tiempos y el tono de la voz de Enzo,
él
estuvo entre un estudio y otro apoyando a las dos secciones.
Nunca se había sentido tan feliz de sentarse a
almorzar. Estaban todos sentados en el pasillo del estudio comiendo sus
almuerzos en silencio. Enzo carraspeaba a cada rato, seguramente ya estaba
cansado de cantar. Siempre tenían cosas que decir, bromear o comentar,
ahora todos estaban concentrados en comer más que en alivianar el cansancio y el
estrés.
Pronto se iba a acabar sus treinta minutos de almuerzo.
Damien fue el primero que acabó y estaba acostado durmiendo los minutos
que faltaran antes de seguir grabando y editando. Dylan también
estaba cabeceando, Enzo le prestó el hombro para que también
durmiera un rato. Dylan rechazó la oferta y metió su cabeza
entre sus brazos que estaban apoyados en sus rodillas.
Una semana entera en ese trajín los iba a matar. En esos días
no iba a volver a casa, se iba a quedar a dormir en el apartamento de Enzo; de
hecho todos se iban a quedar en el apartamento de Enzo. Él era el único que tenía carro y si
iban a salir tan tarde todos los días, no iban a tener forma de volver a
sus casa.
Los días que iba a estar fuera, le había
pagado a una auxiliar de enfermería para que cuidara a su mamá.
Era un gran golpe a su economía pero precisamente estaba trabajando
por ella, se lo merecía. Habían quedado de estar hablando todos los días
para saber cómo estaba.
Pocos minutos después los llamaron para que fueran a seguir
con la edición y grabación. Cada uno se fue a hacer su respectivo
trabajo. El resto de la tarde fue mucho más estresante por los problemas que
tuvieron con el productor que llegó, les hizo repetir muchas grabaciones
que ya habían dado por terminadas y duplicó el trabajo. En más de una ocasión
no sintió la diferencia con el trabajo que habían hecho por
la mañana, pero no pudo quejarse.
Llegaron las 8 de la noche y todos hicieron una pausa más
que merecida para comer. Todo el horario se había retrasado por culpa de todo lo que les
tocó repetir. Trajeron 2 pizzas para ellos y unos refrescos. Los
dejaron comer en la cafetería del estudio. De nuevo, no hubo
conversación en la comida. Ninguno podía alardear de tener energías,
prácticamente se estaban muriendo de cansancio, llevaban 12 horas
trabajando.
Mientras que los trabajadores de la discografía
sí
habían sido cambiados entre la tarde y la noche, ellos no habían
tenido descanso. Los ingenieros de sonido que tenían el turno de la tarde, se notaban que
tenían que lidiar más a menudo con los caracteres volátiles
de cada jefe de turno, por lo que fueron mucho más diligentes que los de la mañana.
A ellos a estas alturas lo único que les importaba, era saber cuánto
y qué tan profundo iban a poder dormir.
Dylan fue el primero en terminar y se recostó
en la mesa para dormir otro poco. Enzo bostezo y lo secundó.
Thom. No quería dormirse porque debía pensar en cómo solucionar
uno de los arreglos que había hecho en una de sus viejas canciones y
que resultaban en un inconveniente en algunas partes de la grabación.
Nunca había pensado que alguna de sus creaciones
fuera particularmente mala, pero comenzaba a dudar de sus capacidades como
compositor. Damien que era el que más se quejaba, también
parecía estar pensando en el arreglo de la canción.
— No había caído en cuenta que la guitarra estaba a
destiempo, cuando tocamos todos juntos suena bien, pero hoy se juntaron todas
las grabaciones e inmediatamente se notó el fallo.
Damien apuntó a que empezaran su debate sobre el
repentino error, pero Thom seguía pensando. Se recostó
en la mesa también y decidió dormir también.
No se dio cuenta que estaba tan cansado hasta que lo
levantaron para seguir trabajando. A esa hora de la noche, el grupo de trabajo
se había reducido a menos de la mitad. Se quedaron en un solo estudio
y prácticamente fue el trabajo de edición del
ingeniero de sonido y Damien.
Cuando oficialmente los despacharon a las 11 de la noche,
casi besaron a todos en la sala. Enzo y Dylan que eran los que menos sabían
de edición, durmieron todo el rato mientras Damien y el quipo
trabajaban. Así que estaban un poco más descansados que Damien y Thom. Eso era
una ventaja para evitar accidentes por si Enzo se llegaba a quedar dormido al
volante.
Enzo era el que menos palabras estaba usando porque le dolía
la garganta. Preparó el auto y los llevó
a todos al apartamento. Apenas entraron Dylan se metió a la cama de
Enzo y no volvió a aparecer. Thom y Damien iban a dormir en la sala, ya
estaban preparadas las colchonetas.
Enzo les explicó dónde estaba cada cosa por si necesitaban
algo en medio de la noche. Thom se bañó los dientes y se dejó
en boxers para dormir. Recostó la cabeza en la almohada y se durmió
inmediatamente.
***
Los demás días de la semana fueron igual de
exigentes, pero debían reconocer que el equipo con el que
estaban trabajando hacía mucho más productivo el trabajo. El cronograma
se había apretado un poco al final de la semana, pero cumplieron con
los objetivos propuestos.
La mayoría de las canciones estaban editadas, y
las que faltaban podrían terminarse sin la necesidad de que
todos los chicos estuvieran ahí. Enzo y Dylan fueron los primeros en
terminar sus labores y tuvieron la autorización de no venir a trabajar el sábado.
Se tomaron la palabra muy en serio y no se aparecieron en todo el día.
Dylan estaba al borde del colapso, esa semana había recaído mucho trabajo en él
como editor y compositor, Thom solo podía apoyarlo en los aspectos más
generales.
El lunes comenzaban con la grabación del video
promocional de la primera canción del single. Tendrían
dos días para discutir el concepto visual del video y el resto de
semana tenían que grabar. El resto de las semanas que faltaban iban a ser
entrevistas, programas de televisión, radio y sesiones fotográficas,
no quería pensar en todo lo que se venía.
Este domingo al fin volvía a casa, tenía ganas de
abrazar a su mamá, hacía demasiado tiempo que no la veía.
Damien se fue con él también al apartamento, lo primero que
hicieron al entrar fue respirar profundo y dejar que el olor a esencia de
manzana los embriagara. Definitivamente estaban en casa.
La auxiliar de enfermería le entregó el informe de
toda la semana y parecía estar todo normal. Su mamá
seguía durmiendo, le dio pesar despertarla. Él sabía que a ella le estresaba cuando tenía
que estar al cuidado de un extraño, ya que siempre decía
que se sentía en eterna visita.
Una vez estuvieron solos, Damien llamó a su casa
para avisar que regresaba por la tarde, luego se acostó en el sofá
y de nuevo se puso a dormir. Thom no podía hacer lo mismo, porque debía
responder por el almuerzo de su mamá y se puso a cocinar. Tenía
ganas de cocinarle algo que le hiciera realmente sentir que volvía
a estar en casa.
El reloj marcaban las doce del mediodía y Thom ya
estaba preparado para recibir a su mamá. Efectivamente invocada por el olor
apareció en la cocina exigiendo su almuerzo.
— Que gusto es poder comer otra vez la comida de
mi hijo.
Siguió lentamente a su silla para comer y
luego sacó de su buzo una caja no muy grande.
— Esta es una sorpresa para ti. La trajo el
chico que vino a mi cumpleaños.
Thom casi bota el plato que le llevaba a su mamá
y se quedó sorprendido mirando el pequeño cubo que adornaba la mesa.
Colocó el plato frente a su madre y pasó
los dedos sobre la pequeña carta de dedicación
que tenía el regalo. Efectivamente era de Cedric y el detalle que le
había llevado hasta allí era una plumilla para guitarra.
Su garganta se llenó de una presión al punto de
no poder respirar. Era un detalle muy lindo de su parte, el papel decía
que esperaba que su pluma le diera más suerte en las grabaciones. Las
mejillas las tenía entumecidas por la sonrisa que tenía. Cedric no
había olvidado su nuevo itinerario. Este chico no dejaba de pensar
en él y saber eso lo hacía muy feliz.
Su mamá le siguió alabando por la comida y le preguntó
sobre todo lo que habían tenido que pasar esa semana y qué
era lo próximo que les esperaba. La charla que tuvo con su mamá
lo dejó muy relajado y ya luego se despidió de ella y se
fue a dormir. Había intentado mandar un montón de mensajes de agradecimiento a
Cedric, pero se arrepentía
y los borraba; hizo eso hasta que se quedó dormido.
***
La mañana siguiente se levantó
muy temprano y se preparó para ir a la disquera, donde se iban a
hacer las reuniones con los directores de arte, fotografía y el
productor para el concepto del video promocional. Estaba muy motivado, pero
entre todas las cosas que lo hicieron sentir así era saber que Cedric lo estaba
apoyando. Ya sabía que así era desde siempre, pero ahora tenía
esa muestra física de su apoyo.
Era muy temprano, pero ese momento era el justo para
llamarlo, porque se sentía capaz de hacerlo. Mientras esperaba al
taxi, tomó el celular y esperó que lo conectara a él.
Como era de esperarse, no contestó. Thom dejó que llegara al buzón
de voz y le dejó un mensaje muy corto. El pecho se le encogió
de la emoción, a cada paso que daba, hiciera lo que hiciera, terminaba
acercándose a Cedric y no quería alejarse.
Hoy comenzaba una nueva semana de trabajo. Ya tenía
fuerzas para continuar.
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sábado, 12 de marzo de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
[Reseña] Cold Sleep + Cold Light + Cold Ferver de Narise Konohara
Buenas y santas y muchas tantas.
Como sabrán y si no saben les cuento, la semana pasada estuve leyendo la trilogía Cold de Narise Konohara. Desde hace rato esta autora estaba dando vueltas por ahí, pero no fue hasta que gracias a Asou Matsuaki que conocí esta historia.
Argumento:
Cuenta la historia de Touru, un chico de 22 años que sufre un accidente de tránsito y pierde la memoria. Cuando comienza su nueva vida se encuentra con Keishi Fujishima, con quien empieza a compartir y a convivir, para luego descrubrir que hay un pasado muy turbio que comparten.
Ya saben que soy un desastre con los resumenes, pero técnicamente en eso se resume todo. Quiero decir que no estaba preparada con esta historia. Sí sabía que Narise era muy angsty pero no me imaginé que tanto.
OPINIÓN
Las primeras dos novelas son algo así como la sanación de todos los errores y dolores posibles y por haber. Por lo que yo recomiendo que no se lean Cold Ferver si no quieren dolores de úlcera. A mí me gusta el drama, pero algo que no encuentro muy digerible es el mecanismo que utiliza la última novela para cerrar realmente el círculo.
Entiendo la razón por la que se escribió la tercera novela, digamos que era "necesaria" porque de alguna manera se estaba obviando lo más "importante" de la relación entre Touru y Fujishima, pero tampoco creo que esa fuera la manera de hacerlo.
Además debo decir que la tercera novela tiene un fallo muy grande y es la falta de profundidad en los personajes. Vale, es una novela contada desde la perspectiva de Touru por lo que no es posible saber cómo se siente Fujishima directamente, pero tampoco indirectamente se sabe cómo se siente sino hasta el final.
Básicamente uno en la tercera novela se encuentra un tornado de emociones que se enfrenta con un tempano de hielo que le da igual cómo lo traten. No, no y no, así no pasan las cosas. En fin, siento que a pesar de que son los mismos personajes, hay un triángulo amoroso (me quedo con mi Touru amnésico, gracias).
Ya mucho hablar de mi descontento a la tercera novela, sigamos con otros temas.
Respecto a la redacción de la novela, puedo decir que llega a ser muy turbia y a la vez simple. Es algo parecido a meterse debajo del agua e intentar oír lo que pasa afuera. Entras en un estado de desconocimiento porque realmente no entiendes nada, es como si uno también fuera amnésico; es interesante ese tratamiento.
La metodología de la segunda novela son las respuestas a través de los ojos de Fujishima, su pasado y su historia con Touru. En esta primera parte de la segunda novela, sinceramente me encuentro llena de un dolor por Fujishima, porque le tocó lo peor de lo peor siempre.
¡Ah! esa es otra cosa, puede llegarse a notar el cliché de alguna manera en los personajes, pero gracias a que la novela no tiene una trama tan estandarizada, estos personajes se vuelven más interesantes. De hecho si uno quita la amnesia de la ecuación, no deja de ser la misma historia de siempre con un uke oyaji y un seme al estilo perrito.
En general la valoración que le hago a esta novela es una buena, de hecho la recomiendo. Probablemente no sea la mejor de la autora, pero de las novelas que he leído sí se me ha grabado consistentemente. De hecho si me llegué a emocionar demasiado, mis sentimientos pasaban del hormigueo en el estómago a los latidos rápidos, hasta la tristeza por Fujishima y la rabia por Touru en la tercera novela.
En esta novela hay para todos los gustos, si te gusta lo romanticón hasta que duela lee hasta la segunda novela, pero si te gusta el angsty dale con la tercera.
En fin, si hay personas interesadas en leer el libro, pueden encontrar el primero traducido:
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domingo, 6 de marzo de 2016
Con tan solo un paso - Capítulo 21
21
Cedric
«Nunca asumas»
En alguna parte de todo ese círculo de
casualidades, pensó que iba a
estar más en contacto con Perséfone, pero no sucedió. Se esfumó de nuevo como una ilusión, debería empezar a acostumbrarse a eso. Se sorprendió cuando en retrospectiva se dio cuenta que ya había pasado un año desde que
se conocieron.
Se recostó contra la
pared que estaba tras la cama y se quedó mirando el
techo. En todo ese año había pasado por muchas emociones, eso le hizo llegar a preguntarse si
la adolescencia no le había llegado
con efecto retardado. No estaba molesto en ese punto por todos los altibajos,
porque gracias a todo eso es que había logrado
entablar una relación más cercana con Perséfone.
Las expectativas que tenía con su
amor platónico se fueron transformando en
bocetos de un capricho hasta llegar a lo que sentía en ese
momento. Podría decirse que era más parecido a una tensión sexual
latente en conjunto con una admiración muy basta,
que al amor platónico del
comienzo.
¿Qué pensaría Perséfone al
respecto? Las evidencias que recogía cada vez
que se veían le daban dos caminos: o le
gustaba o era demasiado tímido y eso
llevaba a su ambigüedad.
Esperaba que fuera la segunda opción por el
bien de los dos, ya ni tenía ganas de
ilusionarse pensando en cómo derrumbar
las barreras de ese hombre.
Se concentraría en los
estudios y dejaría que fuera
Perséfone el que cediera. Él ya había hecho su
declaración más
vergonzosa, ya no le quedaba nada más qué decir.
***
Los ojos no daban crédito a lo
que estaba estampado en ellos. Un mensaje de Damien flotaba en su bandeja de
entrada, pero como tal eso no era lo raro, lo que lo tenía atónito era esa
repentina invitación a comer.
Estaba contento, eso era un hecho pero ¿Por qué tan de repente?
Más abajo de la invitación había una lista
de ingredientes con unas notas aclarando lo que él debía comprar. No le estaba preguntando si podía o no, Damien ya estaba dando por sentado que iba a ir. La cita
era para esa misma tarde y ya estaba próxima a ser
la hora de encuentro. Se paró de un salto
para bañarse y cambiarse, sino se daba prisa
no iba a llegar a tiempo.
Los pensamientos que venían a él tratando de explicar la situación durante su
viaje al supermercado eran confusos. En primera instancia pensó que era en agradecimiento por los libros, pero no había dicho nada de eso en el correo así que ya no
estaba tan seguro. En segunda instancia creyó que era algún gesto de camaradería, aunque
eso tampoco tenía mucho sentido. Ya por último imaginó con ilusión que Perséfone le había pedido a Damien que lo citara, cosa que también sonaba muy improbable.
La señorita de la
caja le dio sus paquetes y salió corriendo
para la estación del metro donde habían quedado de encontrarse con Damien. En la entrada de la estación la inconfundible presencia del baterista hizo su realce. Este
apenas lo vio, alzó el brazo
izquierdo y lo agitaba saludándolo.
— No te demoraste nada, gracias por
venir.
— No, gracias a ti por invitarme.
Damien le sonrió y avanzó para entrar a la estación.
— Hoy es el cumpleaños de la mamá de Thom.
— ¿Qué? No tenía ni idea,
le mando mis felicitaciones.
— ¿Pero qué dices? Si vamos a ir allá en este
momento.
Cedric abrió los ojos
con asombro, ¿Desde cuándo disponían de él así? No le
molestaba ir, pero le hubiese gustado poderle comprar un regalo por lo menos.
Por los ingredientes suponía que iban a
cocinar, por su cabeza pasó la pregunta
del lugar a donde se estaban dirigiendo.
— Deberías memorizar
bien esta ruta, después de todo
vamos a ir a la casa de Thom.
Hoy era el día de las
sorpresas, Damien debía estar loco
por invitar a un desconocido a la casa de su amigo ¿Qué tal fuera una persona peligrosa?
Debía medir los riesgos.
— Thom se va a alegrar mucho de
verte.
Sí, él estaba
borracho o algo por el estilo, mejor no decía nada.
— Cedric ¿verdad?
Él asintió ante la extraña pregunta
que pedía confirmar su identidad.
— Por favor, llévate bien con Thom. Sé que es una
persona difícil de tratar, pero eso solo pasa
porque es alguien muy inseguro. No le des motivos para que desconfíe de ti.
Bien, ahora si estaba totalmente perdido. ¿De dónde estaba
sacando todo eso Damien? Es decir, era bastante probable que Perséfone le hubiese contado, pero esas recomendaciones lo estaban
haciendo sentir incómodo. Era
como si él tuviese la culpa de que esa relación no hubiese avanzado a ningún lado.
— Haré mi mejor
esfuerzo, pero no puedo asegurar nada, sino le agrado a Thom no puedo hacer
mucho.
— Le agradas, créeme.
Intentó responder
pero se dio cuenta que no tenía nada qué decir. Era inútil, no
estaba entendiendo nada de lo que estaba pasando. Damien tampoco estaba dispuesto
en lo más mínimo a
ayudarle a entender qué era lo que
quería hacer.
El viaje duró un poco más de una hora, no sabía que Perséfone viviera tan lejos. El paisaje de la ventana del metro no
cambiaba, pero ahora viendo los nombres de cada estación cambiar. Su acompañante estaba
callado, en parte lo entendía, eran un
par de desconocidos después de todo.
Estaba totalmente distraído hasta que
su chaqueta fue tironeada. Su acompañante le
estaba avisando que se bajaban en la siguiente estación. La imagen que estaban dando le debía parecer cómica a los
transeúntes: un tipo altísimo, siguiendo a otro como si fuera un pollito tras la mamá.
Cuando salieron del metro, se dio cuenta que estaban casi a las
afueras de Londres. No era el barrio más bonito de
todos, pero tampoco era tan tétrico como
para salir corriendo de vuelta a su casa. De todas formas guardó su celular en el bolsillo interno de su chaqueta.
Empezaron a caminar y estaba pendiente de todo lo que veía, estaba haciendo un mapa mental. Damien comenzó a darle unas recomendaciones respecto a cómo debía tratar a
Franceska, le explicó lo de la
diabetes y su ceguera. Esa información lo hizo
sentir algo miserable, se compadeció de Thom.
Sabía que si su pensamiento salía a sus palabras, sería amonestado
seriamente.
El apartamento de Perséfone no
estaba tan lejos de la estación de metro.
La fachada del edificio hacia honor al lugar, las líneas negras de suciedad se intensificaban a medida que llegaban al
suelo. Respiró profundamente y avanzó tras Damien.
Las escaleras eran estrechas y tenían una
baranda de madera desgastada. Los escalones si estaban mejor de lo que
esperaba. Una vez en el segundo piso siguieron caminando por un pasillo
estrecho. Todas las puertas de los apartamentos parecían iguales, de no ser por esos números de
metal incrustados en la parte superior. Se detuvieron en el apartamento 205.
— Llegamos. Ya sabes, no te quejes si
huele mucho a escancia, ríete de todo
lo que diga Franceska así no te
parezca gracioso; y por último, pero
no menos importante, te encargo a Thom.
Frunció el ceño inconscientemente. No le gustaba ser el único que no se enteraba de nada. Esperaba que por lo menos Perséfone le explicara mejor a qué se debía todo eso. Bueno, suponiendo que él tuviera
alguna idea de lo que su amigo estaba haciendo.
Damien tocó el timbre y
poco segundos después apareció Perséfone. Damien
no mintió cuando dijo que Franceska era adicta a las esencias. Un olor a
canela le golpeó la cara en conjunto a la impresión de ver a Perséfone en un
delantal de cocina, con unas lindas trenzas cogidas atrás. Tenía un aspecto
etéreo hasta que la cara de sorpresa al
verlo dañó sus facciones. Definitivamente él no estaba invitado a la fiesta.
— ¿Qué haces aquí?
— ¿Esa es la
forma de saludar a tu padrino académico? Thom,
amigo, debes mostrarte más amigable.
Damien no se molestó en dar una
explicación, entró como Pedro por su casa y los dejó a los dos
solos en la entrada. Otra vez vio el sonrojo en la cara de Thom, sus labios se
abrían y cerraban como un pez fuera del
agua. Qué adorable ¿Qué estaría intentando
decir?
— Lo siento, no quería sonar rudo.
— Está bien, yo
tampoco tenía idea que iba a terminar aquí. Traje algunas cosas para la comida.
Extendió la bolsa y
esperó a que Perséfone la tomara, este agradeció en voz
baja; se veía muy incómodo. Pero nada de eso importaba realmente porque estaba muy
contento de verlo así de
consciente de su presencia. Prosiguió al interior
cuando su anfitrión se lo
indicó, su hogar era tan modesto como se lo
imaginaba.
Una pared de yeso arrinconaba la sala de estar más hacia la puerta, la presentación de esta
obra no se veía muy profesional, de seguro Perséfone la había hecho. No
tardó en enterarse que detrás de esa pared estaba el cuarto del guitarrista.
Cuando vio a la mamá de Perséfone, sintió una empatía inmediata. El carisma de esa mujer, su rostro tan adorable y la
facilidad con la que lo aceptó, fue
suficiente para alegrarse de venir a celebrarle un año más de vida.
— ¿De dónde conoces a mi hijo?
— Ah... bueno, yo—miró a Damien
buscando una pista de qué debía decir—. Soy fan de
la banda y los conocí hace un año.
— Vale, pero ¿Cómo terminaste aquí?
— ¡Mamá! Lo estás haciendo
sentir incómodo, para ya.
— No te molestes, solo estaba curiosa
porque nunca me hablaste de él.
No sirvió de nada
detener a Franceska, se había sentido
muy incómodo.
— Está bien,
realmente no es que seamos amigos cercanos, puede ser por eso que no haya
hablado de mí.
— De todas maneras me alegro saber
que hay más personas rondando alrededor de mi
hijo. ¿Sabías que desde
hace más de cuatro años que no conozco amigos nuevos de mi hijo?
— ¡Mamá me estás
avergonzando!
Cedric se rió
genuinamente. Ellos estaban mostrándose tal y
como eran, esa sinceridad era refrescante. Perséfone se calmó y recobró la
compostura, se excusó por las
preparaciones que estaba haciendo.
— Por cierto, deberías anotar más puntos con
la cumpleañera, ve a cocinar Cedric.
Damien lo arrastró también a la cocina y lo empujó sin mucha
fuerza contra Perséfone. Cuando
sus cuerpos chocaron se produjo en los dos una sensación de hormigueo en el estómago. Por
primera vez Cedric hizo la comparación de sus
cuerpos y notó que Perséfone era más bajo de lo
que parecía.
— ¿Necesitas
ayuda?
— ¡Claro que la
necesita! Está cocinando para cinco.
Si Damien estaba tramando algo, no estaba siendo demasiado
disimulado. Ese tipo de acoso era igual al que hacían en primaria cuando dos niños se
gustaban. Perséfone intentó negar la ayuda pero al fin lo aceptó a su lado.
— Puedes ayudarme a pelar las
zanahorias.
Le pasó una bandeja
con media docena de zanahorias y un cuchillo. Cedric estuvo callado durante
todo el proceso. Veía a ese
hombre meter sus manos en diferentes ollas que hervían y fritaban diferentes alimentos, después de sacar unas ollas de los fogones, le explicó cuál iba a ser
el menú: sopa de zanahoria, trucha en
mantequilla de macadamia y ensalada.
Sonaba delicioso, ya tenía ganas de que
llegara la hora de comer. La preparación de la sopa
de zanahoria iba por la mitad cuando llegó, así que solo faltaba agregar las zanahorias para dejar cocinar y
después licuar.
Entre el ajetreo con las ollas que acababa de sacar del fuego, el
cuchillo que estaba manejando Perséfone se cayó y terminó bajo la
nevera. Al parecer solo tenían dos
cuchillos de ese tipo, ahora tendrían que
compartir el que tenía Cedric.
— Intentaré recogerlo más tarde, por
ahora sigamos.
Los dos siguieron la orden recién dada y
fueron a por el cuchillo, sus manos se tocaron cuando casi llegaban al
implemento. Sus ojos se encontraron y no necesitaron telepatía para saber qué estaban
pensando. Perséfone intentó quitar la mano pero el dedo meñique de la
mano de Cedric se cerró con el dedo
meñique de Perséfone como prisionero.
— Estoy feliz de estar aquí. Estoy feliz de haberte conocido. Persé... Thom me gusta estar contigo.
Perséfone abrió los ojos y se arqueados sus cejas, formando una expresión conmocionada. Las mejillas se le llenaron de color, se mordió el labio y bajó el rostro.
Estaba pensando seriamente en que Perséfone tenía problemas de la tensión o algo
parecido, se sonrojaba por todo.
— Así que, si no
te molesta, deberíamos cocinar
algo otra vez. No necesita ser una ocasión especial.
— Sí... me
gustaría. Cedric...
Bajó la mano y terminaron
apoyándolas sobre la mesa, solo tocándose con sus dedos meñiques.
– Yo me siento muy agradado cuando
estoy contigo. Eres una buena persona, gracias por todo.
Cedric sonrió y se quedó callado mirando a alguna mancha de la pared que tenía al frente. Ese sentimiento era muy fuerte, diferente a la
intensidad que a la que estaba acostumbrado cuando le gustaba alguien. Lo que
sentía por ese hombre, era algo de otro
mundo.
—Huele muy bien ¿Ya casi va a estar?
Franceska los sacó de su pequeño mundo, con diligencia Perséfone tomó el cuchillo y picó las
cebollas rápidamente.
— Estoy en eso mamá, espera un poco.
Puso las cebollas a dorar y le pasó el cuchillo
para que él terminara de picar las zanahorias.
Toda la magia del momento se murió y los dos
quedaron como si nada estuviera pasando.
Terminaron la cena y la sirvieron diligentemente para calmar los
estómagos hambrientos. Trajeron el
pastel e hicieron toda la ceremonia para celebrar el nuevo año de vida de Franceska. Cuando todos comenzaron a comer, no fue
hasta la mitad que Cedric cayó en cuenta
que si ella sufría de
diabetes no debería estar
comiendo pastel, luego le explicaron que ese era un postre especial para diabéticos. Le sorprendió mucho que
el pastel supiera tan bien aun sin azúcar.
Luego llegó la hora de
lavar la loza y en esta ocasión, fue
Damien quien se ofreció. Franceska
ya estaba muy cansada y se fue a dormir, así que solo
quedaron Cedric y Perséfone en la
sala.
— ¿Qué te gusta comer, Cedric?
— Cualquier cosa, no soy muy selectivo.
— Alguna comida favorita debes de
tener ¿No?
— Bueno, en ese caso me gustan mucho
los diferentes tipos de arroces.
— ¿Quieres que
probemos a hacer alguno la próxima vez?
—... Claro.
Perséfone sonrió de forma hermosa, su corazón dio un
brinco. No podía creer lo mucho que le gustaba, ya
estaba asustado de sí mismo. Se
recostó de lado en el brazo del sofá y se quedó mirándole en silencio.
— ¿Puedo
preguntarte algo Cedric?
—Sí, dime.
— ¿Yo todavía te gusto?
— Claro, nunca me has dejado de
gustar.
Para ser una pregunta tan vergonzosa y salida de quién sabe dónde, Perséfone se veía muy serio.
No se avergonzó o dio alguna explicación del porqué de su
pregunta, solo soltó un «juum…» y se quedó callado de nuevo. No fue hasta que llegó Damien que la conversación se volvió a mover hacia a algún lado.
La tarde terminó más rápido de lo
que hubiese querido y llegó la hora de
la despedida. Lo acompañaron hasta
la estación de metro y le dijeron qué debía tomar para
llegar a su casa. Siguió las
indicaciones y ya se encontraba rumbo para su casa.
Podía respirar de nuevo, se habían dicho muchas cosas hoy. Seguramente muchas de ellas no fueron lo que esperaba, pero si de algo estaba seguro es que por primera vez en su vida podía estar casi seguro de que era correspondido.
Quería que ya
fuera su siguiente encuentro.
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