viernes, 4 de octubre de 2013

Realidad Capítulo 23




Capítulo 23 

«Acercándose al lobo»

Los amigos de Joshua constantemente lo habían estado cercando con una marcha firme. No retrocedían en quererlo integrar más. Elliot se sentía incómodo, pero seguía el ritmo impuesto por ellos. Para ese momento lo citaron a un bar ese fin de semana. Dijeron que  era un buen sitio, tranquilo y acogedor. Sería un buen momento para socializar. Se comprometió con algo que no quería hacer. 

El día ya había llegado y una de las  novias de ellos era quien lo había recogido para ir. La chica parecía emocionada con esa reunión, cómo si algo extraordinario fuese a pasar. Claro que no se equivocaba con eso. Iba a pasar por supuesto. 

— El bar es un tanto singular. — Elliot comentó sueltamente. 

— ¿No te gusta? 

— No es eso. 

Y es que cómo e iba a explicar que sitio era completamente diferente a como lo había propuesto. Sonaba un piano de fondo y a penas se entraba el bar estaba a media luz. Olía a canela. Cuando vio que todos los meseros estaban uniformados, se sintió aún más fuera de lugar. 

— Este bar es reservado  ¿Sabes? El hermano de mi novio es cliente frecuente de aquí y es quien nos ha hecho la reservación. De otra forma no habríamos podido entrar. 

— Ya veo. 

Elliot estaba aterrado por esa extravagancia innecesaria. ¿Reservación? ¿Bar reservado? ¿Qué carajos era todo eso? Después de que la chica prácticamente lo arrastrara hasta llegar a las mesas finales, pudo ver el motivo de la tan insistente y estrafalaria salida. 

— Misión cumplida. — la chica se burló mientras se sentaba al lado de su novio. 

Los ojos de Elliot estaban congelados viendo la cara pasmada de Joshua. Habían sido engañados para que establecieran buenas relaciones.  Se sentó. Bajó la mirada y respiraba profundo para relentecer los latidos de su corazón. Saltaba y se escondía, después se asomaba y volvía a huir, así estaba su corazón en ese momento. 

Joshua no estaba particularmente molesto por esa intervención innecesaria de sus amigos.  Se imaginaba algo así cuando de la nada prácticamente lo habían secuestrado. 

— Pues salúdalo ¿No? Elliot. 

— Ah… sí, claro. Hola Joshua. 

Sus ojos verdes estaban apagados y se reusaban a salir corriendo con el brillo del miedo. Su mirada opaca estaba fija en Joshua, pero como si viera a través de él. Después de la charla con su tío, ya no veía a Joshua igual. Podía verlo cómo mostraba sus dientes y pretendía atacarlo en cualquier momento. Seguía siendo ese pequeño lobo miedoso. 

No te haré nada, puedes quedarte tranquilo, pensó Elliot como queriendo comunicarse con él por otro medio que no fueran las palabras.  

— Bueno, disfrutemos esta velada.

Uno de los amigos de Joshua pasó sus brazos por detrás del espaldar de la silla. Comenzaron a hablar con los temas bien seleccionados. No iban a excluir a nadie. La idea era integrar, no disociar.  Pero Elliot por alguna razón se sentía más fuera de lugar que antes. Después de una hora, no pudo soportar más. Se excusó y se levantó de la mesa diciendo que iba a ir al baño. 

Respiró profundamente. El aire se había vuelto rancio. Puso su mano en su nuca y se sobó varias veces. Esto es agotador, en verdad ¿Qué están pensando esta partida de idiotas?, se dijo. Después de preguntar para llegar al baño, abrió la llave y se quedó con las manos bajo el agua un buen rato. Se miraba al espejo,  veía sus facciones desfiguradas por la incomodidad de su pecho.

No quiero más esto, conversó con la imagen. La figura reflejada solo daba muestra de la infinita desidia,  como queriendo decir «tú fuiste quien se metió en ese problema ¿Para qué me preguntas a mí?». El tiempo transcurrió mirándose al  espejo buscando respuestas. Se abrió la puerta y se respingó por la sorpresa. 

— ¿Te tragó el baño o qué? 

Joshua no muy amigable pareció haber ido a su búsqueda. 

— Ah, lo siento. — Tartamudeó y torpemente cerró la llave y buscó con qué secarse. 

— ¿Te importaría aunque sea aparentar un poco que quieres socializar? 

Los ojos de Elliot adquirieron un brillo especial aunque él no se hubiese dado cuenta. Se ilusionó con la idea de se hubiese preocupado un poco por él. 
 
— Lo siento. No es que no quiera socializar, es sólo que… 

Se detuvo antes de seguir hablando. ¿Qué quería decir? Que se sentía intranquilo estando ahí, cuando estaba viendo su verdadera forma. Podía ver las heridas del lobo y sabía que no estaba bien, aún así este se levantaba imponente como queriendo hacerle entender que no había posibilidad de que se le fuese a acercar.

— ¿Que qué? 

— Lo lamento. 

— No te estoy entendiendo ¿Qué quieres decir? 

— ¿Tú no tienes algo que quieras decir? 

— ¿Qué te odio tal vez? O quizás ¿Qué deberías alejarte de mis amigos?  Ya no sé de qué forma debo decírtelo. 

— Me odias… ya veo, es verdad no es posible que sea de otra forma. Está bien, dejaré de buscar a tus amigos. Dejaré de meterme en tu vida. 

Joshua se extrañó, por las palabras  y agregada la expresión de Elliot. Estaba haciendo una cara de tristeza incontrolable. No entendía por qué. Eso le hizo bajar la prevención y quedarse expectante a la siguiente acción. 

— ¿Qué pasa? 

— Nada. Lo siento, en verdad. No era mi intención, bueno, hacerte daño.

Los ojos verdes se fijaron en Joshua. 

— Me siento idiota diciendo esto. Perdón. Creo que es mejor dejar así. 

Escondió sus ojos en sus rayos rojos  y se abrió campo hacía la puerta. Joshua antes de pensar, su cuerpo detuvo a Elliot. Lo tomó del hombro y no le dejó avanzar. 

— ¿Qué te pasa? — estaba exaltado. — ¿Te has vuelto loco? ¿Qué pasa con ese cambió de actitud tan repentino? 

La boca de Elliot se selló y colocó su mano derecha en su hombro izquierdo y tomando la mano de Joshua la quitó de ahí. Se volteó tan sólo unos grados y con un rostro más serio, conectó sus miradas. 

— Es todo Joshua. Es cierto que mi terquedad y mi estupidez me trajeron hasta aquí, pero después de entender varias cosas, ya lo supe bien, no hay nada que yo pueda hacer para corregirte. Alégrate por quitarte a este sinapismo de encima.

Joshua claramente se vio confundido por toda esa declaración. Se estaba pareciendo a una escena en donde están terminando su relación o algo así. ¿Debía hacer algo para seguir con el guion? ¿Se le había olvidado leerlo? ¿Dónde estaban las cámaras? Se enrareció el ambiente. La pequeña figura de Elliot se le antojó más adulta. 

— Me alegra que lo hayas entendido, no hay nada que me haga cambiar. Ahora puedes simplemente desaparecer tan rápido como te metiste hasta aquí. 

Elliot sonrió pobremente. Estaba siendo seriamente herido por esas declaraciones, pero no podía odiarlo ni culparlo de nada. Estaba respondiendo cómo mejor podía en su condición. 

— Deja de mostrar los dientes. No voy a hacerte nada. 

Elliot se volteó y salió del baño,  creyendo que eso tenía que ser terminado de esa forma. Recordaba las palabras de su tío, Para ser feliz, tenía que ser lo mejor para ese alguien y ese alguien tiene que ser lo mejor para uno y en ese momento ninguna de las dos condiciones se cumplía.

Cuando fuera más consciente, era probable que pudiese tener las herramientas para sanar a Joshua o quizás, él ya en ese entonces hubiese encontrado a la cura de sus males.  Lo que pasara primero, sería perfecto para los dos. 

— Lamento tanto la espera. 

Elliot se dispuso y se abrió para disfrutar la última noche, haciendo parte de esa comarca que no era suya y a la que no debía pertenecer. 

***

Lo que sucedió después, Joshua no lo entendía. En verdad Elliot se había alejado completamente. Se sentía raro tan solo mirándolo desde lejos.  Lo estaba ignorando, pero cómo decirlo, era como si de repente, su existencia se hubiese vuelto aire. En verdad había desaparecido y sus amigos parecieron a volver a ser suyos, pero él ya no lo sentía tan natural. 

Se había acostumbrado en cierta forma a saber que algo no iba a estar saliendo bien, pero la tranquilidad que tenía por ya no haber interferencias, lo dejaba vacío. ¿Elliot cuántas veces intentó acercársele? ¿Cuántas veces lo rechazó?

Los restos de la figura de Elliot todavía nublaban su vista. Lo saludaba cuando se lo encontraba, Elliot respondía e inmediatamente se esfumaba como si todo fuese un ritual para la correcta exterminación de los demonios. No podía esperar nada distinto después de tal declaración. 

Esas palabras aún resonaban dentro de sí. Se había dado cuenta que no había forma de cambiarlo, eso lo dejó pensando qué era esa cosa tan mala que tenía en su actitud. Él debía estar equivocado. Sólo estaba haciendo lo que cualquier otra persona haría, conservar lo que le pertenecía. 

Había algo que no podía sacar y que estaba siendo desconocido por su racionalidad ¿Por qué estaba tan irritado por lo que había pasado en el baño? ¿Qué esperaba? ¿Qué quería? ¿Qué siguieran jugando al gato y al ratón? Algo había quedado sin lugar y sin base, eso se lo había llevado Elliot en ese momento. 

Cómo era posible que tuviese una actitud tan madura cuando hace tan solo un poco más de un mes, había estado llorando por sus papás. No lo entendía. Ese chico resultó ser un misterio de pies a cabeza. 

El hilo conductor de las ideas, se había se llevado lejos las soluciones y las preguntas resueltas. Ahora debía esperar que para sus incógnitas, las respuestas llegaran solas de nuevo. Se había olvidado completamente  de Matthew, Maurice, Collin y Jostein. Se había esfumado  de la misma forma que había hecho Elliot. Y es que ya no le importaba en nada eso, Su cabeza había sido consumida por otro tipo de reflexiones y aflicciones. 

Por eso mismo, no se dio cuenta de todo lo que después dio lugar a ocurrir. Maurice fue el primero en llamar a su puerta por atención. No quería escucharlo, quería estar solo, pero no pudo decirle «no». 

 Todo ha sido un completo desastre. Después de lo que le dije a Matthew, siento que cometí el peor error de todos. 

— Yo te lo había advertido hombre. 

— Lo sé, nada que pueda hacer ya. Matthew ahora se abrió más a mí, pero me tiene harto su línea divisoria de hasta dónde puedo ir yo ¿Qué soy? ¿Un perro con sarna que se debe evitar? 

— No seas exagerado. 

— Además, bueno, no sabía si debía contarte pero pasó algo raro. 

— ¿Qué?

— Hace ya varias semanas, alguien vino a buscarme. 

— Ya… ¿Y? 

— Yo no conocía a esa tipo. Era un chico bajo de cabello rojo y ondulado. Tenía ojos verdes. Me vino a preguntar por ti. 
 
Joshua abrió los ojos sorprendido y se acomodó en su asiento inclinándose hacía el frente. 

— ¡¿Qué?! ¡¿Qué te dijo?!

— No recuerdo cómo se llamaba, pero lo cierto es que dijo que era compañero tuyo. Vino a preguntarme sobre las cicatrices que tienes en la mano izquierda. Quería saber cómo te las hiciste.

Joshua se quedó de piedra. No había pensado que en realidad Elliot hubiese llegado a tanto sólo por saber que era lo que le había pasado. ¿Qué debía creer él? ¿Qué estaba utilizando eso cómo una forma de chantajearlo? No, ya todo se había acabado. 

— Como no lo conocía y no sabía qué era lo que quería, solo le dije que había sido un accidente y que eso ya había pasado cuando nos conocimos. 

— Te suena el nombre Elliot ¿Tal vez? 

— Sí, sí, así era que se llamaba. ¿Qué pasa con él? 

— Nada… ahora no pasa nada. 

Ahora de nuevo, aquella ficha perdida que se había llevado Elliot, parecía reclamar otra vez su lugar. ¿Qué era lo que se había llevado? Cubrió con la palma de su mano sus ojos. 

— Maurice ¿Puedo hacerte una pregunta? 

— ¿Qué pasó? 

— ¿Qué es lo que más odias de mi personalidad? 
 
— ¿A qué viene eso de repente?

— No lo sé, quizás me volví loco. Sólo dime. 

— Yo diría lo obsesivo y controlador.

¿Qué demonios era esa respuesta? ¿En serio había algo que estaba mal consigo mismo? No quiso escuchar nada más. De nuevo se hizo presente en su mente la cara de Elliot y las palabras dichas: «ya no hay nada que pueda hacer para corregirte».

El lobo lamiendo a los animalillos lastimados, le daban la respuesta que el humano ya le había declarado. Entonces en verdad si había estado haciendo algo mal. Por eso, ahora todos temían al lobo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Realidad Capítulo 22

Buenas y santas y muchas santas.
Les recomiendo que escuchen esta ópera mientras leen el capítulo.



Capítulo 22

«Wounds»

Ese sábado inesperadamente no tenía ningún plan por hacer. No era ya extraño salir todos los fines de semana, pero en ese no había nada que hacer. Por supuesto, había sido invitado a ir a una que otra fiesta, pero no estaba de ánimo. Cómo cosa extraña, estaba su tío en casa. Era un señor de lo más singular. Era periodista, pero no tenía nada de las características nobles de la profesión, en otras palabras, no era más que salir corriendo a cualquier evento, tomar unas cuantas fotos y escribir chismes.  

De fondo comenzó a escucharse una ópera. Bien, pues tenía ese tipo de gustos como la música clásica y las óperas. Se molestaba cada vez que escuchaba algo más moderno. Siempre decía «Elliot, lo que escuchas es basura.  Nunca podrías comparar esa ruido con un Vivaldi o con un Tchaikovsky ». Le daba risa la cierta intransigencia que tenía con todo lo que le gustaba. 

En ese momento los coros eran potentes y trasmitían una gran fuerza. No se sentía muy agradado con esa música, pero tampoco era algo que abominara. Su madre también era parecida, así que se acostumbró a aquellas cosas. 

— Tío, qué raro que estés aquí. 

— Oh Elliot, qué sorpresa ¿Hoy no sales? 

— No, a veces hasta a mí me dan ganas de ser hogareño. 

La sonrisa de su tío en respuesta no contenía ningún mensaje. Tampoco esperaba nada de vuelta.

— Estaba escuchando un poco de Handel ¿Quieres acompañarme? 

— No estaría mal. 

No es que quisiera realmente, pero en ese momento quería compartir tiempo con alguien que no estuviese relacionado con su tormenta mental. La verdad se estaba sintiendo muy triste. No sabía bien esa nostalgia de dónde salía; si era que extrañaba su casa o era que estaba desesperado con Joshua  o era que se estaba sintiendo muy solo. 

— Tío ¿Puedo preguntarte una cosa?

— Claro, dime. 

— Según tu criterio ¿Cuál es la mejor forma de ayudar a alguien?

— ¿Perdón? Ah… claro, pero antes ¿Qué tipo de problema tiene esa persona? 

— Bueno, digamos que esa persona es un tanto insegura  y por eso mismo es muy controladora con la gente que quiere. 

— ¿Y qué has hecho para ayudarlo? 

— Hizo cosas terribles a un amigo de él, así que yo…  bueno dije que iba a hacer lo mismo y últimamente he estado quitándole los amigos. 

Su tío encanó la ceja y acercó a sus labios la copa de vino que tenía. 

— ¿Tú qué opinas de eso? 

— No lo sé, por eso pregunto. 

— Para mí suena terrible lo que estás haciendo si soy sincero. 

— ¡Pero…! las circunstancias no me dejaron otra opción.

— Qué ingenuo eres Elliot. Pensemos más analíticamente, si dices que aquel es alguien inseguro y todo lo que haces dejarlo solo y sin apoyo ¿Cómo crees que se va a sentir esa persona? ¿Realmente crees que pensará que lo estás ayudando? 

— Yo sólo quería que sintiera lo mismo que le estaba haciendo a su amigo. 

— Elliot, las personas no aceptan los problemas de la misma forma. Todos pensamos diferentes y por eso mismo,  siempre deberíamos tomarnos el tiempo de conocerlos. Así que seguramente esa persona no sintió lo mismo que su amigo, solo se sintió atacado, desprotegido y vulnerado. 

Los ojos de Elliot se vidriaron. No sabía si era porque de por sí estaba nostálgico  o si las palabras de su tío habían sido demasiado duras, pero unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos. 

— Tío, me siento tan impotente. Por primera vez, en verdad me estoy preocupando por otra persona, pero lo estoy haciendo todo mal. 

Su acurrucó abrazando sus rodillas  y se puso a llorar silenciosamente. Estaba necesitando desahogar su corazón. 

— ¿Qué tengo que hacer para que las preguntas tengan respuesta? 

— Elliot, mira te voy a contar una historia  y tú interprétala como mejor te parezca.  Imagina que vas por un bosque, llevas solo la comida para ti y en el camino, ¡oh sorpresa! Te encuentras un pequeño lobo herido y escondido dentro de unos matorrales. Dado al miedo a volver a ser herido, ha lastimado a unos cuantos animales que se le han acercado. Tú te sorprendes y quieres ayudarlo, entonces lo que comienzas a hacer es a lanzarle piedras al lobo para que aprenda cómo se sintieron esos animales que lastimó.  ¿Qué te parece eso? 

— Terrible, en verdad terrible. 

— Exactamente eso estás haciendo Elliot. No puedes culpar a una persona por sus acciones, cuando no conoces sus razones. ¿Alguna vez te preguntaste por qué esa persona se siente tan insegura? ¿Por qué quiere cerciorarse de que nadie lo va abandonar?

— No lo sé, nunca lo pensé así. 

— ¿Sabes cuál es la forma correcta de ayudar a ese lobo?

— No. 

— ¿Qué te parece esto? Te quedas mirando a lobo que empieza a mostrar su dientes porque tiene miedo de que lo ataquen de nuevo. No tienes que moverte, sólo lentamente te sientas y te quedas mirándolo. El lobo eventualmente entiende que no quieres hacerle daño. Se empieza a acostumbrar a tu presencia y la cataloga como no dañina. Se relaja ante ti y ahí puedes empezar a acercar lentamente, sin perturbar la tranquilidad de lobo. Cuando esté a tu lado, lo tocas poco a poco hasta que entienda que no tiene nada que temer, para así poder sanar sus heridas, darle un poco de comer y luego de eso él ya no volverá a atacar a las demás criaturas porque sí,  ya que está curado, no tiene miedo de que lo hieran de nuevo y no verá a los demás como un enemigo ¿Entiendes lo que quiero decirte? 

Elliot estaba ahogado en su propio llanto. Había sido tan estúpido, tenía tanto que aprender. No había logrado nada, no había llegado a ningún lado con su actitud tan ruin. En ese momento entendió que la cicatriz de su mano, no era más que una señal de la herida de su corazón.  Las cosas con Joshua no eran tan sencillas como catalogarlo como un maniaco. 

—Tío, gracias. —No podía evitar gimotear. — En realidad soy un gran estúpido. 

— Para nada, sólo que es siempre difícil ver a la otras personas cuando por tus ojos solo te vez a ti. Cuando dejes de pensar en los otros como un camino a la autosatisfacción, en ese momento serás un verdadero apoyo para alguien. Recuerda esto Elliot, uno no puede estar con alguien y ser feliz, si no eres lo mejor para aquel y si ese aquel no es lo mejor para ti. 

Limpiaba sus lágrimas liberadoras. Quizás esa era una lección que debió aprender hace mucho tiempo. El egoísmo con el que fue criado. En ese momento comprendió que lo peor que pudieron hacer sus papás por él, fue darle todo. Él lo entendió tarde, si un hijo no entiende la lección del esfuerzo, si no entiende el significado de un «nuestro» en vez de «mío», no va a llegar muy lejos en la sociedad sin tropezar hasta sangrar. 

Se quedó llorando siendo acompañado de la voz de la mujer que con todas sus fuerzas llegaba a trasmitir las notas. En ese momento la música no se le tornó para nada molesta, hasta le pareció la más adecuada. Su tío parsimoniosamente de nuevo tomó otro sorbo de vino y le ofreció una copa a Elliot. Se quedaron escuchando la ópera y tomando vino hasta que se hizo tarde. 

***

Joshua estaba en su habitación la cual estaba toda oscura y sola, estaba viendo hacía el techo. Su madre de nuevo no estaba. No la extrañaba, pero  quería en ese momento alguien que lo reconfortara. Se sentía solo. Siempre sintió que era una persona no vista. En verdad se había esforzado por hacer notar su existencia y decirle al mundo que él hacía parte de él y que valía como cualquier otro. Pero lo único cierto es que para nadie resultó ser valiosa su existencia. 

Es muy difícil asumir, que no eres necesario o importarte para alguien. Eso hace parecer que tu existencia vale menos de lo poco que ya valía. Pocas cosas en la vida le habían dicho que valía la pena estar ahí. Se sintió reconocido cuando su mamá se divorció, pero para su desgracia  en ese instante ni su madre lo veía y cuando quiso hacerle frente a su papá, este ni notó que existía. Siempre luchó para verse reflejado en los ojos de él, pero todo fue inútil. 

Él nunca iba a ser la hija a la cual tanto amaba, ni tampoco iba a ser un verdadero apoyo para su madre. Si era sincero, en ese momento sintió que durante todo ese tiempo fue utilizado por su madre. Ella se sentía sola, cogió lo primero que se le cruzó y se dijo que con eso era suficiente. Eso había sido él en su vida. 
Ahora ya se le podía mirar de nuevo enaltecida con su nuevo amor y olvidándose de cualquier obligación con él.  En su mente, creía que ya no tenía un hijo al cual querer o al cual pedirle cuentas. Era más que frustrante toda esa situación. 

Un momento en el que se sintió realmente visto, fue cuando se accidentó la mano. Ahí sí todos corrieron, pudieron haberlo dejado morir, pero algo dentro de sí debió llevarlos a salvarlo, quizás era necesario de alguna forma. No lo sabía. 

Siempre tuvo esa personalidad tan extrovertida, para contrarrestar la tristeza y la soledad. Muchas veces odió existir, haber nacido y todavía tener que seguir gastando oxígeno, cuando realmente nunca le vio ningún beneficio a su existencia. No tenía ninguna meta que quisiera seguir  o cosa que le interesara hacer. No tenía ningún hobby, nada. Él sólo tenía la nada. 

Cuando se ve rodeado de gente, verse indispensable para ellas, se siente como dejando una semilla de su existencia en algún lado. Poder decir que en este lugar le necesitan es lo que le trae sosiego. Pero cabe aclarar, muchas de esas cosas son inconscientes. Él de vez en cuando se recrimina sus acciones, pero después de largo rato, vuelve y cae en el mismo juego.

Para él es como si la vida le reafirmara la constante necesidad de sentirse menospreciado. Se había compadecido tanto de sí mismo que llegaba al punto que quería llegar a las situaciones que le recordaran que no era más que un estorbo. Pero como ya había dicho, eso es algo inconsciente. 

La mente también se obsesiona con las sustancias que producen las emociones negativas, por tanto si tienes un circuito neuronal de tristeza, buscarás en todas las situaciones activar ese circuito. Al final, él reafirmaba que no existía, que no era necesario y que para hacerse notar, la vida del otro debía ser suya. 

En esos casos es tan difícil darse uno cuenta de qué está mal. La ética y la moral trabajan en conjunto a las creencias. Así que las necesidades abren el abanico de posibilidades y a ellos se acomoda las normas internas de la persona. 

La tristeza no se desaparecía y había aprendido a vivir con ella. En ese momento quería poder contar con que su madre por lo menos lo escuchara, pero en ese momento ya se había desobligado de él.
Qué aburrido estoy, le dijo a la nada. Volteándose de lado, cerró los ojos y se durmió.

martes, 1 de octubre de 2013

Pequeño comentario sobre Realidad



Buenas y santas y muchas tantas.

Después de pasar tanto tiempo teniendo que hacer las reformas del libreto de Realidad (Porque el caprichoso Matthew y Maurice así lo quisieron) me siento rara de pensar que la historia ya empieza a acabarse.

Siento que la historia no fue lo que esperaba, aún no sé si decir si fue mejor de lo que esperaba o peor, pero lo único que puedo decir es que fue mucho mas heteróclito de lo que tenía propuesto.

Cuando me senté a discutir con Matthew (esto suena raro, pero en general ese es el método que utilizo para saber la historia, como les he dicho varias veces antes, yo sólo soy una espectadora ellos tiene vida propia) él expresaba su opinión sobre lo que yo ya tenía pensando y me decía que de ninguna forma iba a seguir ese patrón, yo sólo bajé la cabeza, alcancé una hoja y escuché que era lo que iba a suceder, de igual forma en ese instante entró Maurice y fue igual diciendo que era lo que estaba destinado a pasar. Después me puse a leer la hoja y quedé maravillada, es un universo que me ha entregado muchas cosas y me ha puesto a prueba muchas veces, quizás por eso es que lo quiero tanto y me es tan difícil ignorarlo.

Por supuesto Elliot también participó, fue más tímido de lo que se cree, de hecho él no dio sugerencias sólo se la pasaba preguntando "¿Estás segura que lo que estoy haciendo está bien?" y cosas por él estilo.

En fin, esta era solo una nota para expresar la cierta melancolía que tengo por todo este universo que empieza a cerrarse y a concluirse.

Será difícil decirles adiós a este universo, pero él mismo ya sabe que es la hora de empezar a acabarse.

Gracias por su atención.